Love is in the Net

  • Las redes sociales son las celestinas de este siglo 'On line' es donde más parejas nacen... Y mueren

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Cuando estamos enamorados brillamos más, nuestro mundo es más bonito, más apacible. Todo cobra más sentido, nacen los suspiros desde la boca del estómago y la vida es de color de rosa. Literal. Por eso, hoy es un día grande para los tortolitos. Esos que están enamorados pero no tienen por qué sentir amor. Sí, estar enamorado y sentir amor son sentimientos completamente distintos. El enamoramiento es fugaz, a veces incluso se define como un estado psicótico transitorio, por la idealización que se hace de la otra persona. El amor, en cambio, va más allá de la pasión y el erotismo, aunque son conceptos que abarca cual muñeca rusa. El amor es serenidad, es un vencer de los malos despertares y un arreo a la rutina. Un nosotros, pero de verdad. La vida va tan rápido, galopa tan deprisa, que es complicado dar ese paso de lo sensorial a lo sentimental. Y es aquí donde entran las nuevas formas de ligar, de enamorarse, de sentir amor.

Dicen que el trabajo y el gimnasio son dos de los lugares idóneos para que salte la chispa. En el primero desafortunadamente cualquiera se arriesga a desorientarse, si es que lo hay, y en el segundo entra en juego la timidez. Sudor, poco maquillaje, complejos al descubierto... O eres un cachas o la llevas clara, amigo. A la hora de encender el radar de las relaciones todos tenemos una imagen virtual que mostrar, o sea un nosotros de chapa y pintura. Todos elegimos la ropa que usar o como peinarnos el cabello para estar más resultonas. También qué selfies compartir en nuestro Facebook para llamar la atención de nuestros contactos. Y es que aquí entra lo realmente interesante. ¿Qué papel juegan las redes sociales en la nueva era de la coquetería? Uno muy importante sin duda. Ojito Cupido, que igual tienes que cambiar las flechas por likes o retuits.

No somos famosos ni tenemos tanta vida social con lo que el móvil, la tablet y el ordenador se han convertido en el mejor arma para conocer posibles amoríos. En los últimos años, Whatsapp se ha convertido en la plataforma que más parejas ha creado, a la par que destruido. Resulta impresionante como un 'en línea' puede adueñarse de nuestros sentimientos, y ya ni hablemos de un 'escribiendo'. Tres frases y cuatro emoticonos pueden servirnos en estos tiempos para enamorarnos, o creer estarlo. Las redes sociales son máquinas de construir a esa persona ideal, pero también cuna de la decepción llegado el momento. Dicen que el sentimiento romántico es mayor cuando no se conoce del todo a la persona amada, el día a día es la manguera que apaga el fuego de la pasión.

Y ya ni hablemos de ir al grano. Hablar con una pantalla, sin tiempo ni hora, hace que la complicidad aumente y las relaciones sean al principio mucho más desinhibidas. Internet ha cambiado las formas de ligar y crear lazos afectivos. Es como el amor epistolar del siglo XXI. Aunque no tan platónico.

Pero el ser humano no se detiene. Necesita relaciones trascendentales, darle emoción a la cosa. Somos así de complejos, e imprudentes. Al igual que ahora tenemos acceso a conocer a más gente y de una forma más espontánea también corremos el peligro -sí, el peligro-, en esa búsqueda constante del frenesí, de que entre en escena otra persona que llame nuestra atención. Nunca antes habíamos tenido el acceso a millones de personas distintas sin movernos. Ni tampoco la posibilidad de volver a tener contacto directo con examantes, exparejas, amigos... Las personas tenemos muchas aristas y la nostalgia romántica no pocas veces se confunde con la pasión. Otro error, y gordo.

Las redes sociales han puesto en jaque el contrato implícito del amor, la fidelidad y la exclusividad afectiva. Un estudio dice que el 80% de los juicios de divorcio actuales comienzan con pruebas informáticas.

Twitter, Whatsapp y Facebook entienden a la perfección el lenguaje de los adúlteros. Tampoco hay que ser alarmista, sólo debe quedar claro que el peligro diario existe. Y de eso nadie, ni el mismísimo San Valentín, nos puede librar.

Los infieles, además de infieles, son a día de hoy verdaderos informáticos. Expertos de las mil y una aplicaciones que nacen diseñadas especialmente para ellos. Tanto se está sofisticando la cosa que internet parece ser el final de la monogamia, o algo así. El portal Victoria Milan promete "aventuras discretas" para personas casadas o con pareja que "quieran salir de la monotonía y añadir algo de morbo a su vida". Pero no es el único lugar en internet. Otras plataformas como Ashley Madison o Mi affaire son algunas de las aplicaciones que demuestran que ser infiel es más fácil que nunca. Eso sí, hay una desbordante mayoría masculina. Forman una realidad virtual junto a Badoo (para jóvenes, menores de 30 años), Meetic (la más veterana, para buscar una pareja formal), Parship, Adoptauntío, eDarling, eHarmony (presume de discreta) Miumeet, Easyflirt, Twoo,Tinder (para ligar con estilo), StreetMatching (esta red geolocaliza potenciales parejas, para encontrarlas asñi en la calle), OKCupid, FriendScout24 Grindr (para gays) o Brenda y Qrushr (para lesbianas).

Redes sociales que son herramientas para comunicarse con corazones solitarios o ávidos de emoción y que le ponen la tarea muy complicada al ángel del amor. Cupido ya lo sabe, reinventarse o morir. Para estar al día debe cambiar ya el arco y las flechas por un smartphone.

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