La improbable mediación

  • Como ocurre desde hace años, simplemente mantiene contactos con todo aquel que tiene algo relevante que hacer o decidir en sectores sociales sensibles

Dijo textualmente que era la hora de "los grandes esfuerzos y los amplios acuerdos para superar juntos las graves consecuencias de la crisis", y si a pocos extrañaron esas palabras puesto que el Rey ha pronunciado otras muy parecidas en distintas ocasiones, esta vez su llamada a un entendimiento de las fuerzas políticas, sindicales y empresariales ha cobrado tintes políticos que han producido una profunda incomodidad a quienes conocen los esfuerzos del Rey y de toda la Familia Real para mantener la máxima discreción en el debate público y sobre todo para mantenerse neutrales en el debate político.

La única afirmación que se le ha podido arrancar a don Juan Carlos en los 35 años transcurridos desde que accedió a la Jefatura del Estado era su respeto y apoyo incuestionable al presidente del Gobierno elegido por los españoles. El que fuera, independientemente de su afiliación política o de las simpatías que pudiera sentir hacia su persona. Es lo que dice la Constitución, y el Rey no se ha apartado ni un milímetro de esa posición.

Ha trabajado codo a codo con los cinco presidentes de la democracia, a todos ha sonreído por igual, con los cinco ha compartido confidencias y preocupaciones. Si no se ha sentido conforme con alguna de las iniciativas que han tomado -lo que con toda certeza ha ocurrido- en ningún caso lo ha dejado entrever. El trato ha sido igual para todos, aunque con Adolfo Suárez hubo una complicidad inicial evidente, no solo porque fue el presidente elegido por el propio Rey porque lo consideraba el más indicado para iniciar la Transición, sino también porque en los primeros años de Suárez no existía la Constitución y el Rey tenía capacidad de tomar decisiones que en aquel momento eran vitales para la nueva España democrática.

Precisamente porque el Rey ha mostrado una gran prudencia en sus relaciones con los miembros del Gobierno y de la oposición, el alboroto que ha provocado el anuncio de que mantenía encuentros con los dirigentes sindicales y que el jueves se reunió con la vicepresidente económica y con el empresario Miguel Blesa, y el interés que se advirtió en ciertos sectores políticos de dar a entender que con esas reuniones hacía suyo el llamamiento de Zapatero a un entendimiento de las fuerzas políticas y sociales para intentar salvar la crisis, provocó que desde la propia Casa Real se tomara una iniciativa hasta ahora insólita: colgar en la página web una información en la que se daba cuenta de las reuniones mantenidas por el Rey, con la advertencia de que esas reuniones se celebraban desde hacía semanas, porque el Rey creía conveniente conocer la opinión de distintas personalidades sobre cómo abordar la crisis económicas.

Hay que recordar que Don Juan Carlos, aparte de las audiencias oficiales, mantiene reuniones constantes con personalidades españolas y extranjeras de todos los sectores, como ocurre también con el Príncipe de Asturias, y no se informa habitualmente ni sobre las personas que acuden a Zarzuela y mucho menos sobre el contenido de las conversaciones con el Rey. Por eso la publicidad que se ha hecho con las audiencias de estos dos días, y sobre todo la relación que se ha hecho en determinados círculos entre esas audiencias y el llamamiento de Zapatero a un gran acuerdo, ha sentado mal en muy diferentes sectores.

Se recuerda, por ejemplo, que si de llamamientos se trata, además del que ha hecho el Rey durante el acto de entrega de los Premios a la Investigación, también se ha referido a la necesidad de pactos, acuerdos y diálogo en sus discursos navideños de los últimos años, como ha hecho el Príncipe en el acto de entrega de los Premios de la Fundación que lleva su nombre. Y cuando Ibarretxe presentó su polémico plan soberanista, el Rey llamó a Zapatero y a Rajoy a Zarzuela y mantuvo un encuentro con los dos, lo que también hizo en alguna ocasión cuando, en los últimos tiempos de Felipe González, se enconaron de forma exagerada las relaciones entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición.

Por otra parte, el Rey habla con frecuencia y de forma discreta con los distintos líderes políticos y por ejemplo telefonea o llama a Zarzuela a Mariano Rajoy y a Josep Antonio Durán i Lleida; alguna vez que ha viajado en privado a Barcelona ha telefoneado al presidente de la Generalitat para quedar a comer o cenar y cambiar impresiones, y es posible que esa misma iniciativa la haya tomado con otros presidentes autonómicos.

Es decir, que no es noticia que se encuentre con personas de muy distinto signo, lo hace habitualmente y con naturalidad. Y en estas semanas en las que se han agudizado las críticas hacia la gestión de la crisis económica y se ha planteado una reforma laboral, dicen en Zarzuela que era lógico que el Rey llamara a Méndez y Toxo para conocer directamente sus impresiones sobre el acuerdo al que habían llegado con los empresarios.

No hay por tanto nada nuevo bajo el sol, nada que indique que el Rey está mediando en nombre de nadie ni para ayudar a nadie.

Como ocurre desde hace años, mantiene contactos con todo aquel que tiene algo relevante que hacer o decidir en sectores sociales muy sensibles. La coincidencia entre sus palabras a favor de un acuerdo y las reuniones con distintas personalidades ha provocado una polémica en la que se ha especulado sobre el papel del Rey y si favorecía a tal o cual político. Nada que ver con la realidad, nada que ver con la forma en la que Rey se plantea los asuntos de Estado.

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