Cómo darse el gusto con recortes

  • El resentido bolsillo de los malagueños sufre con los gastos de las fiestas, por lo que buscan alternativas como pasarse por el supermercado antes de ir a la Feria para ahorrar

Aunque se intente huir de la palabra crisis en la semana grande de Málaga, este año va a ser prácticamente imposible. Hace unos meses, el Ayuntamiento anunció que la Feria iba a contar con un día menos para eliminar gastos. Unos recortes que también hacen mella en los bolsillos de los feriantes, porque estas fiestas “se van a disfrutar como se pueda pero sin tirar la casa por la ventana”.

Para algunos, entrar en alguna caseta y sentarse a tomarse un plato de jamoncito acompañado de un vaso de Cartojal va a estar complicado, o al menos no va a ser tan frecuente como otros años. Y es que los malagueños, cuando se arriman a algún local, lo primero que tienen en cuenta es el precio. No obstante, como en todo, siempre hay excepciones y hay quienes no se privan de nada, porque sólo “es una vez al año”, según explicaron algunos de los visitantes que pasearon ayer por la ciudad.

“Mira como estamos y acabamos de empezar la Feria”, expusieron unos jóvenes que se preparaban sus propios vasos de vino tinto por los callejones del centro de Málaga. El planteamiento para este grupo y para muchos va a ser igual todos los días que salgan, ir al súper antes de acercarse a la Feria. “Nada más entrar en la calle Larios se nota la presencia de la crisis, hay mucha gente que hace botellón para ahorrarse unos euros. En el supermercado me cuesta una botella de Sandevid 1,50 y en la Feria vale un cubalitro 5 euros, que tiene más hielo que otra cosa”, comenta por otro lado Alexia Sánchez. Pero la gente se lo toma con cierta alegría y, a pesar de la realidad, se bromea con el tema. Muchos dicen incluso que este año toca beber vino “El Hacendado, que con una copa ya estás colocado”.

“Sitios libres en los bares a las 14:00 durante una Feria, ¿cuándo se ha visto esto?” alega un padre de familia. Su mujer, María Jerez, afirma que vienen “condicionados a no pararnos en cualquier bar o restaurante a comer. Este año hemos decidido traernos unas patatas y un poco de fiambre, hay que recortar gastos. Luego pasaremos por la Caseta de Cruzcampo que tenemos tickets de descuentos y los aprovecharemos”. Otra pareja apunta que ellos se retraen un poco en los gastos porque “los pequeños de la casa por la noche se quieren montar en todos los carricoches y eso sí que es caro”.

Pero como todo lo bueno se acaba, hay quienes deciden disfrutar de las fiestas y olvidar por unos días la crisis. Guillermina Bravo es huérfana de un militar y tiene la misma paga que el año pasado pero “me da igual, me voy a tomar lo que encarte al precio que sea si no, no saldría de mi casa”. Por otro lado, Paco Morales aclara que “para una vez que salgo, me da igual gastarme dos euros en un tubo de cerveza”.

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