Una invitación complicada

  • Los colaboradores del presidente buscan el equilibrio entre lo que quieren escuchar los asistentes al Día de Oración y lo que esperan los votantes del PSOE

Rodríguez Zapatero no sabía la que se le venía encima cuando, entusiasmado, aceptó la invitación para acudir al Desayuno de la Oración que se celebra en Washington, en el Hotel Hilton, el próximo día 4.

Convencido de que se trataba de una invitación personal del presidente Obama, pensó que su vida cambiaba a partir de ese momento: Obama hacía un reconocimiento público de amistad y respaldo al jefe de Gobierno español y presidente de turno de la Unión Europea, y además quedaba definitivamente atrás la pesadilla de las pésimas relaciones con Estados Unidos de la época Bush.

También su equipo de La Moncloa hizo una lectura positiva de la invitación y se apresuró a lanzar la noticia poniendo el acento en que se trataba de una invitación del presidente Obama. El primer revés llegó cuando los corresponsales en Estados Unidos pusieron las cosas en su sitio: la invitación la cursaban los organizadores del Desayuno, la Fellowship Foundation, más conocida por The Family; una Fundación de carácter netamente religioso y conservador aunque en su comité de dirección se encuentran senadores y congresistas demócratas y republicanos.

El origen del desayuno había que encontrarlo al inicio de los años treinta, cuando un grupo de personalidades conocidas por su conservadurismo a ultranza decidieron reunirse para rezar conjuntamente una oración y pedir que se apaciguaran los efectos devastadores de la Gran Depresión. En el año 53 se retomó esa tradición en forma de Desayuno de Oración, y desde entonces se celebra esa cita anual a la que asisten unas tres mil personalidades, en la que tradicionalmente el presidente de Estados Unidos pronuncia un discurso, siempre cargado de emotividad, siempre en forma de oración, siempre con un fuerte componente religioso.

Para mayor contrariedad de los simpatizantes de Zapatero que desconocían el sentido religioso de esa cita, se ha recordado estos días que varias personalidades de Alianza Popular y del Partido Popular habían acudido a esos desayunos, entre ellos Antonio Hernández Mancha cuando era presidente de AP, un político que no ha pasado a la historia precisamente por su buen hacer al frente del entonces principal partido de la oposición.

A pesar de todo, hay algunas lecturas positivas. Por ejemplo, es evidente que la F.F. ha cursado la invitación a Zapatero a sugerencia de la Casa Blanca, lo que Zapatero puede colocar sin complejos en su lista de haber pues indica que Obama le ha señalado con su poderoso dedo. Y hay otro elemento a destacar, que es el único jefe de gobierno en activo invitado a pronunciar un discurso en ese desayuno, porque cuando cursaron la invitación a Tony Blair ya no era primer ministro británico. Por tanto, hay motivos suficientes en la presidencia española para sentirse satisfechos de ser el invitado de honor en el Desayuno de la Oración, al que acuden destacadas personalidades de EEUU otros países.

Este año varias de ellas procederán de España, no solamente porque tradicionalmente se invita a algunos miembros del PP que cuentan con importantes contactos internacionales, como por ejemplo Gustavo de Arístegui, sino también porque en esta ocasión el presidente español ha decidido invitar a una serie de españoles relevantes, sobre todo del mundo de la comunicación, como por ejemplo Pedro J. Ramírez y Juan Luis Cebrián, que viajarán en el avión oficial de Rodríguez Zapatero. Quizá de esa manera intente Zapatero que algunos periódicos, radios y televisiones no carguen excesivamente las tintas en la paradoja de que el mismo presidente que ha hecho bandera activa de su laicismo y ha tomado iniciativas que hieren profundamente a la iglesia, pronuncie un discurso que necesariamente tiene mucho que ver con la oración.

Los motivos positivos sin embargo quedan atrás ante las contrariedades. La que causa mayor preocupación es el sentido religioso de la invitación, que obliga al equipo de Zapatero a dedicar la máxima atención a la elaboración del discurso que debe pronunciar, pues está obligado a ponerse a la altura de lo que esperan sus anfitriones. Los colaboradores de Zapatero realizan todos los esfuerzos posibles para encontrar el equilibrio entre lo que esperan escuchar los asistentes al desayuno, un reconocimiento a los valores cristianos y el papel que juegan en la sociedad, y lo que esperan los votantes de Zapatero, mayoritariamente laicos. Pero es evidente que analistas de todos los colores e ideologías intentarán encontrar contradicciones -si las encuentran- entre las palabras que pronuncie el presidente español y la política de su gobierno.

Y existe un problema añadido que provoca también inquietud en el entorno de Zapatero: hasta ahora, todos los discursos pronunciados por la persona invitada se han pronunciado en inglés, todos sin excepción. Zapatero no habla inglés y por tanto se encuentra en inferioridad de condiciones frente a sus antecesores. Se ha barajado la posibilidad de escribirle un discurso en esa lengua, que pronunciaría fonéticamente, pero eso sería motivo indiscutible de chanza en España, es difícil aceptar la imagen de un presidente leyendo un texto escrito en una lengua que no conoce.

Los últimos días se ha asentado en La Moncloa la idea de que debe dirigirse a los asistentes en castellano. Si se llama a los organizadores para preguntar sobre el problema de la lengua, la respuesta es que esperan que el discurso se pronuncie en español. Si se llama a la Casa Blanca, el interlocutor que suele atender a los periodistas extranjeros responde que pregunten a la Fundación, que la Casa Blanca no tiene nada que ver con la organización del Desayuno. Un lío.

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