La leyenda del 'Cavallino Rampante'

El símbolo de Ferrari, un caballo negro encabritado levantándose sobre sus cuartos traseros, originalmente fue la insignia del conde Francesco Baracca, legendario as de la aviación italiana durante la Primera Guerra Mundial. Diversas teorías han intentado explicar la presencia de esta mascota en el fuselaje de su biplano: porque su escuadrón pertenecía a un regimiento de caballería, él era el mejor cavaliere de su equipo, por la abundancia de equinos que su familia poseía en sus fincas, o tal vez tomó el diseño de un piloto alemán que lucía el emblema de la ciudad de Stuttgart (curiosamente, lo que haría el fabricante de automóviles Porsche). El 17 de junio de 1923 Enzo Ferrari gana una espectacular carrera en el circuito Savio de Rávena, y allí conoce a la condesa Paulina Baracca, madre de Francesco. Ésta, impresionada por su victoria, le pide que utilice el caballo en sus coches, apuntando que le traería bona fortuna. Cuando Enzo, Il Commendatore, funda Ferrari en 1929, conservó el corcel tal como había estado en el avión de Baracca (de color rojo sobre una nube blanca), pero le añadió un par de modificaciones: pintarlo de negro en señal de luto por los aviadores fallecidos durante la guerra (entre ellos, el mismo Francesco) y colocarle un fondo amarillo (el color representativo de Módena, su ciudad natal). La otra variante es que en el Cavallino de Ferrari, la cola apunta hacia arriba, y el de Baracca hacia abajo. Fabio Taglioni, cuyo padre fue compañero de Baracca en su escuadra aérea, lo usó también en sus motocicletas Ducati, pero cuando la fama de Ferrari empezó a crecer, Taglioni abandonó el caballo.

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