"Este laboratorio de ideas no aspira a decidir pero sí a influir en el Gobierno"

  • El otrora portavoz en el Congreso y luego ministro admite que aún echa de menos estar en la brecha, pero está encantado con el papel de ideólogo que le encomendó Zapatero, que sigue siendo su amigo

-Quién le ha visto y quién le ve...

-Sí. Pero es muy interesante. Ahora estoy en la parte de la elaboración de la teoría, pero siempre con fines prácticos. Defendemos un proyecto basado en los derechos de las personas y en los valores del socialismo democrático, que se debe renovar continuamente. Por eso el presidente del Gobierno me encargó construir una fundación para animar el pensamiento, el debate y nuestros valores.

-Parece un proyecto muy ambicioso, pues su macrofundación Ideas (un acróstico de las palabras igualdad, derechos, ecología, acción y solidaridad) es aglutinante de otras.

-Sí. Es una macrofundación. Estamos trabajando como no se hacía en España. Con una red internacional, una net work, especialmente con el mundo anglosajón, los think tank (fábricas de pensamiento). La semana pasada hablamos con Krugman, el último Nobel de Economía, y con Jeffrey Sachs, un fantástico economista del Desarrollo, que aceptó ser miembro del comité científico de la fundación. Vamos a trabajar para ofrecer soluciones a nuestros problemas y para participar en el debate mundial.

-¿Este mundo tiene solución?

-Es el momento de la socialdemocracia. Lo que ha ocurrido en el mundo es la caída del muro de Berlín del capitalismo sin límites, sin ética, sin fronteras. Y ahora todos miran a los gobiernos. Los que decían que la política no servía y que había que desregular y que los gobiernos no debían intervenir, ahora los necesitan. Ahora se dan cuenta de los excesos cometidos. Por ejemplo, la derecha americana ha sido funesta para Estados Unidos y para el mundo. Hay que luchar contra el hambre y contra el cambio climático con propuestas socialdemócratas, que son las únicas que garantizan el futuro de la humanidad.

-Los frentes abiertos (cambio climático, energías renovables, la crisis) son numerosos. ¿A cuál dedica usted más empeño?

-A reforzar los derechos de las personas, sin duda. No podemos consentir que la crisis los reduzca. Hay gente que dice que hay que abaratar el despido o flexibilizar el mercado laboral o reducir el gasto social, pero eso no la van a consentir ni el Partido Socialista ni el Gobierno. El gasto social hay que aumentarlo, porque eso genera empleo. Yo tengo una obsesión tremenda, la lucha contra la pobreza y el hambre, y un modelo basado en la ética y la decencia.

-Pero su proyecto aún está en fase embrionaria...

-Estamos en el proceso de inscripción. Va a ser una macrofundación y vamos a crear un think tank, un laboratorio de ideas, con investigadores de todo el mundo. En julio ya convocamos en Madrid unas jornadas sobre la crisis alimentaria mundial, que reunió a las personalidades más relevantes, como Jacques Diof, secretario general de la FAO, o Pascal Lamy, director general de la OMC.

-¿Ideas surge como reacción ante la FAES para plantar cara al pensamiento conservador ? ¿Le molestan las comparaciones?

-No nos molesta la comparación. La FAES es muy potente. Pero es un instrumento de desgaste político de los adversarios y yo no quiero hacer eso con mi fundación. Ideas trata de combatir el pensamiento neoconservador que nos ha llevado a este desastre y quiere ofrecer soluciones progresistas. No somos como FAES. Haremos una política muy abierta. Estoy invitando a mis equipos de trabajo a personas, científicos, no estrictamemte socialistas, para que aporten su punto de vista.

-¿Se está convirtiendo usted en un pensador?

-Siempre he pensado. Necesito a mucha gente. Es inimaginable los los miles de emails que hemos recibido de gente que se dedica a la biotecnólogía para replicar vacunas a bajo precio para países pobres, de expertos en energías alternativas, en nuevas tecnologías, sociólogos...

-¿Aspira a determinar la acción del Gobierno desde su macrofundación?

-El laboratorio de ideas es para la acción, no sólo la reflexión. No aspiramos a decidir pero sí a influir.

-¿Es más difícil crear una idea o defenderla? ¿Lo que hace usted ahora o partirse la cara con el adversario político como antaño?

-A veces es más fácil tener la idea que difundirla. Favorecer un debate público es algo esencial.

-Usted ha sido el eterno vicepresidenciable del Gobierno. ¿Echa de menos su antiguo papel, en la brecha de la política?

-Cada vez lo echo menos de menos. No me cuesta nada estar fuera del Gobierno. Además, José Luis (Rodríguez Zapatero) me dijo que la renovación del proyecto con el que ganamos el congreso del Partido socialista en el año 2000 era tan importante, o más, que estar en el Gobierno. No es nada fácil lo que me han encomendado. Exige mucha reflexión y trabajo y estoy plenamente metido en esta nueva camisa.

-¿Su salida del Gobierno fue traumática?

-No. Desde el primer día sabía que era algo temporal. Fue una decisión del presidente. Yo hubiera seguido en el Gobierno si él me lo pide. Comparto su proyecto, soy amigo de él, me pidió que dirigiera esta macrofundación y me pareció interesante dirigir este laboratorio de ideas. Me encuentro muy satisfecho en esta nueva tarea.

-¿Es cierto que la política de inmigración fue decisiva en su salida del Gobierno?

-Eso habría que preguntárselo al presidente. A mí nunca me dijo nada. Se han dicho cosas radicalmente falsas. Además, ojo, la política de inmigración era compartida por los agentes sociales. Esas cosas que se dicen en los confidenciales son pura basura.

-¿De qué se siente más orgulloso de su labor como ministro?

-Yo hice el programa electoral de 2004 y lo cumplimos. La Ley de Igualdad y la Ley de Dependencia son pilares del Estado de derecho. Ahora sube el paro, pero nadie presta atención al aumento de la estabilidad en el empleo tras la reforma laboral.

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