Rajoy advierte a Mas que no le permitirá "violentar la ley"

  • El presidente del Gobierno señala a Cataluña y a "la subasta de ocurrencias" como los riesgos que amenazan la recuperación económica.

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Mariano Rajoy ha encauzado la legislatura, el viento cambió de rumbo en febrero de 2014 cuando el registro interanual de paro le dio el primer respiro después de la tormenta perfecta, una conjunción de elementos que situaron al país al borde de la quiebra, España crecerá este año algunas décimas por encima del 3%, el mayor incremento de los países del euro, pero al presidente le quedan sólo cuatro meses para convencer a los votantes de que este balance es, ciertamente, positivo y que merece otros cuatro años. El presidente esbozó ayer en Sevilla el relato de lo que será su campaña electoral, en el que es tan importante el resultado de lo ocurrido tras estos cuatro años de crisis como las amenazas que ve en el futuro, y que son básicamente dos: Cataluña y lo que llamó "la subasta o concurso de ocurrencias", una advertencia tanto al PSOE como a Podemos. O a una posible coalición entre ambos. "Es importante tener claro con quién conviene pactar y con quién no conviene pactar", señaló Rajoy, que envió este recado a Artur Mas, el impulsor del desafío independentista de Cataluña: "En España la ley se va a cumplir y no vamos a permitir que alguien la violente". "Fuera de la ley, nada es posible", remató el presidente, que de momento centra toda la estrategia contra la independencia en la batalla de la legalidad.

Rajoy volvió al club Antares de Sevilla a hablar del país; lo hizo hace un año, el 15 de julio de 2014, y regresará en el verano de 2015 en "la misma condición"; es decir, como presidente del Gobierno, aunque para ello debe ganar las elecciones generales e impedir la posible coalición que en el PP dan por segura entre el PSOE y Podemos. Aceptó la invitación del presidente de la Fundación Cámara de Sevilla, Francisco Herrero, hace un año para regresar a la ciudad y hacer balance, y volverá a ello en 2015. Las conferencias de los presidentes de Gobierno en este tipo de instituciones suelen ser, por lo general, o faenas de aliños o un popurrí de ideas ya machacadas que ordenan los asesores para ser pronunciadas como un ventrílocuo. La de ayer se la preparó, su relato de estos cuatro años estaba bien construido, ordenado, fue coherente y anuncia un final feliz. Cuando acabe la legislatura, España habrá creado 900.000 empleos, y Rajoy confía en que en el próximo mandato se pueden seguir generando medio millón de empleos al año, que sumarían los dos millones que España necesita para tener 20 millones de empleados, ése es el objetivo, una cifra que asegura las pensiones, el pago de la deuda y la recuperación de los servicios públicos. Pero España, a juicio del presidente, afronta tres problemas: Cataluña, Grecia y las "ocurrencias" de las "ecotasas, tasas turísticas, moratorias hoteleras" y algunas medidas más que están protagonizando algunos ayuntamientos gobernados por las marcas blancas de Podemos con el apoyo del PSOE y que Rajoy entiende como un avance de un futuro Gobierno nacional de izquierdas.

Sobre Cataluña, el mensaje del presidente sigue siendo el de la defensa de la legalidad constitucional y, aunque no desgranó qué medidas puede adoptar, sí advirtió que el Estado lo impedirá. "Voy a defender lo que lleva siglos unido", señaló. "Voy a defender -insistió- la unidad, la soberanía de todos los españoles, la igualdad, la solidaridad, los derechos fundamentales y, en definitiva, el núcleo de la Constitución del 78". De momento, el presidente se queda ahí. Defendió lo mismo ante la convocatoria del referéndum por la independencia que terminó en una consulta sin consecuencias jurídicopolíticas, pero que consiguió poner las urnas en los colegios. No hay ningún tipo de negociación, pues, con quien ya ha clamado que no hay marcha atrás hacia la independencias en una elección que desea convertir en un plebiscito.

Segunda amenaza, muy relacionada con la tercera: los pactos, el cambio de Gobierno y la enseñanza de griega. La aventura de Tsipras es el epílogo del relato de Rajoy, qué sucede cuando un pueblo atiende a "los cantos de sirena". "Es un disparate", según Rajoy, "un mensaje que no es bueno para España" anunciar que si gana el PSOE, o Podemos, o ambos, se derogarán las reformas estructurales, la laboral o la Lomce, aunque la de Educación parece herida de muerte por la desafección que también ha creado en las comunidades autónomas del PP. El ejemplo también es el del Ayuntamiento de Barcelona, que acaba de anunciar una moratoria hotelera, es a eso a lo que se refiere cuando habla de "subasta de ocurrencia", un término que lleva claramente a las últimas medidas del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que más bien parecieron manotazos de ahogados en una nave que no conseguía enderezar el rumbo.

Rajoy se comprometió ante los empresarios a una tercera oleada de bajada de impuestos. Ha bajado dos veces el IRPF en menos de un año, ahora descenderá el impuesto de sociedades y ayer aseguró que, si la recaudación lo permitía, volvería a aprobar otra disminución. Según sus cálculos, la bajada de tipos ha puesto 1.055 millones de euros en manos de los bolsillos de los andaluces a razón de 324 euros por contribuyente en un año. Eso será si logra gobernar, claro, si logra superar el examen de las generales y la posible alianza del PSOE. "Vamos en la buena dirección, no me voy a apuntar a las genialidades ni a las ocurrencias, no esperen eso de mí", repitió, es su mantra. En julio de 2015 volverá. O no, que diría él mismo.

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