El PSC prepara su campaña más difícil

  • Los socialistas catalanes elaborarán un programa electoral realista ante la crisis política, económica e institucional

Ni la bendición que el Papa dará al presidente José Montilla en su visita de noviembre servirá para suavizar la campaña más difícil que el PSC tiene por delante, las catalanas de otoño, inmerso el país en una crisis económica, con huelga general a la vista y con el Estatut recortado por el Tribunal Constitucional.

A todo esto se añade la nueva dimensión que toma el caso Palau, que ha salpicado al conseller de Economía, el socialista Antoni Castells, que ha tenido que declarar como testigo ante el juez instructor por una operación de recalificación hotelera, en un contexto político de acusaciones cruzadas entre todos los partidos por éste y otros asuntos, como el caso Pretoria.

El presidente catalán ha llegado a preguntarse, en alusión en este caso a la sentencia del Tribunal Constitucional, "si podremos aguantar una triple crisis política, económica e institucional".

También podría haberse dirigido a los sindicatos, que saldrán a la calle el próximo 29 de septiembre en contra de las medidas económicas del Gobierno, y también de la Generalitat, pocas semanas antes de unas elecciones autonómicas cuya fecha Montilla aún debe de determinar, pero que todo apunta a que se celebrarán un domingo de entre finales de octubre y el mes noviembre.

El nuevo valor del PSC para dirigir la campaña "más difícil", según los dirigentes socialistas, es Jaume Collboni, forjado precisamente en el sindicalismo de la UGT de Cataluña y que asume en su discurso, a regañadientes, la necesidad de unas medidas de ajuste que los mercados y la Unión Europea están forzando.

Será difícil que los dirigentes socialistas vuelvan a criticar a CiU y a su líder, Artur Mas, por apostar por el abaratamiento del despido, cuando el ministro de Trabajo y miembro de la ejecutiva del PSC, Celestino Corbacho, se ve obligado a alabar la responsabilidad de CiU en el necesario cortejo parlamentario para que la federación apoye una reforma laboral que precisamente abarata el despido.

En el PSC también se asume que José Luis Rodríguez Zapatero, tras el decreto de ajustes forzado por la crisis internacional, ya no vende como antes en el territorio, aunque se cree que sigue siendo un referente para el sólido votante socialista del cinturón industrial de Barcelona, una zona muy diezmada por el desempleo.

Al PSC le queda, según diferentes dirigentes consultados, la imagen de seriedad y responsabilidad que transmite su candidato, José Montilla, que afronta esta dura campaña en ciernes con un techo electoral ya muy bajo, puesto que en las últimas elecciones catalanas obtuvo el peor resultado del PSC en el Parlament, en donde cuenta con 37 de los 135 escaños.

El PSC, que siempre ha exhibido estar al quite de la crisis desde el primer momento, se apresta a confeccionar un programa electoral realista con la situación y, así el pasado día 17 aprobó un documento marco que servirá de base de lo que será uno de los principales lemas de campaña: hay que aplicar ajustes al Estado del bienestar para asegurar su supervivencia, frente a una derecha (CiU y PP) que ve ante sí una "coartada" para eliminar avances sociales.

Habrá que ver qué promesas concretas harán el PSC al electorado, y el resto de formaciones políticas catalanas, en un momento en el que han caído en picado los ingresos de la Generalitat y se inicia un ciclo de subidas de impuestos para mitigarlo.

Hay veteranos dirigentes del PSC que se lo toman con humor y recuerdan la ley de Murphy, aquella que dice que siempre todo es susceptible de empeorar.

Sólo queda apelar a la bendición del Papa, máximo representante de una institución, la Iglesia Católica, con la que Montilla tiene una excelente relación. Vistas las encuestas, hay quien apela a un milagro.

Es, sin duda, la campaña más difícil del PSC.

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