La cuerda en casa del ahorcado

POCOS días después de que el comité federal del PSOE arropara sin fisuras la propuesta del Gobierno de prolongar progresivamente la edad de jubilación hasta los 67 años, el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, recomendó públicamente al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero que, una vez agotada la presidencia española de la UE, haga una remodelación "importante" de su Ejecutivo. En concreto, le propuso que configure un "Gabinete más reducido" orientado a "combatir aquello que preocupa a los ciudadanos". A su juicio, de esta forma establecería una "inflexión, un signo inequívocamente claro de que se quiere recuperar terreno y dar respuesta".

Después de que la guardia pretoriana de Rodríguez Zapatero, con el portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados, José Antonio Alonso, a la cabeza, se mostrara sorprendida por estas manifestaciones, Barreda replicó ayer que él era "leal" a fuer de ser "sincero", y sólo logró que Gaspar Zarrías debutara como secretario de Política Institucional y Política Autonómica llamándole al orden.

El pecado de Barreda no ha sido otro que nombrar la cuerda en la casa del ahorcado. La recomendación del presidente castellano-manchego no es ningún disparate; de hecho, es compartida por muchos barones socialistas, que achacan el retroceso electoral que está sufriendo el PSOE a la mala gestión de la crisis que está haciendo un Gobierno descoordinado y sin pegada política, que va con el paso cambiado desde que Rodríguez Zapatero se empeñó en llamar desaceleración a la brutal recesión que sigue sufriendo la economía española, con 4,3 millones de parados y un déficit del 11,4%.

Para paliar esta situación y también en clave sucesoria, desde hace algún tiempo existe un clamor entre los barones a favor de que el presidente del Gobierno sitúe cuanto antes al actual ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, como portavoz del Ejecutivo y vicepresidente primero.

Sin embargo, en condiciones normales, esta recomendación la debió formular Barreda en el seno del Comité Federal celebrado el pasado fin de semana en Madrid, con Rodríguez Zapatero flanqueado por José Blanco y Manuel Chaves. Pero no pudo porque tocaba apoyar de nuevo incondicionalmente al líder, que llevó, en esta ocasión, la reforma del sistema de pensiones, una nueva ocurrencia, a largo plazo y marca de la casa, para demostrar que el Gobierno también está dispuesto a poner en marcha reformas estructurales que le hagan recuperar la iniciativa perdida.

Entre que el orden del día era el que marcaba la actualidad y entre que se trasladó que el debate sucesorio estaba zanjado (y prohibido), Barreda no pudo decirle a Rodríguez Zapatero lo que días después le recomendó públicamente a través de una emisora de radio. Pero no fue el único que tuvo que morderse la lengua. El aclamado lehendakari socialista, Patxi López, ni siquiera intervino (y se marchó a la francesa), cuando el primer turno de palabra en este tipo de citas ha sido tradicionalmente para el máximo representante del PSE-PSOE. Probablemente, no tomó la palabra porque corría el grave riesgo de engrosar en lista de quintacolumnistas por defender las mismas tesis que el presidente castellano-manchego, o porque podía ser tomado por un melancólico de aquellos comités electorales en los que se practicaba la autocrítica en presencia del mismísimo dios (number one) del socialismo español más que el batir de palmas a la búlgara ante ZP.

Con todo, tras una intervención brillante y pedagógica sobre la reforma de las pensiones, un "tal Griñán", arquitecto del Pacto de Toledo, presidente de la Junta de Andalucía y futuro secretario general del PSOE-A para más señas, aprovechó la ocasión que le ofreció la renuncia de López para, sin salirse del tiesto y sin molestar a Rodríguez Zapatero, poner una pica en Ferraz después de haber acreditado trienios y de haber demostrado que sabía de qué estaba hablando. En fin, recordó a los presentes que el PSOE era un partido de ideas y valores y no de creencias y actos de fe. Habrá que esperar al siguiente Comité Federal para saber si Rodríguez Zapatero y los suyos entendieron el mensaje de Griñán, y si, a través de él, son capaces de recuperar el sentido de la realidad al que sólo se llega con un ejercicio permanente de autocrítica. Así, la próxima vez, Barreda podrá repetir lo dijo sin que nadie se rasgue las vestiduras.

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