Rubalcaba, el 'gran hermano' de los servicios secretos

  • El escritor y experto en espionaje Fernando Rueda define al vicepresidente como la persona "que controla a todos los fontaneros que se mueven en las alcantarillas del poder".

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El vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, es la persona "que controla a todos los fontaneros que se mueven en las alcantarillas del poder", lo que "nunca había ocurrido antes en la historia de España", afirma el escritor y experto en espionaje Fernando Rueda.

"Como ministro del Interior controla los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil, y como vicepresidente del Gobierno para asuntos políticos Rubalcaba es el máximo responsable del Centro Nacional de Inteligencia (CNI)", dice Rueda. Esta situación "lleva sin duda a algo que Felipe González evitó durante su mandato. A González le presionaron para que tuviera un solo servicio secreto, que agrupara a toda la inteligencia española. Finalmente se mantuvo esa separación, para evitar manipulaciones desde el poder", refiere Rueda.

Este periodista de investigación y profesor universitario acaba de publicar Las alcantarillas del poder (La esfera de los libros), sobre las cien operaciones de los servicios secretos españoles "que marcaron sus últimos 35 años de historia", como reza su subtítulo. En su libro, Rueda recupera episodios de la historia del Cesid, antecesor del CNI, se narra la evolución de los actuales servicios de inteligencia y se descubren muchos de los secretos que han marcado el devenir de este país desde la muerte de Franco en 1975.

Entre los sucesos más luctuosos en los que estuvieron implicados esos servicios secretos, y que cuenta Rueda en su libro, aparece el espionaje a las más altas figuras del Parlamento y el Estado, del que ni el rey Juan Carlos se libró, o la presunta participación del Cesid en el intento de golpe de Estado del 23-F. Se narra también la intervención de los espías españoles en la lucha contra ETA, con chapuzas como el espionaje a Herri Batasuna en 1998, "operación en la que fueron pillados in fraganti", dice Rueda, o su pugna para quitarse de encima a la CIA en los años ochenta, tras la llegada al poder del PSOE.

Rueda indica que, "cuando Franco consigue la ayuda americana con la apertura de bases de las fuerzas armadas estadounidenses, de alguna manera el dictador vende España a la CIA y ésta hizo lo que le dio la gana durante la mayor parte del mandato de Franco". A su muerte, y con los primeros pasos hacia la democracia, "la CIA estaba pagando a miembros del servicio de contrainteligencia un sobresueldo y todo el mundo lo sabía", añade. "Cuando se libera de esa tutela -subraya- es cuando empieza la verdadera historia de la inteligencia española" y esto ocurrió en 1986, cuando el intento de espiar a Alfonso Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno de Felipe González y segundo hombre fuerte del país, acabó con la expulsión de toda la estación de la CIA en España.

Ya a la llegada al poder del PSOE en 1982, los estadounidenses habían intentado instalar, infructuosamente, micrófonos a González en La Moncloa, en la creencia de que "España podría seguir siendo su república bananera", afirma el autor de La Casa y director del diario web El Reservado. Esas espinosas relaciones con la CIA, relata el periodista, han cambiado totalmente y hoy día es notable la cooperación de ambos servicios de inteligencia en ámbitos como la lucha contra el terrorismo o en despliegues internacionales como el de Afganistán.

Pero no todas son críticas en Las alcantarillas del poder, como reitera Rueda. "Este libro me ha llevado a defender el trabajo del CNI más de lo que había hecho en 18 años. Se ha dicho que son espías de Mortadelo y Filemón, que son unos chapuceros, sin embargo, yo mismo, a la hora de elaborar el libro, me di cuenta de la seriedad que impregna la mayor parte de su trabajo". Entre tales aciertos incluye la importante apertura del servicio secreto a los civiles, la creciente incorporación de mujeres, su destacado nivel tecnológico y la mayor preparación de los agentes. "La inteligencia humana sigue siendo fundamental en este trabajo. Todavía no hay sustitución de la misma", concluye Rueda.

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