Un temible día después

El silencio sepulcral con el que el Comité Federal del PSOE acogió el sábado la orden del líder de ir preparando su cenotafio electoral está dando paso a un silencio atronador y, por qué no decirlo, aterrador, que da dentera pensar que cualquier día el uno, Rubalcaba, o la otra, Chacón, van a acabar por morderse la lengua, pero literalmente, que aún tienen mes y medio por delante de mordaza y maniobras, aunque éstas le resultarán más familiares, por razones obvias, a la ministra de Defensa. Qué poca gracia.

Y qué grande es el silencio cuartelero que el capitán general en retirada ha impuesto en Ferraz para que la tropa no se distraiga hasta el 22 de mayo. Un compañero, el mutismo, que raramente traiciona y que siempre puede venir bien como maquillador, que una esfinge deja amplio margen para la duda -timidez, opacidad, solemnidad, incapacidad, vacío, nunca se sabe qué hay al otro lado del silencio-, pero al abrir la boca ya se nos ve más o menos el mobiliario mental.

Rubalcaba y Chacón, Chacón y Rubalcaba. Sí, las mujeres primero, porque el rodaje de esta película de la sucesión siempre tuvo un papel estelar reservado para ella, Carme Maria Chacón Piqueras (Esplugas de Llobregat, 1971), que a sus 40 años ha sido concejal, diputada, vicepresidenta del Congreso y se sienta desde hace casi cuatro años en el Consejo de Ministros. No es un mal guión el de la primera candidata a la Presidencia del Gobierno de España y éste parecía marcial y casi inalterable hasta que Zapatero le llenó a Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951) el pecho de galones , si cabe, cuando le nombró en octubre vicepresidente primero: virtual heredero del trono, silla eléctrica, o lo que sea. ¿Cosa de dos? Hagan apuestas. Una: esto será más revirado. Por lo pronto, el ex presidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra prometió ayer una sorpresita para el 23 de mayo. Veremos.

De momento, como decían los alemanes cuando el Tercer Reich se desmoronaba, que el PSOE disfrute de la guerra (de la batalla del 22-M), que la paz (el día después) puede ser terrible.

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