Incertidumbre juvenil

La incertidumbre del real de este año se cernía sobre la nueva reestructuración del Cortijo de Torres después de que el Ayuntamiento decidiera reordenar el mapa de las casetas y cambiar el ambiente juvenil. Por ello, muchos de los jóvenes no sabían cómo moverse por el real en el primer día de fiesta. Algunos de ellos, como el caso de Rafael Ruiz Rando, creen que con esta medida el Consistorio "pretende quitarse de en medio a los jóvenes con el objetivo de eliminar la conflictividad". "Es un error meter a todos los jóvenes en el mismo saco porque no es igual el ambiente universitario que el que se concentra tradicionalmente en la calle de la juventud", aseguraba.

Tampoco entendía que hayan modificado la zona para realizar el botellón de la Avenida Ortega y Gasset a la Avenida de las Malagueñas y la Plaza de la Juventud, porque "allí estábamos por lo menos en la última entrada y no molestábamos a nadie". Además, aseguró que la imagen que se da de la Feria no es buena "porque las familias que vienen con el padre, el niño y el abuelo, lo primero que se encuentran es a un montón de gente bebiendo".

Se la encuentran en la vía principal porque la Plaza de la Juventud no ha empezado convenciendo a todos, aunque sí que ha logrado dar un ambiente más festivo a esa zona con la colocación de un equipo de música y luces que logró animar bastante a los jóvenes. El buen ambiente de la plaza y las ganas de pasárselo bien contrastan con la "frustración" de los que antes tenían casetas cerca de la segunda portada y se han mudado de manera forzosa a las nuevas jaimas. Susana Sánchez, camarera de zona oeste, explica que con el traslado han salido "muy perjudicados" porque "no es solamente el cambio de ubicación, sino también la reducción de espacio". No tiene expectativas demasiado optimistas para estos nueve días, aunque cree "que la crisis en el tema del beber no se nota".

Sin embargo, los cambios de casetas parecen no desagradar del todo, ya que los visitantes que acudieron por primera vez al real creen que esta distribución es mejor "porque deja a las personas mayores por un lado y a los jóvenes, por otro. Ellos no tienen ninguna necesidad de aguantarnos y nosotros no les queremos a ellos para divertirnos", explicaba un alicantino asiduo a la Feria.

Lo que preocupaba principalmente de la nueva calle era la seguridad, por la concentración de grupos sumamente dispares reunidos en un espacio tan reducido. Sin embargo, tanto la Policía Nacional como la propia seguridad de las casetas consiguieron que la primera noche transcurriera con mayor normalidad de la que en un principio se temía. "Está bien que haya seguridad porque salimos a divertirnos y no a buscar problemas", comentaba Sergio Cruz, que junto con su amigo Antonio Macías, han acogido a amigos granadinos para la gran fiesta malagueña. Juan Carlos Prieto es uno de ellos, que en esta primera vez se muestra encantado de "poder hacer botellón legal", ya que en la Feria granadina está perseguido.

Sin embargo, lo que reinó principalmente entre los jóvenes en la primera noche de cambios fue la desinformación, porque la mayoría no se había enterado tanto de la reestructuración de la zona joven, como del cambio de ubicación del botellón. "Muchísima gente se ha acercado a preguntar que qué pasaba con el botellón, y que dónde estaban algunas casetas ya desaparecidas", espetaba una de las responsables del puesto de información y que recoge firmas para apoyar la candidatura cultural de Málaga para 2016. Además de la desinformación de las zonas de ocio falta "señalización de cosas básicas como las cabinas de teléfono" .

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