Feria de Málaga

Bus y feriante: relación amor-odio

  • Gran parte de los que acuden a la Feria en autobuses se quejan mayoritariamente por la aglomeración de gente por coche y por el horario; sin embargo, gracias a ellos pueden disfrutar de la fiesta plenamente

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HE de confesarles que gasto el mal hábito de tirar del coche cada vez que quiero moverme por Málaga, no se libra ni Semana Santa, solamente se me escapa la Feria. Principalmente lo aparco por el alcohol, pues quien más y quien menos acaba siendo invitado, o convidado, a tomar algo en cualquier caseta, y ese algo suele ser una espirituosa.

Ante el riesgo de la mezcla explosiva uno aboga por dejar el Renault en casa y acercarse a la marquesina más cercana. Como yo piensan muchos malagueños y claro, llegamos al problema, autocares hasta arriba de gente a menos que lo cojas en las primeras paradas de la cabecera.

Julián Zarco usa todas las noches la línea 11 en Pintor Sorolla para ir al Real, aunque asegura que es "muy difícil coger el autobús conforme más se acerca al centro, y muchas veces tienes que esperar que el cuarto o quinto pare. Con lo cual se te quitan las ganas de cogerlo y pillar el coche". Comenta que aunque suene absurdo, muchas veces "compensa coger el coche, aparcarlo cerca de la cabecera, y ya ir a recogerlo al día siguiente". Zarco, cree el "servicio es menos importante de lo que debería en estas fechas, y en Semana Santa". Con la misma opinión se muestra Miguel Gómez, usuario de la línea de Puerta Blanca, que aboga por "poner los aparcamientos cercanos al Cortijo de pago, y que esa recaudación vaya destinada a fletar los autobuses más baratos".

Sin embargo, ambos coinciden que aunque si la ida es dura, peor es la vuelta, cuando te invitan elegantemente "a irte antes, pese a que estés animado y tengas más ganas de quedarte", sentencia Zarco, ya que las últimas líneas a los barrios se marchan cuando las bombillas que tan cuidadosamente ha elegido Teresa Porras se apagan, y claro, te quedan dos opciones: "O te dejas la pasta o a pata", sentencia Gómez.

Lo peor del retorno no es el volver como sardinas en lata o esperar las colas que hagan falta, sino tener que terciar con los más pasados de rosca que llevan toda la noche alimentándose a base de mollate y que hacen que la espera no sea todo lo tranquila que cabría esperar.

Aunque si estos problemas son como para dedicarle unas líneas no me gustaría ni imaginar la de los atrevidos discapacitados motrices que se aventuren a disfrutar de la Feria, pese a que "todos los autobuses tengan la rampa acondicionada" comenta Rafa Martínez, uno de los inspectores de la EMT, que pese a nuestras quejas, no cesa en el empeño "de que todo salga perfecto y poder llevar a tanta gente a su casa sin que se preocupe de conducir".

Al final hay que quedarse con una irremediable empatía mutua que permita a todos disfrutar de la fiesta. A los que trabajan, que con una sonrisa y buenas formas permitan llevar a unos y traer a otros. Y a los que se divierten ser conscientes de que las siete u ocho horas de cada turno de horas extras que trabajan diariamente son de mención, pero claro está, si se quiere hacer una Málaga mejor, aún queda mucha carretera para progresar.

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