Señora secretaria general

  • María Dolores de Cospedal está dispuesta a demostrar que puede llevar adelante la coordinación del partido y la Presidencia de Castilla-La Mancha a base de tenacidad, coraje y capacidad de decisión

SE ha comprado una casa en Toledo, lo que nunca hizo su antecesor Barreda, que vivió en Madrid durante los años en que fue presidente de Castilla-La Mancha. Mientras llega el momento del traslado, María Dolores de Cospedal ocupa la residencia del palacio de Fuensalida, situada en la misma planta de su despacho. Allí vive con su marido y con su hijo, al que procura llevar o recoger en el colegio, aunque no siempre puede a pesar de que está muy cerca. Eso sí, desayuna con él, tiene que estar muy complicada la agenda oficial para que falte a esa cita.

Nadie apostaba un duro por la continuidad de De Cospedal en la Secretaría General al ocupar su puesto de presidenta manchega. Pero le ha demostrado a Rajoy que puede compaginar los dos cargos y hace aproximadamente un mes el presidente del partido y presidente del Gobierno le adelantó que contaba con ella para seguir en la secretaría.

Rajoy pensaba en facilitarle el trabajo con un coordinador, pero De Cospedal pensó que eso sería un foco de problemas, de desencuentros. Rajoy había pensado en González Pons para ese cargo y así se lo había insinuado al todavía vicesecretario general y portavoz del partido pero De Cospedal le llamó para decirle que no consideraba conveniente tener un coordinador porque ella estaba convencida de que podía mantener perfectamente sus responsabilidades de presidenta manchega con la Secretaría General. De hecho, viaja prácticamente a diario a Madrid, a su despacho de la calle Génova, y para tapar la boca a quienes miran con lupa su actividad de partido, dedica más horas que nunca a su trabajo de Gobierno y no hay semana en la que no viaje a un par de provincias de su comunidad. ¿Cómo lo hace, de dónde saca tiempo? Cualquier mujer podría responder a esa pregunta: los días de una mujer que suma su trabajo en casa al trabajo fuera de casa, superan en mucho las veinticuatro horas.

De Cospedal es ambiciosa. Como cualquier hombre o mujer que se dedica a la política. Le gusta controlar todo. Como a cualquier hombre o mujer que dirige una empresa. Se lleva regular con quien pretende segarle la hierba bajo los pies. Como cualquier hombre o mujer al que le ponen zancadillas. Pero por el cargo que ocupa, número dos del partido que gobierna y además número uno de Castilla-La Mancha, le adjudican excesiva dureza, excesivo personalismo y excesivo empeño en imponer su criterio. Por ejemplo, por La Mancha hay quien intenta meterle el dedo criticando la excesiva exposición pública de su marido: jamás se han contado las ocasiones en las que las esposas de los dirigentes políticos aparecen junto a sus maridos.

De las mujeres poderosas -Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher- se decía que "los tenían bien puestos". Sin compararla con esas primeras ministras que hicieron historia, se puede decir que lo que elogian de De Cospedal sus compañeros son los atributos que generalmente se adjudican al género masculino: la tenacidad, el coraje, la capacidad de decisión, implacable con quien le planta cara, la energía con que encara los problemas. De hecho le adjudicaron el papel de poli mala ante problemas como el que planteó Camps al empecinarse en defender y mantener a Ricardo Costa, o el que provocó un Bárcenas que se negaba a dimitir, o el que se produjo en Asturias cuando Cascos quiso imponer su criterio ante unos dirigentes regionales que utilizaban el partido a conveniencia. De Cospedal dio la razón a los mandos provinciales y el resultado fue el previsible, que Cascos ganó las elecciones. Pero a continuación fue implacable: desplazó a Gabino de Lorenzo de la Alcaldía de Oviedo y le dio una salida digna con la delegación de Gobierno; y a continuación fulminó a la cúpula del partido y la obligó a aceptar una presidenta regional y candidata al Principado a la que detestaban, pero que representa lo que De Cospedal -y por supuesto Rajoy- quieren que represen te el PP e n la sociedad.

Va de frente, como Esperanza Aguirre, una de sus principales valedoras y gran amiga, con la que ha mantenido conversaciones difíciles precisamente porque las dos van de frente y se dicen las cosas a la cara. Con Javier Arenas las relaciones son más fluidas de lo que se dice porque a los dos les interesa que lo sean, pero no son amigos entrañables. Se lleva muy bien con Soraya Sáenz de Santamaría aunque al principio de ser elegidas secretaria general y portavoz parlamentaria las dos parecían estudiarse, medirse, ver a dónde llegaban las competencias de la otra. Hoy hablan muy a menudo porque son las responsables directas de la coordinación entre el partido y el Gobierno.

Tiene la confianza absoluta de Rajoy, lo sabe todo el mundo. Pero lo que quizá no sabe todo el mundo es que antes del congreso de Valencia y antes de que se supiera que Rajoy la tenía en mente para ocupar la Secretaría General, dos personas distintas de la disidencia le propusieron ser candidata a la Presidencia del Partido. Dijo que no, firme y tajantemente. Es persona de lealtad inquebrantable a quien considera que debe ser leal. E implacable con quien puede hacer daño a quien le importa o a lo que le importa, su familia, sus amigos, su partido. Seguirá como secretaria general porque lo quiere Rajoy, porque ella está de acuerdo y también, quizá, porque quiere demostrar que una mujer puede asumir dos responsabilidades importantes sobre sus hombros.

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