Razón y grandeza

LOS Presupuestos Generales del Estado para 2009 iniciaron ayer la tramitación en el Congreso con pocas sorpresas. Con su aprobación garantizada gracias al apoyo del PNV y el BNG, el vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes, dedicó más tiempo a subrayar la coyuntura económica que a las cuentas públicas en sí.

No defraudó a nadie: para sus compañeros resultó muy sólido en su diagnóstico y en su propuesta, y para la oposición, un auténtico ladrillo, tal como vociferó el ex diputado popular Vicente Martínez-Pujante en el patio de la Cámara Baja.

Bien mirado, casi viene a ser lo mismo, sobre todo si se tiene en cuenta que el veterano economista socialista, a estas alturas de su vida personal y profesional, sabe que la encrucijada no está para ambigüedades. Por ello, habló alto y claro, y describió todas las caídas previsibles -la recaudación, un 6,3%, y el Impuesto de Sociedades, un 15,1%, entre otros- que fijaran un escenario en 2009 poco favorable, sobre todo en el primer trimestre.

El líder de la oposición, Mariano Rajoy, con su portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, como avanzadilla insistiendo en que los Presupuestos son los del "paro y del déficit para todos y de tajada para unos pocos", abundó en que éstos "escamotean la verdad de la crisis" y en que se medirán en términos de empleo.

Al presidente del PP no le falta razón en muchos de sus planteamientos críticos, especialmente los que destacan los fallos de diagnóstico cometidos por el Gobierno y los que apuntan que los 150.000 millones de euros aprobados para inyectar liquidez al sistema financiera no paliarán la crisis en la economía real, que supondrá un nuevo crecimiento del paro. La segunda oleada, pronosticada por el comisario económico de la UE, Joaquín Almunia, parece inevitable.

Pero a Rajoy, como ya le ocurriera en la legislatura pasada con otros asuntos que podrían calificarse de Estado -especialmente significativo fue su patinazo en el debate tras el atentado de ETA al aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas-, le ha vuelto a faltar grandeza.

Sin ella difícilmente superará al PSOE en las encuestas. Ante una crisis económica que aún no se sabe muy bien si ha tocado fondo, y que afecta a la inmensa mayoría de los españoles, el presidente del PP debió de mostrar un mayor grado de colaboración con el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero en materia presupuestaria, aunque sólo fuera para evitar que unos pocos sacaran tajada.

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