Dos grandes apuestas abarrotan el Auditorio

  • Vanesa Martín ofreció un impecable directo y unos increíbles Melocos consiguieron despertar a un público adormecido

Con estricta puntualidad y al toque de la batería comenzaron a sonar las primeras notas de Atracción oculta. Vanesa Martín eligió vestido negro con escote de vértigo y unos zapatos blancos, que terminaron llamando más la atención que la propia cantautora. El escenario se vio vacío de no ser por el séquito de músicos que la acompañaban, pero se compensó con un impecable directo, armonioso en los bajos y conmovedor en los altos.

El Auditorio Municipal consiguió su primer lleno absoluto de la Feria 2010 con un público que se fue animando a medida que la malagueña hacía un recorrido por su repertorio. Aún no te has ido, Me da pena y Caprichosa fueron las culpables de que los primeros espontáneos se levantasen de sus sillas, mientras las luces de las cámaras y los móviles conformaban un segundo decorado.

Derrochó voz con el solo a piano de Durmiendo sola, con el que consiguió erizar las pieles del Auditorio, bajo la favorecedora luz de la luna creciente, y dejar a la grada en disciplinado silencio, que se levantó de sus asientos para ovacionarla. La misma respuesta recibió del público cuando regaló un Limosna de amores, también a piano, con la que el público no volvió a tomar asiento hasta el final del recital.

La cantante se soltó la melena cuando se recogió el pelo, eligiendo Bésame a mí para cerrar su repertorio, con la que la grada se mostró participativa y pidió un bis, que la artista correspondió con Donde, dejando un buen sabor de boca en el Auditorio e invitando a seguir escuchando sus discos, a pesar de la larga hora y media de concierto.

A la 01:00 volvió a apagarse la luz en el Auditorio y unos sorprendentes Melocos arrancaron fuerte con el sonido de la guitarra eléctrica entonando Chicas de colegio y la aparición de Jaime Terrón, líder de la banda, que saltó al escenario con el micrófono y no dejó de bailar en toda la noche sin quebrarle la voz, contagiando el entusiasmo a una grada adormecida, que comenzaba a abandonar el recinto a partir de la cuarta canción.

Mucho juego de luces y movimiento en el escenario. El grupo se atrevió con letras improvisadas y divertidas que hicieron al público partícipe. La banda lo dio todo en el escenario, con canciones macarras y versiones del Waka Waka de la colombiana Shakira.

Interpretaron muchas de las canciones de su tercer disco, 45 rpm, con versiones impecables de los gloriosos años 80: Cuando brille el sol, Enamorado de la moda juvenil o Marta tiene un marcapasos, que no dejaron tregua a los treintañeros, convirtiendo al Auditorio en una auténtica fiesta.

El público aclamó un bis en el que el grupo regaló tres cancione, entre ellas, un esperado Cuando me vaya, que levantó a todo el recinto que se convirtió en un coro de voces y una marea de manos levantadas. Por último, dejó afónico un público revolucionado con un Ni tú ni nadie, que cerró poco más de una hora de concierto que supieron a muy poco, a pesar de las altas horas de la noche.

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