Lunares para la fresquita

  • La vestimenta con la que desfilan ellos y ellas por el centro se decanta por la mínima expresión de una falda, chanclas a juego, sombreros de paja, camisetas ceñidas y el color rojo en los complementos.

Quienes se dedican a rastrear las últimas tendencias en vestuario deberían obviar los escaparates y darse una vueltecita un día de estos por el centro de Málaga. La moda real, la que pisa la acera y entra en los bares está en la calle. Durante la Feria no sólo no desaparece sino que se convierte en una gran hipérbole. Como si de una caricatura de la Pasarela Cibeles se tratara, ellos y ellas exhiben su mejores -o peores- trapos en formato bolsillo. Las faldas se reducen a su mínima expresión, las camisetas se empeñan en comprimir el pecho y los bolsos cuelgan con el kit de supervivencia en su interior. El catálogo de prendas lo encontrará a su disposición por calle Larios y aledaños. Sombreros de paja o de cowboy cubrían ayer el horizonte de la ciudad a la manera de  guías turísticos cualquiera que marcan con una prenda al alza el itinerario a seguir del grupo. Aquí la manada va por libre pero es fácilmente reconocible. El del sombrero suele ser el mismo que lleva las bermudas con un singular dobladillo sobre el cinturón: sus propios calzoncillos a juego, casualmente, con la camiseta, o sin ella. Ajenos a cualquier sugerencia de glamour, los descamisados siguen dejándose ver. Porque hace mucho calor y me gustan mis tatuajes. La justificación podría colar si el resto del verano se pasearan por la urbe de la misma guisa. Y en la mayoría de los casos no suele coincidir. Sea como fuere, su aportación a la estética ferial contribuye a dibujar un variopinto mosaico de personajes que, cuanto menos, obliga a girar la cabeza a su paso.

A poco que uno agudiza la vista se da cuenta de que el fondo de armario no falla cada año. La flor -cuanto más grande mejor- en la oreja de ella, a juego con pendientes, pulseras y abanico; el rostro maquillado como quien se olvida de que existe la luz solar y que los defectos se agudizan. Las bermudas de ellos cubren las rodillas y no se caen al suelo de puro milagro. Algunos lunares se escapan del Cortijo de Torres y se cuelan en Uncibay en un intento por rescatar el folclore perdido. Vienen a caer no sólo en los tradicionales trajes de faralaes sino que reparten su insistencia por la indumentaria habitual. A las cuatro de la tarde Aurora, Mariola, Loli, María José, Pilar y María demostraban que sus lunares eran pura artesanía.

"Todos los años nos preguntamos, ¿qué nos ponemos en Feria?. Y este año decidimos diseñarlo nosotras", explicaba una de Las Primis, como se hace llamar este grupo de seis simpáticas chicas uniformadas con un palabra de honor blanco de lunares negros, aderezado con su mantoncillo rojo correspondiente, pendientes, flor, sandalias, bolsito de mano y hasta labios a juego. En total, el corte y confección no ha alcanzado los 80 euros. "Lo vamos a patentar, de hecho ya se nos han acercado unas mujeres de Albacete interesadas en copiarlo para su feria", comentaba una de sus usuarias. La labor tiene más mérito aún en el caso de una de ellas, María, la prima recién llegada de Madrid. "Le hemos hecho el traje a distancia", expresaba su compañera. Orgullosas de su labor creativa lucían palmito por el centro conscientes de la atracción que despertaban. "Le quitamos los flecos y el fajín y lo amortizamos para alguna boda", aseguraba Aurora. Para acompañar la originalidad de su atuendo decidieron prescindir de los bares de tapas y del carrito con las provisiones, y comprimir todo el alimento necesario en su minibolso de lunares. "Aquí llevamos los filetes empanados, el pan, el jamón y el queso cortado", enumeraban risueñas.  

La Feria tiene su punto carnavalesco y, en cualquier esquina uno se puede topar con un remedo de chirigota. Las Pastoras se consideran "herederas de Tío Pepe" y su vestimenta lo explica. Por calle Granada se las podía ver ayer, de rojo pasión y con su miniguitarra de Todo a cien en ristre. "Más económico no puede ser. La camiseta tres euros, la serigrafía y la guitarra otros tres, y el sombrero cinco euros", detallaba Paqui.

Hoy no han salido con los novios y la excusa les ha valido para elegir su nombre de batalla. ¿Qué por qué Las Pastoras?: "porque cuando nos juntamos ellos nos saltan siempre con lo de reunión de pastores, oveja muerta", replica Esperanza, otra de las pastoriles. Cuando se cansan de ser la sombra del Tío Pepe vuelven a abrir el armario y se visten con lo que se lleva este año. LO recitan al dedillo: volantes cortos, "aunque son más elegantes los largos", mejor que vestido de flamenca, "que da mucho calor" bata blanca o negra "entalladita y de talle bajo", y abanico "siempre", subrayaban.

De corto, de largo, sin camiseta o asfixiado en ella, en su atuendo de feriante urbano no pueden faltar unas enormes gafas de sol de pantalla con las que disimular sus pocas, o muchas, ganas de mezclarse con el vulgo. En el supuesto caso de que no encuentre inspiración alguna en la pasarela sui generis que desfilará esta semana delante de sus ojos, los puestos de complementos que pululan por el centro le darán más ideas. Entre abanicos, flores y otros souvenirs esta temporada causan furor los delantales. No necesita tener ningún fregadero delante para hacerse con uno. Se llevan ahora con lunares, réplicas de trajes de toreros o gitana estampados y se necesita tan sólo poca vergüenza y mucho arte en su propietario. La Feria anda sobrada de ambos ingredientes y si no, las copas de Cartojal hacen el resto. Porque se trata de ir ( una vez más) arreglá pero informal y porque Lorenzo aprieta mucho desde arriba, la moda en Feria hace la vista gorda y deja que las tijeras trabajen lo que quieran.

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