La calle Larios se inundó de Feria antes de los fuegos

  • Los puestos comenzaron a montarse por la mañana y ya por la tarde hicieron sus primeras ventas · Los malagueños no pudieron esperar al pregón de Javier Ojeda

"Abuela, ¿para qué es esto?", "Para mañana, que empieza la Feria". El ambiente festivo se respiraba así ayer en las calles del centro, donde cientos de malagueños salieron a pasear, demostrando el gusto por su Feria de Agosto.

La tarde, además, quiso ponerse de su parte, dando tregua -por fin- a las altas temperaturas de los últimos días. Abanicos, farolillos, flores en el pelo y los primeros puestos, que empezaban a tener movimiento, no dejaban lugar a dudas de que Málaga iba a comenzar su Fiesta Grande.

Las tiendecillas, que comenzaron a montarse por la mañana, hacían sus primeras ventas. Sombreros, catas y guitarras y cámaras de fotos de juguete adornaban la calle Larios con su particular acento ferial, pero las bolsas de patatas y las chucherías eran, sin duda, los reyes de la tarde.

"Hoy la gente no suele comprar mucho, pero a las familias les gusta acercarse para ver el ambiente", explicaba el tendero de uno de los puestos, Juan Manuel Rosa, "nosotros estamos preparados, sobre todo, para esta noche".

Las biznagas también acompañaron la jornada, no sólo en la portada, en la que los turistas se echaban fotos y se detenían a contemplar a su paso, sino también en las manos de las señoras, que paseaban alegremente con sus mejores atuendos.

"Acabo de llegar y, en un ratito, he vendido tres. La biznaga gusta mucho a los malagueños y, sobre todo, en Feria", aseguraba Manuel Guillén, mientras sujetaba un gran ramo de jazmines.

Los motivos que llevaron a los malagueños a salir ayer al centro eran muy diversos: "hemos salido a sentarnos un ratito para ver como se van llenando las calles y porque hoy se está muy fresquito", comentaban un grupo de jubilados, sentados en uno de los bancos de la calle Larios.

Los jóvenes preferían seguir su rutina, "hemos venido de compras, pero ya que esta noche empieza la Feria, aprovechamos a hacerlas por el centro y así vamos entrando en calor para mañana". Y es que todo invitaba ya la tarde de ayer a bailar sevillanas y a beber vino fino.

Los establecimientos se adornaban también para la ocasión y comenzaba a verse a las primeras personas vestidas de flamenca. "Soy consciente de que soy la primera persona que se viste de gitana, pero ya llevámos haciéndolo durante odo el mes de agosto", comentaba una de las chicas de la tienda El Rocío, que tradicionalmente pasea sus modelos, anunciando sus ofertas. "La gente se acerca mucho, te sonríe, te piropea y te echan fotos, sobre todo, los extranjeros", decía entre risas.

Pero no todo era emoción y disfrute en la calle Larios. Las últimas horas antes de comenzar la Feria van inevitablemente unidas al trabajo. Bares que cargaban sus provisiones de Cartojal, tenderos que aún montaban sus puestos, operarios que ponían a punto los últimos preparativos... Todo en un continuo ir y venir, que se confundía con el bullicio.

Los helados eran el refrigerio más solicitado; las charlas, por su parte, no tenían más tema que la Feria. Amigas que dudaban entre el atuendo de mañana, niños que lloraban por querer los juguetes de los puestos, compañeros que intentaban convencer de quedar para el día siguiente.

"Trato de convencerlas para que se queden unos días más", comentaba Diego Hernández, mientras sus dos compañeras compraban flores en un puesto como recuerdo de su visita a Málaga. "Yo he venido bastantes años a la Feria y realmente me gusta, sobre todo, la de día. Porque no sólo hay alcohol, los grupos de verdiales, las bandas de música y el ambiente, son inconfundibles".

Quizá sea ese el principal motivo por el que los muy pocos quisieron ayer dejar escapar el primer aperitivo de esta Feria que ya empezaba a prometer, incluso antes de del pregón tradicional. Y es que la Feria de Agosto la hacen los malagueños, que ya la viven en vísperas. El trabajo de estos días ha sido duro, pero la respuesta de la gente, sin duda, hará que el esfuerzo haya merecido la pena.

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