Contra el desafío independentista

  • A fondo. El entorno de Rajoy asegura que el presidente no está dejando ningún cabo suelto y que lleva mucho tiempo concentrado en empujar al fracaso a Mas y a sus aliados.

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RAJOY no lleva meses preparando la respuesta al desafío independentista de Artur Mas, sino toda la legislatura. Probablemente la fecha se podría marcar mucho antes. Un par de días antes del atentado de Atocha que conmocionó a todos los españoles y con toda seguridad incidió en el resultado de las elecciones que se celebraban inmediatamente después, esta periodista regresaba a Madrid en el avión de Rajoy, tras un mitin en Valencia. Al preguntarle por los sondeos que manejaba, respondió que le daban seguro ganador pero sin garantizar la mayoría absoluta. Ante mi respuesta de que prefería gobiernos "sin rodillo", obligados a pactar, dijo Rajoy que él en cambio buscaba la mayoría absoluta porque tenía la convicción de que los nacionalistas catalanes iban a impulsar la independencia en esa legislatura, y necesitaba estar muy fuerte, muy sólido en el Gobierno, para plantarles cara.

Ganó Zapatero, y Rajoy siempre ha creído que el punto más controvertido del presidente socialista, con el que nunca tuvo una buena relación, fue que había cedido excesivamente ante Artur Mas y su nuevo Estatut, que para Rajoy es el origen de todos los males actuales.

No puede sorprender por tanto que a pesar de haber dado prioridad a la economía, como se ha cansado de repetir cuando se le echa en cara que apenas se ha ocupado de las cuestiones más sociales, Rajoy haya estado siempre pendiente de lo que ocurría en Cataluña. Desde el inicio de su mandato encargó a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría que coordinara a quienes debían analizar en profundidad el problema del independentismo catalán y buscar la salida legal que debía plantear el Gobierno.

Entre quienes han trabajado en esa cuestión se encuentran expertos constitucionalistas, ministros a los que corresponderían tomar decisiones si Mas sigue empeñado en declarar la independencia -Interior, Defensa, administraciones públicas, Justicia…- y destacados miembros del partido o de la Administración del Estado. Cospedal y Arenas desde hace años, así como el secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, que además es diputado por Barcelona. Y a ese trabajo se han sumado las últimas semanas los nuevos vicesecretarios generales del partido, Maroto, Levy y Casado, con los que Rajoy mantuvo una reunión el pasado lunes -ha establecido reuniones semanales con su nuevo equipo de dirección- dedicado casi en exclusividad a la cuestión catalana.

En esa reunión, por cierto, se abordó la candidatura del PP a la Presidencia de la Generalitat, un asunto no menor, pues ese candidato será la voz del PP, y quien lleve la iniciativa desde la oposición, frente a quien pueda convertirse en el president, que podría no ser Mas si se confirman los sondeos. En cualquier caso, aunque pierda la lista independentista, el PP necesita una persona sólida que defienda la posición del partido.

En esa reunión hubo elogios para Alicia Sánchez-Camacho por su coraje al defender la españolidad de Cataluña en un ambiente hostil. Pero sin que se tomara una decisión sobre su relevo, sí se analizaron otros nombres de posibles cabezas de lista: el actual presidente del PP en Tarragona Alejandro Fernández, el ex alcalde de Badalona Xavier García Albiol y el portavoz en el parlamento catalán Enric Millo.

Además de la coordinación que ha realizado Sáenz de Santamaría con distintos cargos y expertos, de donde ha salido una serie de consideraciones relacionadas con la forma en que se podría responder al independentismo en función de las decisiones que tome Mas, Rajoy ha intentado primero dialogar con éste, con el que mantenía una relación aceptable cuando Rajoy estaba en la oposición y, después, en sus primeros meses de Gobierno. Todo se vino abajo cuando Mas no sólo se empeñó en mantener su línea independentista sino que tomó decisiones anticonstitucionales e ilegales. Rajoy estrechó vínculos entonces con el líder de la oposición, el socialistas Alfredo Pérez Rubalcaba, con el que ha coincidido en las llamadas cuestiones de Estado. Esa comunicación no ha funcionado con Pedro Sánchez, y mucho menos desde que el dirigente socialista ha permitido que Podemos se haga con importantes alcaldías o no ha querido que sus concejales y parlamentarios impidieran con su voto en contra que Bildu entrara con fuerza en las instituciones navarras.

Por tanto, Rajoy siente que debe enfrentarse a Mas en solitario. Curiosamente tiene una buena interlocución con Felipe González, con el que hay puntos de encuentro respecto a cómo tratar el desafío independentista, y Sáenz de Santamaría mantiene un diálogo fluido con Josep Antoni Durán i Lleida, con el que también habla Rajoy en algunas ocasiones.

¿Cuál va a ser entonces la respuesta? El Gobierno, o los miembros del Gobierno que están en el secreto, no sueltan prenda y es lógico que no lo hagan. Pero sí hay un dato en el que coinciden distintas personas consultadas: en las muchas reuniones mantenidas nunca se ha hablado de la suspensión de la autonomía, que es un asunto sobre el que se habla constantemente estos días y, para apoyarla, se dice que "está recogida en el artículo 155 de la Constitución". No es cierto, no está recogida, pero el texto abre la puerta a esa posibilidad, aunque no la menciona.

Dice el artículo que "si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la comunidad autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas".

Es evidente que entre "las medidas necesarias" puede incluirse la suspensión de la autonomía, pero hay otras, eficaces, que han sido analizadas en profundidad con sus pros y sus contras. Incluidas las de enviar a las fuerzas de seguridad del Estado, o al ejército, para hacer que se cumpla la legalidad, que es algo que debe garantizar un Estado de Derecho, lo que Mas parece olvidar. Sáenz de Santamaría ha dicho que Mas se está "incapacitando" para ser presidente de los catalanes. ¿Una pista sobre las intenciones del Gobierno?

Rajoy cree manejar bien los tiempos, pero se ha equivocado con frecuencia. Y se le achaca que no actuó con la suficiente energía cuando Mas convocó el referéndum ilegal. Estos dos reproches se basan en hechos probados, tienen razón quienes arremeten contra el jefe del Ejecutivo. Sin embargo, aseguran los que están trabajando en la respuesta al desafío de Mas que en esta ocasión se está empleando a fondo para que al independentismo se le plante cara con firmeza, sin titubeos y obligando a respetar la ley.

Ojalá no se equivoquen. Está en juego la unidad de España.

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