Sin primeros espadas

LA sesión de control de ayer estuvo marcada, como viene siendo habitual últimamente, por la ausencia de los dos primeros espadas. Faena, desde luego, no les faltaba más allá de la Carrera de San Jerónimo. El presidente Zapatero, recién bendecido por Obama y camino de Oriente Próximo, parece que, por fin, le ha cogido gusto a la política exterior más allá de la broma de la Alianza de Civilizaciones. Por fin puso los dos pies el Despacho Oval después de purgar durante cinco años la infantil afrenta a la bandera norteamericana en un desfile de las Fuerzas Armadas donde nadie le pidió la dimisión (se la pidieron a Aznar por la guerra de Iraq), y está dispuesto a enviar a Afganistán a quien haga falta. Y ahora, con la Presidencia de la UE a la vuelta de la esquina, promete no parar quizás para alejarse de una situación económica interna que arroja más parados que brotes verdes.

Mariano Rajoy, por su parte, está más dedicado a cuestiones internas, pero de su partido, que está pagando ahora la frivolidad con la que sus dirigentes han afrontado desde siempre los casos de corrupción. Apoyado en Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, dos mujeres con mucho recorrido político y agallas para soportarlo, el líder del PP solventó ayer por fin el sainete que protagonizó el ya ex secretario general de los populares valencianos, Ricardo Costa, con la inestimable colaboración del presidente de la Comunidad Valenciana, el menos honorable Francisco Camps, el amiguito de El Bigotes. Pero el lío que queda por delante, con los zaplanistas afilando el cuchillo de la venganza, es morrocotudo. Y a Rajoy le queda también por lidiar a Esperanza Aguirre, que, con un consejero de máxima confianza, dos parlamentarios y varios alcaldes imputados, busca una nueva oportunidad para presentarse como la lideresa tras pactar un acto de autoridad, sobre todo con los adscritos.

Con Zapatero y Rajoy fuera de la sesión de control, María Teresa Fernández de la Vega y Soraya Sáenz de Santamaría asumieron todo el protagonismo. En esta ocasión, la portavoz popular atacó con una pregunta genérica: "¿Entiende la vicepresidenta que solucionar los problemas de los españoles forma para del trabajo del Gobierno?". Pero pronto fijó el objetivo: la crisis provocada por el secuestro del buque Alakrana. Sáenz de Santamaría le reprochó a la vicepresidenta que hace una semana hubiera dicho que "el riesgo formaba parte del trabajo de esos pescadores". "¡Qué gran sensibilidad social, señora De la Vega, que gran manera de coordinar!", sentenció.

De la misma forma, la vicepresidenta recurrió a una respuesta genérica para este primer asalto -"los problemas de los españoles, de todos los españoles, y también de los pesqueros que trabajan en la zona, son los problemas del Gobierno", dijo-, y acusó a los populares de dedicarse sólo a poner zancadillas.

Sáenz de Santamaría, crecida por la baja intensidad de la respuesta de su oponente, le recordó las propuestas de su grupo y otros para esta crisis, y, en un buen remate, acusó al Gobierno de ser "un Gobierno de alto riesgo para pescadores y trabajadores".

La vicepresidenta respondió con la retahíla habitual de acciones del Gobierno y apenas tuvo fuelle para lanzar una puya al PP: "Bien es verdad que para solucionar los problemas de España primero hay que solucionar los suyos propios, muchos y variados, así que arreglen los problemas de su casa y luego vengan a dar lecciones". Tras este debate, las familias de los pescadores deben estar la mar de tranquilas.

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