Flamenco para entrar en calor en NY

  • El Museo Guggenheim de Nueva York acoge el espectáculo 'Dressed to dance' ('Vestidos para bailar'), un desfile del vestuario más emblemático que ha servido para los montajes de danza española y flamenco más famosos de todos los tiempos.

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Un manto de nieve cubre las avenidas más famosas de Manhattan tantas veces filmadas para la gran pantalla, menos 10 grados marca el mercurio, y, sin embargo, dentro del Museo Guggenheim de Nueva York el calor se percibe de cerca en los cuerpos de un grupo de artistas que, comandados por el coreógrafo Carlos Chamorro, bailan y desfilan, desfilan y bailan, con el vestuario más emblemático de diferentes montajes de la danza española y el flamenco de todos los tiempos procendentes de colecciones públicas y privadas. Es el Dressed to dance (Vestidos para bailar), una iniciativa que prologa el programa del Flamenco Festival en Nueva York, dirigido por Miguel Marín, y que el martes por la noche congregó a más de 600 entusiastas de la cultura española, el diseño y la danza en el edificio del célebre Frank Lloyd Wright.

Esta propuesta "subraya la relación entre la danza española con las artes visuales y el diseño", dice su directora Margaret Jova, y escenifica "el vínculo histórico entre el flamenco y la vanguardia". No en vano, a través de un montaje que jugó con la forma helicoidal del vestíbulo del museo, María Pagés, Rocío Molina y Manuel Liñán, que interpretaron extractos de sus coreografías, sus respectivas compañías y el resto de integrantes del cartel del Flamenco Festival dieron vida, fuera de las tablas de un teatro, a los trajes de representativos espectáculos de la danza como los de El sombrero de tres picos, diseñados en su día por Pablo Picasso y cuyas réplicas exactas pertenecen a los fondos del Ballet Nacional de España, institución que ha cedido para la ocasión siete piezas; o del genio Dalí, del que en el desfile se rescata una de las versiones que realizó para la indumentaria de Doña Inés en Don Juan Tenorio y que ha servido de inspiración para otros montajes de este drama clásico tanto en teatro como en danza.

A través de la gran variedad estética del traje en las últimas décadas, el Dressed to dance subió a la pasarela los trabajos de figuras de la escenografía y las artes escénicas como los de Vicente Viudes para Sonata en Re Bemol Mayor, los de Víctor María Cortezo para Concierto de Aranjuez o los de Néstor, ligado a la determinante estética de Antonia Mercé La Argentina, a los que hay que sumar los trajes cortos y los blusones de escena que diseñaba personalmente Miguel de Molina para sus espectáculos. No faltó en este desfile bailado, en el que se pudo contemplar las creaciones de los modistos españoles Lorenzo Caprille y Devota & Lomba, la famosa bata de cola negra que Giorgio Armani diseñó en 2002 para Joaquín Cortés y que fue realizada magistralmente por la mano veterana de Lina.

Y fue con una bata de cola de terciopelo, la misma con la que María Pagés estrenó en Tokio en 2004 su Sevilla, con la que la sevillana deslumbró al personal, atónito ante esta singular y bella fusión de teatralidad, moda y baile. Será precisamente el baile el que traiga esta semana al City Center de Nueva York, uno de los templos de la danza de todo el mundo, la vanguardia del baile español.

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