Ciclos y retrospectivas

Léos Carax, monsieur terrible

  • Otrora 'enfant terrible' del cine francés, hoy autor de culto, Carax será objeto de una retrospectiva.

A excepción de la sombría y novelesca Pola Xel cine de Léos Carax, otrora enfant terrible oficial del cine francés de los ochenta, hoy autor de culto gracias a Holy Motors, está atravesado por el cuerpo del actor Denis Lavant, suerte de doble del cineasta, mimo sin par, bailarín incansable, transformista y acróbata. Lavant protagonizaba la película que dio a conocer al por entonces jovencísimo cineasta en Cannes, Boy meets girl (1984), un ejercicio de cinefilia en blanco y negro que entroncaba ya, cuando los acordes de la posmodernidad sonaban fuerte, con esa tradición poética, maldita y simbolista del cine galo, capaz de integrar los gestos modernos de Godard, Bresson y Cocteau con la estética muda de Vigo, Chaplin o Griffith y las canciones pop de David Bowie. Carax fagocitabaa su catálogo de referencias emocionales para devolverlas en forma de historia de amor fou, el gran tema de su cine, que, ya en color, y con aires de ciencia-ficción noir, se repetiría en toda su intensidad con aquella arrebatada Mala sangre (1986) en la que los rostros limpios de Binoche y Delpy buscaban su filiación con los de Falconetti o Karina.

Las películas de Cárax parecen comunicarse una a otra a través de gestos aislados, movimientos o esbozos. Así, Los amantes del Pont Neuf (1991), ese proyecto megalómano al borde del fracaso, vuelve a reunir a Lavant y Binoche, ahora expulsados del paraíso, viviendo bajo un puente como un par de trágicos clochards; como lo estarán también los dos protagonistas de Pola X (1999), en la que Guillaume Depardieu y Yekaterina Golubeva, unidos aquí premonitoriamente antes de su muerte, intentaban emprender una nueva vida en los márgenes de la sociedad, refugiados en una comuna postindustrial atronada por las guitarras y baterías de Scott Walker. Un Depardieu cojo, desaliñado y sucio corría por las calles como lo hará también Lavant años más tarde en ese Merde salido de las alcantarillas, dispuesto a conquistar el mundo, en el episodio de Tokyo! (2008), un Merde que aparecerá de nuevo, con su traje verde, sus uñas largas y su pene erecto, como uno de los personajes de Holy Motors (2012), nueva y personal visita por los mitos y fantasmas del cine francés, un film escondido tras las cortinas del subconsciente con el que Carax, "un médium del encuentro entre lo real y su doble mágico" (Fran Benavente) sigue concibiendo su proyecto "como catalizador de lo maravilloso, de los sentimientos extremos, del amor loco". 

Rápido-lento, los tiempos entre películas. Aupado por los Cahiers du cinéma en los que había escrito alguna crítica, Léos Cárax despuntaba en 1984, con apenas 23 años, como la gran esperanza blanca de un cine francés huérfano de nuevos autores que prolongaran con dignidad la tradición de la nouvelle vague. Si con treinta años había rodado sus tres primeras películas y había estado a punto de arruinar a sus productores, tardaría ya 8 años en estrenar la siguiente y 12 más en rodar Holy Motors, su gran reconocimiento crítico mundial.

Eurimages, co-producción europea. Como cada año, el concurso Eurimages reúne títulos co-financiados con fondos del programa Eurimages, filmes que se encuentran dispersos en las distintas secciones competitivas del certamen: tres de ellos (El gran cuaderno, La gran belleza y When Evening Falls on Bucharest or Metabolism) en la Sección Oficial; otros tres (Alabama Monroe, Circles y The Congress) en la Selección EFA; y tres más ubicados en Nuevas Olas (Salvo) y Europa Junior (The zigzag kid, Diamantes negros). Un jurado de expertos determinará cuál de estas cintas es merecedora de 10.000 euros para su distribución.

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