Trabajo y diversión entre premios

La vida es una tómbola, tom, tom, tómbola... Como todos los años desde hace ya décadas, la Feria de Málaga se llena de feriantes dispuestos a ofrecernos una alternativa al baile y al vino. En la tómbola no sólo se regalan peluches o juguetes, también se regalan ilusiones, y para algunos un medio de ganarse la vida.

Durante los nueve días de las fiestas, cientos de personas se agolpan en lo que en un principio sólo es una explanada vacía, para montar sus atracciones, casetas y juegos. La vida del feriante no es nada fácil: levantarse temprano, dormir poco, mostrar alegría y viajar de pueblo en pueblo y de Feria en Feria, comiendo, durmiendo y viviendo en una camión.

Este año, la Feria se presenta con un factor nuevo que les hace compañía, la crisis. "El público sigue siendo el mismo, pero no se gastan igual que otros años. La cosa está más floja, y se nota" comentó Davinia Cortés, de Atracciones Serrano. Tal como estamos hay que seguir trabajando haya o no haya crisis puesto que es nuestro "pan para comer". José Antonio, regente de la Tómbola Terremoto, que ha trabajado durante 30 años de Feria en Feria, asegura que "aunque la gente aún viene, no es igual que en años anteriores".

Los horarios de este tipo de atracciones o negocios son algo complicados. Hay algunas tómbolas que prefieran descansar de mañana y trabajar en la tarde y en la noche. Pero también los hay que prefieran aprovechar y trabajar mañana, tarde y noche. Asimismo, las rutas son distintas y en el caso de Atracciones Serrano trabajan en los meses de abril a octubre en Sevilla, Granada o Málaga.

Además de los feriantes no debemos olvidarnos de los participantes. A todo el mundo le gusta jugar en la tómbola. Nos puede la curiosidad de saber si nos llevaremos o no el gran premio, pero hay que tener suerte. Por eso muchas de las personas que participan salen desilusionadas o se sienten engañadas. Este es el caso de Victoria y Javier, una pareja que compró 5 euros en boletos y que sólo consiguió un pequeño peluche. "Participar en una tómbola es divertido, pero siempre hay truco y toca lo peor. Hay que tener mucha suerte" comentó Victoria. Pero no siempre es así. María, una chica que paseaba por la Feria, estaba muy contenta por que la suerte le había sonreído. "Estoy muy feliz porque me ha tocado un cuadro decorativo muy bonito, y un peluche" arguyó.

Entre los juegos más destacados o más demandados el tiro al blanco sigue en la cresta de la popularidad. Igualmente aquellos en los que tienes que encestar tres pelotas o explotar varios globos con un dardo. Por otro lado, hay que recordar la tradicional carrera de camellos o el clásico bingo. Parece que no cambian ni con el paso de los años, ya que realmente lo que renuevan son los regalos, aunque siempre de bajo precio.

La lista de regalos es muy larga. Los premios fuertes son los más deseados, pero también los más difíciles. Dentro de esta categoría destaca los quad, las mini motocicletas, las televisores de pantalla plana o incluso la Wii. Los peluches son los premios más socorridos, y a todo el mundo le gusta. Este año se lleva de moda las serpientes, los ositos y los plátanos gigantes. Además no se han dejado de llevar los clásicos del año pasado, como las hojas de marihuana, los lunnis y los Winnie the Pooh. Pero sin duda los regalos que nunca pasarán de moda son las planchas, el conjunto de cacerolas o las tostadoras.

Los precios en las mayorías de las tómbolas y barracas oscilan según el número de boletos o de partidas a jugar. En definitiva participar en estos juegos nos puede salir desde 3 a 20 euros. El precio muchas veces no se corresponde al regalo, pero merece la pena por vivir un momento de ilusión.

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