Ariel Winograd: "Rodar esta película fue más difícil que robar un banco"

Vino para robar es la tercera película del director argentino Ariel Winograd, después de Cara de queso y Mi primera boda. Aquellas fueron comedias, asegura, de tintes autobiográficos; ésta, no. No ha robado nunca un banco pero cerca estuvo con este proyecto: "Teníamos un asesor en la materia con el que nos reuníamos durante horas viendo planos, enseñándonos las técnicas empleadas por los profesionales. Casi parecía que estábamos planeando un atraco", contó ayer durante la presentación. "Pero hacer esta película fue más difícil que robar un banco", aseguró Winograd.

Vino para robar compite en el festival de Huelva después de un exitoso paso por taquilla en Argentina. Fue la sexta película nacional más vista del año, con más de 150.000 espectadores; grandes números para un país que produce unos 150 títulos anuales.

"El público recibe siempre bien las comedias. Y en este caso contamos con el mejor reparto posible, con Valeria Bertuccelli y Daniel Hendler, que hicieron crecer más la película", explicó.

Ariel Winograd está feliz por entrar en la competición de Huelva. Dice que no es fácil que las comedias sean seleccionadas en un festival, y más aún que se lleven un premio, "pero ya estar aquí lo es". "Quiero vivir esta experiencia y ver qué sucede en la sala con la reacción del público", aseguró el director argentino.

La historia, dijo, es accesible. Es una comedia de género, de uno poco visto en Argentina como el de robos de guante blanco, y con el que ha querido "hacer una parodia y un homenaje al mismo tiempo de esas grandes películas americanas de los años 50 y 60". Desde Misión Imposible a Rififí, asegura que están sus influencias, después de muchas horas de visionado de películas para su preparación.

Vino para robar ha exigido una producción elaborada, "muy difícil", con rodaje en Florencia incluido y escenas con 600 extras.

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