La soledad de Génova, 13

  • La práctica totalidad de los despachos de la sede central del Partido Popular los ocupaban hasta hace un mes personas que ahora son ministros y secretarios de Estado; sólo quedan González Pons y la jefa de prensa

LO ha descrito González Pons de una forma simpática, aunque sacada de contexto -como se ha hecho- parecía una crítica a sus superiores: el vicesecretario y portavoz del PP se siente un huérfano en la sede central del partido, en Génova 13. Huérfano no de afectos, sino de compañeros. Hay días en los que el teléfono no suena una sola vez en la planta noble del edificio. Y en las demás, excepto la que acoge al partido madrileño, ocurre lo mismo.

La práctica totalidad de los despachos del edificio lo ocupaban hasta hace un mes personas que ahora son ministros y secretarios de Estado. Con la excepción de María Dolores de Cospedal, que aspira a continuar en la secretaría general del partido y compagina sus responsabilidades de dirección con la presidencia de Castilla la Mancha. Pero en la sede central la actividad es muy escasa, con dos personas permanentemente instalados allí, como de guardia, pendientes de que la máquina funcione.

Una es González Pons. La otra Marilar de Andrés, que trabaja en el departamento de prensa del PP desde los tiempos de Alianza Popular, que es persona clave en el partido y hoy está al cargo de la comunicación aunque ha recibido varias ofertas para ocupar cargo en Moncloa y en varios ministerios. Pero lo suyo es el PP y estos días está dedicada a organizar el congreso de Sevilla que se inicia el día 17 en Sevilla.

Será un congreso con pocas incógnitas y mucho entusiasmo al recuperar el gobierno tras ocho años de oposición, un triunfo que se debe al empeño de Rajoy de no dejarse llevar por el desánimo hace cuatro años. Los aplausos serán sin ninguna duda encendidos y sinceros. Y las novedades serán escasas porque ya se sabe que Cospedal quiere mantenerse en la secretaría general y Rajoy está de acuerdo, y la única duda es quién se ocupará de la coordinación del partido. Ese cargo, el de coordinador, se creó cuando el PP gobernó por primera vez, con Aznar. Alvarez Cascos mantuvo la secretaría general pero al ser nombrado vicepresidente necesitaba una persona para trabajar en el día a día del partido, y fue elegido para esa función Ángel Acebes.

Días atrás Marino Rajoy dio a entender a González Pons que pensaba en él para ocupar ese puesto, pero Cospedal personalmente le dijo a Pons que ella quería otro perfil y quien ha preguntado a la secretaria general ha tenido como respuesta que no sería González Pons el coordinador. Una situación un tanto peculiar que conoce perfectamente la dirección del partido, y que se solventará en el congreso de Sevilla.

Sin embargo, no es ese congreso el que más preocupa al PP, sino el del PSOE, de donde salió el nuevo líder de la oposición. Preocupa al PP porque hasta ahora el Gobierno no ha encontrado nadie con quién tratar cuestiones importantes. Rajoy se ha entrevistado en Moncloa con el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, y con el de CiU, Artur Mas. Pero no puede hacerlo con nadie del PSOE. Zapatero no parecía la persona más indicada porque su mandato se acababa el 4 de febrero e incluso José Antonio Alonso se encontraba en precario pues desde el primer día se advirtió que se mantendría como portavoz del grupo parlamentario del Congreso solo hasta que se eligiera la nueva Ejecutiva de su partido.

Esa es la razón de que el Gobierno que dirige mariano Rajoy -que al contrario de lo que ocurre con el partido despliega una actividad vertiginosa y presenta a diario propuestas que suponen un cambio sin precedentes- todavía no haya abordado las reformas de las instituciones.

El presidente afirmó, antes incluso del 20-N, en varias ocasiones que si ganaba las elecciones y era presidente tenía la intención de negociar los cambios en las instituciones de acuerdo con la oposición. Y la oposición principal es el PSOE aunque el partido se encuentre maltrecho y dividido y probablemente quede así durante un tiempo porque el congreso de Sevilla ha abierto heridas mal cerradas.

Al no poder negociar con el PSOE se han aplazado decisiones de envergadura, como la renovación de vocales del Tribunal Constitucional, que llevará aparejada una nueva elección del presidente, y también las renovaciones en el Consejo General del Poder Judicial, que de acuerdo con el proyecto de ley anunciado por el Gobierno dependerán ahora de las asociaciones profesionales según una fórmula aún sin concretar. Asociaciones muy ligadas ideológicamente al PSOE y al PP, lo que significa que los partidos mantendrán cierto poder de decisión, aunque de forma indirecta. Otra institución también pendiente del acuerdo entre Gobierno y oposición es el Consejo de RTVE, y como ocurre con el Tribunal Constitucional el nuevo Consejo elegirá a un nuevo presidente.

Hay trabajo por tanto que hacer en el PP, que debe servir de apoyo al Gobierno. Trabajo intenso aunque en este momento apenas se escuche una voz en los pasillos de Génova 13 y los ascensores pueden estar un cuarto de hora parados en la planta baja a la espera de que alguien los utilice. Una situación que cambiará en cuanto se designe al nuevo coordinador, sobre el que se ha disparado la rumorología una vez conocido que Cospedal no estaba conforme con que fuera González Pons. La buena marcha del partido es básica para Rajoy. Un ministro decía esta semana a esta periodista: "Ahora el partido es más importante que nunca".

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