La inmigración que también se vive en México, a través de dos trabajadores

Tijuana es una ciudad del norte de México marcada por la violencia del narcotráfico y las mafias que controlan el paso por la frontera a Estados Unidos. Tiene una realidad cruda que a menudo salta a la actualidad informativa. Pero no todo es eso. También tiene una población silente, mayoritariamente inmigrante, de muchos centroamericanos que se quedaron en el camino al paraíso. En ellos se centra Workers, coproducción de México y Alemania y primera película del director de origen salvadoreño José Luis Valle.

La actriz Susana Salazar presentó ayer la cinta a concurso en el Iberoamericano, donde reconoció que es una "apuesta arriesgada del director" en muchos sentidos, entre ellos la factura visual y los tiempos de narración, que no han sido bien recibidos por todos los públicos.

A pesar de todo, Workers llega a Huelva con varios premios en su haber, entre ellos los de los festivales internacionales de Morelia, Guadalajara y Biarritz, en los que se ha valorado el estilo compositivo de Valle para reinvidicar una historia de personajes "solitarios y con cierta despersonalización". "Pero no todo es tristeza -aseguró la actriz protagonista- porque también hay toques de humor ácido".

"Está ubicada en una ciudad muy violenta como Tijuana, pero elude centrarse en el narcotráfico y en debates políticos. Se busca algo más profundo, centrado en lo humano. Se habla más de solidaridad para tomar una conciencia social", aseguró Salazar.

La actriz contó que el director y guionista José Luis Valle define Workers como "una película de largos alientos". "Buscaba reflejar un ambiente denso, que se notara el espesor en el aire, la realidad de la gente", explicó para hacer comprensible ciertas escenas prolongadas en el metraje. "También se trataba de reflejar algunas de las partes más oscuras de Tijuana", defendió.

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