La buena estrella venezolana

  • Dos producciones de Venezuela, 'Esclavo de Dios' y 'La distancia más larga', compiten por el Colón de Oro en pleno auge internacional de su cine 'Sicario' abrió el camino en Huelva

No es mucha casualidad que el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva haga un guiño este año en su cartel a Venezuela. Esa flor de la 39ª edición simboliza de algún modo la buena estrella que tiene el cine venezolano en estos momentos. En los últimos cinco años ha crecido especialmente la producción en el país y su presencia internacional es cada vez mayor en festivales de todo el mundo. La muestra onubense no es una excepción. Este año compiten dos cintas venezolanas, Esclavo de Dios, de Joel Novoa, y La distancia más larga, de Claudia Pinto, y se exhiben Azul y no tan rosa (Miguel Ferrari), en la sección Rábida, y Bolívar, el hombre de las dificultades (Luis Alberto Lamata), en el ciclo Libertadores. Todas ellas llegan a Huelva con el triunfo de Marcel Rasquin con Hermano, hace dos años, como referencia.

Este año 2013 es especialmente bueno para Venezuela. Se han producido más películas que nunca, una treintena, y ha logrado su mayor éxito internacional, con el máximo galardón en uno de los cuatro grandes festivales, la Concha de Oro de San Sebastián para Pelo malo, de Mariana Rondón. En poco tiempo se ha puesto a la altura de cinematografías consolidadas en el continente, como Colombia, aunque aún queda mucho para acercarse a las grandes potencias, Brasil, Argentina y México.

La clave de este florecimiento venezolano se encuentra en el apoyo que han encontrado los cineastas en instituciones públicas y privadas. A mediados de los 90 se creó el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) a través de la Ley de Cinematografía Nacional por la que tanto lucharon los cineastas locales durante años. El nuevo ente, independiente, trajo consigo la creación de un fondo, Fonprocine, que empezó a dar independencia a los realizadores y les permite en la actualidad recibir una cantidad importante de financiación para la producción de sus películas.

Fonprocine es un fondo privado, al margen del aparato público, generado a través de pequeños impuestos que se aplican a todo lo que tiene que ver con la industria, ya sean cadenas de televisión, distribuidoras de cine o empresas publicitarias, entre otros.

Estos últimos años el impulso real lo ha dado la Reforma de la Ley de Cinematografía Nacional de 2005, al establecerse la reserva de un porcentaje de cuota de pantalla para el cine venezolano. Las salas, por ejemplo, están obligadas a mantener en cartelera al menos dos semanas las producciones nacionales. Y se fomenta, además, una mayor participación de las empresas privadas a través de incentivos fiscales.

Una fórmula parecida está dando buenos resultados en Colombia. Igual que en Uruguay, donde se ha pasado de producirse una sola película hace diez años, como El viaje hacia el mar, de Guillermo Casanova, en 2003, ganadora del Colón de Oro, a ver cómo cada vez más directores sacan adelante sus proyectos cada año e impulsan el nacimiento de una pequeña industria.

"Recuerdo que cuando hice Sicario, ese año [2005] se había producido sólo dos o tres películas más. Así era más difícil lograr atención internacional", cuenta el veterano realizador José Ramón Novoa, director de la película ganadora del Colón de Oro en 1995, el primer triunfo de Venezuela en Huelva. Ahora compagina la dirección con la producción, como el estreno de su hijo Joel, que presenta a concurso Esclavo de Dios en esta 39ª edición. Precisamente estos días contesta a las preguntas por correo electrónico desde Mar de Plata, Argentina, donde también presenta la misma película, mientras sigue también su periplo de festivales con su última obra, Solo, y termina la fase de montaje de Tamara, la nueva película de Elia Schneider, que ha producido.

"Creo que en la medida que hagamos más películas, es lógico que tengamos mayor repercusión internacional. A la inversa es más difícil", afirma. "Pero al haber mayor cantidad de obras, proporcionalmente hemos podido desarrollar diferentes temas y esto ha facilitado una mayor presencia en eventos internacionales".

Desde su triunfo en Huelva con Sicario, "con el honor de que Mario Vargas Llosa presidiera ese año el jurado", hasta la actualidad, cuando Hermano le ha sucedido en el palmarés, José Ramón Novoa cree que "ha cambiado la forma de ver las películas". "Creo que Sicario se adelantó a su tiempo. Con los años comenzaron a desarrollarse los temas que ahí se plantearon, en muchas y diferentes formas. Y ahora sí, el público está más preparado", asegura.

A pesar de todo, títulos como los exhibidos esta semana en Huelva o Pelo malo, de Rondón, muestran que hay una motivación por nuevas narraciones, alejadas de clásicos clichés asociados al país, y muy del gusto del público, como se está comprobando en taquilla. Azul y no tan rosa, seleccionada también como candidata al próximo Goya a mejor película iberoamericana, se estrenó a finales del pasado año y ha sido vista ya por casi 600.000 espectadores. Hace dos años, La hora cero, de Diego Velasco, también presente en el Iberoamericano, se convirtió en la segunda película más vista del país en más de una década.

"Creo que estamos en vías de desarrollarnos aún. Y nos falta mucho. Mejores historias, mejor realización... Los éxitos alcanzados ayudan pero siempre y cuando se pudiera mantener la libertad creativa necesaria para seguir haciendo lo que uno de verdad quiere hacer. No es el caso. Comienzan a sentirse fuertemente en Venezuela limitaciones en este sentido. La política, coartando la libertad y la libre expresión. Se irá viendo en un futuro cercano, aún más, ese intento de controlar las ideas y frenar la independencia del creador. En lugar de hacerlo volar, contar las alas", explica José Ramón Novoa.

El sábado, una de las dos películas venezolanas a concurso puede llevarse el gran premio del Iberoamericano. Sería la confirmación del buen momento por el que atraviesa el cine del país. A la estela de Novoa y de Rasquín, y de tantos otros cineastas, como Mauricio Wallerstein, Carlos Azpurúa, Luis Alberto Lamata o Mariana Rondón, que eligieron Huelva como plataforma para lanzar su cine.

"Huelva ha sido siempre importante, no sólo para Venezuela sino para todo el cine latinoamericano", apunta Novoa. "Pero no puedo hablar mucho. Mi corazón siempre está ganado por Huelva, su gente y el festival. Sólo tengo grandes recuerdos de esa ciudad".

El director y productor venezolano, de origen uruguayo, recuerda que su triunfo en 1995 "fue muy importante y reconfortante". "Ese festival fue un hito. Allí competimos todos los países de América Latina y España y yo era el menos representativo, dado que coincidimos con los más grandes cineastas del momento. Y tuve la dicha y la gran alegría de llevarme el Colón de Oro. Aquello fue fundamental en mi carrera, un gran impulso", añade Novoa, quien ya adelanta que probablemente acuda a la cita de la cuadragésima edición.

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