Ortega y su vida sin Rocío

  • El torero y sus dos hijos adoptivos no levantan cabeza desde que falleció Rocío Jurado. Tras recurrir los dos años y medio de prisión que penden sobre él, ahora ha sido detenido su hijo por robo y agresión.

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Entrada al prostíbulo El Rey 2000. José Fernando Ortega, hijo del torero Ortega Cano, se ve envuelto en un suceso a consecuencia del cual es detenido horas más tarde. Le acusan de robo de un vehículo y agresión. Prisión sin fianza. El padre, visiblemente afectado, contesta a los periodistas a la salida de los juzgados: "Es una situación muy difícil, no quiero hablar". En algunos programas de televisión comentan estos días que padre e hijo llevaban más de un mes sin hablarse y sin verse. La verdad es que la vida de José Ortega Cano ha sido una caída en picado desde la muerte de su esposa, la legendaria Rocío Jurado, acaecida hace siete años. Ni él ni sus dos hijos, José Fernando y Gloria Camila, han conseguido levantar cabeza. Su ausencia sigue siendo una carga demasiado pesada y un vacío casi insoportable.

Ortega Cano habría sufrido un ataque de ansiedad al enterarse de que su hijo había sido detenido. Quizás por eso no se acercó a las dependencias de la Guardia Civil donde el joven permanecía arrestado, mientras los familiares de los otros implicados en la agresión que sufrió un cliente del prostíbulo donde se inició el suceso, el robo del vehículo de ese individuo y el posterior incendio del mismo, sí que pudieron verles antes de su ingreso en prisión.

José Fernando contó en los primeros momentos con la asistencia de una abogada de oficio muy conocida en los juzgados penales de Sevilla, Mónica Gallardo, la defensora de Miguel Carcaño, asesino confeso de la joven Marta del Castillo, el crimen cometido hace cuatro años.

Cuando Ortega Cano ha podido ya reaccionar ha encargado la defensa de su hijo a otra abogada penalista, Esperanza Lozano, que intentará la libertad condicional con fianza de José Fernando, que se enfrenta ahora a la posibilidad de que le impongan cinco años de cárcel. La familia está destrozada por un suceso grave que, en principio, no atisbaban en el comportamiento del joven.

El diestro cartagenero, ya retirado, debería tener un presente más apacible tras haber rehecho su vida sentimental con Ana María Aldón y estos meses ambos afrontan la crianza de su primer hijo biológico, José María. Pero ni su pasado (por los problemas legales que él mismo arrastra), ni ahora la situación de su hijo José Fernando le dejan disfrutar de su recién estrenada nueva paternidad.

Mientras su hermana Gloria Camila es una chica estupenda y excelente estudiante, José Fernando se ha dedicado en los últimos años a dilapidar la herencia de su madre en clubs de alterne y juergas con muchos excesos. Habría ya derrrochado un millón de eurosde los que heredó de su madre, dinero que le permitía hasta ahora vivir sin hacer nada. El proyecto hostelero que su padre le ofreció desarrollar se quedó en el camino. En definitiva, se niega a buscar un empleo y trata de evitar vivir bajo el techo de su padre y sus normas. Ortega Cano ya no sabe cómo hacer que su hijo siente la cabeza.

Por si fueran pocos problemas, el propio Ortega ha recurrido la sentencia que le condenó a dos años y medio de cárcel por el accidente de tráfico que protagonizó y en el que perdió la vida Carlos Parra, con el que chocó de manera frontal cuando circulaba a 125 kilómetros por hora en una vía limitada a 90 cercana a la finca Cantora.

Desde aquel fatídico día, los testimonios de personas que han trabajado para él y allegados desvelaron que solía tener un comportamiento inadecuado. Él amenaza con querellarse contra todo aquel de su entorno que viole su intimidad.

Los últimos años, desde luego, no han sido fáciles para el maestro. Tras morir su esposa, falleció un año después su madre, doña Juana, a la que estaba muy unido. Más de una vez declaró entonces que se sentía muy solo y ahora, cuando recupera la ilusión de vivir con un hijo recién nacido y una nueva pareja, la detención de su otro hijo supone otro jarro de agua fría, otro revés para quien se le comenzó a torcer todo hace diez años.

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