Cuando el cine es una ventana abierta al mundo

  • El director argentino Ariel Winograd presenta su película 'Vino para robar' en el centro penitenciario

Recibido en el photocall penitenciario sin descuidar un solo detalle -con sofá rojo, alfombra azul y rodeado del mobiliario realizado por los propios internos del penal de La Ribera-, Ariel Winograd recogió expectante la pajarita en fieltro que identifica al festival paralelo al Iberoamericano, muestra que estos días despliega en la cárcel su 26 edición. El director de cine argentino, que compite por el Colón de Oro en la 39 edición del festival onubense con Vino para robar, aún no sabía cómo su visita al centro penitenciario iba a marcarle. Tanto que, según aseguró ayer, tardará "días en procesarlo".

El alma y artífice de esta muestra paralela, en cuyo marco los presos concederán el sábado la Llave de la Libertad a la película que más les guste, es Paco Regueira, quien atribuyó su celebración al trabajo de los profesores del centro de educación permanente Miguel Hernández Gilabert, ubicado en la propia prisión, al equipo directivo de la cárcel y a los funcionarios de la misma que, en sus palabras, "se toman el trabajo de estos días con todo el cariño del mundo para que todo salga a la perfección".

La película brasileña Brazilian Western supuso el lunes el pistoletazo de salida del festival paralelo y, tras la segunda sesión de ayer, en la que se proyectó Vino para robar, Winograd se subió al escenario del área sociocultural para someterse a las preguntas de los numerosos internos asistentes. El presupuesto de la cinta, los escenarios, los castings, los cambios en el guión o el rodaje de las escenas centraron el interés de los participantes. Alguno incluso se ofreció de extra para próximos proyectos, mientras que otro deseó al director "salud, que se haga millonario y que lo comparta con los pobres".

"Nos ha parecido maravillosa la película. Ha estado muy entretenida. Lo que más me ha llamado la atención es el trato entre el hombre y la mujer: están así como distantes e intentando crear un margen entre los dos, aunque después se han llegado a enamorar. Ha sido muy bonito", valoró Sergio Ortiz Fernández. Mientras Francisco Rojano confesaba que iba a ponerle un ocho (las cintas se puntúan del uno al diez), José Borrero Fernández y Moreno Matías calificaban de "preciosa" la cinta -tanto que iban a volver a verla- si bien se les hizo demasiado corta: "Estamos con ese deseo de ver cosas, a cada cual más bonita, y se nos van los 90 minutos en un momento", señalaron.

Al igual que el año pasado, Carmen, una interna amante de los actos culturales, condujo el encuentro. La joven explicó que el festival ayuda a los presos a crecer como personas, a aprender y a cultivarse. "La muestra es algo único e incluso en la calle no tienen la misma posibilidad que tenemos aquí de tratar con los actores o con los medios de comunicación", manifestó.

Tras el turno de preguntas, el director de la cinta recibió un obsequio realizado en los talleres penitenciarios de manos de Esther. "Una parte tuya se queda aquí y tú te llevas también una parte nuestra", aseguró la interna, que estos días se encarga, junto a cuatro presos más -César, Benito, Esther y Abel- del programa de Uniradio El zapato roto, en el que entrevistan a los actores, directores y productores que estos días pasan por la cárcel.

"Para nosotros esta iniciativa significa mucho. Es una ventana abierta al exterior que, en este caso, viene con alguna alfombra azul. Entregaremos la Llave de la Libertad por decimotercer año después de que los internos vean las películas y las voten. Es un honor que se lleven el premio al otro lado y estamos muy agradecidos de que cuenten con nosotros", afirmó.

La visita a la cárcel resultó "alucinante" para Ariel Winograd, quien aseguró que "es impresionante la sensación de tener la posibilidad de que la película se pueda proyectar en diferentes lugares y que genere esta iniciativa en conjunto con el festival".

El próximo sábado se conocerá el destinatario de La Llave de la Libertad, uno de los premios más queridos del festival. Naturales y espontáneas, las opiniones de los votantes, que ya son un público más que respetado del Festival de Cine Iberoamericano, no pasan desapercibidas. Son, a buen seguro, unas de las más sinceras.

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