Patriotas o mentirosos

CUANDO en mayo de 2010 el primer mandatario de EEUU, Barack Obama, la UE, el BCE y el FMI urgieron a España a que tomara medidas para atajar el importante déficit público que acumulaba, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reaccionó obedeciendo de inmediato. A contrapelo del programa que le permitió ganar los comicios de 2008 y de sus propios principios, llevó al Congreso de los Diputados el ajuste más severo desde la restauración democrática, con una rebaja del salario de los empleados públicos de un 5% y la congelación de las pensiones. A duras penas -por un único voto de margen-, con el discurso de "cueste lo que cueste, me cueste lo que me cueste", sacó adelante un tajo de unos 15.000 millones de euros a las cuentas públicas. En aquella ocasión, CiU, con su abstención, evitó la catástrofe política que el PP buscó con ahínco al votar en contra de un recorte que perseguía reducir el gasto público para evitar el rescate de la UE y el FMI que Grecia ya había sufrido.

Aquellas medidas y otras que siguieron después fueron bautizadas desde el PP como ocurrencias o improvisaciones de ZP. A algunos de sus escribanos más notables se les podía leer parrafadas en este sentido: "El pueblo español se ha dado cuenta de que José Luis Rodríguez Zapatero no sirve para gobernar (…) Sus ocurrencias, sus frivolidades, sus ligerezas, sus contradicciones, su falta de preparación y competencia han penetrado ya en la ciudadanía que grita en los más diversos lugares: ¡Zapatero, embustero; Zapatero, dimisión!"

Pues bien, tras el ajuste y la subida de impuestos que el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó el pasado viernes -curiosamente, por importe de 15.000 millones de euros (8.900 millones de recorte y 6.200 millones de más por vía impositiva)-, no estamos ante una improvisación, sino que nos hallamos ante un acto de responsabilidad, en un episodio de patriotismo económico excelso. Los dos puntos de más de déficit público que estimativamente empeora la herencia socialista de una España en ruina económica y social (la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, dixit en una versión mitinera posterior) exigía tal fervor.

Pero quizás no sea ni tanto ni tan calvo. Si aplicamos la navaja de Ockham podríamos concluir que tanto ZP como Rajoy actuaron movidos por el principio de responsabilidad y que las ocurrencias y las improvisaciones forman parte del ADN de esta crisis y no del nivel de competencia de ambos. Y, como el susodicho principio no es infalible, podríamos convenir, rizando algo el rizo, que el error más grave que cometió el leonés -quizás también marró en el diagnóstico- es legislar en contra de sus convicciones con medidas de corte neoliberal, tomar decisiones en contra de los compromisos que adquirió con los ciudadanos que le votaron en 2008.

Algo parecido le está ocurriendo ya a Rajoy, que, en unas cuantas semanas, ha roto el compromiso que adquirió con su electorado de no subir los impuestos.

Lo dicho, dejando en la gatera algo de calidad democrática, mejor pensar que estamos ante un presidente patriota y responsable y no ante un presidente "mentiroso compulsivo y sin remedio" como loaron la vida y obra de Rodríguez Zapatero los exégetas más populares.

de San Jerónimo

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