El armario de una primera dama

  • Las esposas de los hombres más poderosos del planeta son figuras de primera línea cuyo aspecto no sólo va supeditado al gusto personal, sino al mensaje que quieren transmitir

Detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer (con estilo). Tiene todo el sentido que tras cualquier aparición de la compañera de algún dirigente haya un equipo de estilistas, peluqueros y maquilladores trabajando a destajo. Y es que a través de los ojos es por donde más y mejor información se recibe, y parte del trabajo de las consortes y las primeras damas es transmitir serenidad, estabilidad y una imagen moderna de sus países. Una primera dama es más que una esposa, es una figura política, por lo cual su aspecto no solo va supeditado al buen criterio personal o el de un especialista en imagen sino también al mensaje que se pretenda dar. Y ahí el fondo de armario tiene mucho que decir, o mejor dicho que representar.

Son muchos los detalles a tener en cuenta. Nuestra Reina, doña Letizia, por ejemplo, es una trendsetter a la que no se le permiten licencias, aunque parezca lo contrario. No obstante, en el caso de la realeza el gusto personal está más presente, dentro siempre del exigente protocolo. En el caso de las primeras damas, excepto en las citas de gala, su vestuario suele ser más regio y sobrio. En ambos casos hay que tener cuidado con el público receptor, ante al que hay que evitar dar una imagen ostentosa y frívola.

A pesar de ello, en el armario de la esposa de un mandatario destaca, a día de hoy, ropa actual, que refleje los nuevos tiempos y el aliento de futuro que se quiere ofrecer. Es cosa del pasado que las reinas vivieran con un perpetuo peinado o con una forma de vestir encorsetada, siempre varios pasos por detrás de sus poderosos maridos. La reina emérita doña Sofía o Silvia de Suecia son ejemplos de ello. Tampoco escapa de su estilo clásico -aunque en este caso los 89 mandan- la reina Isabel II, que no es consorte pero sigue las reglas cortesanas más tradicionales. Al otro lado de la balanza, la duquesa de Cambridge, futura reina consorte de Inglaterra, y una royal que atiende a las nuevas tendencias dentro de sus gustos personales, muy british por cierto.

Las reinas y primeras damas del siglo XXI siguen unas reglas a la hora de vestir. Saben que son el centro de las miradas de cada acto y viaje oficial y que sus atuendos acaban eclipsando incluso a la propia cita dándole un hueco en revistas de moda y tendencias de todo el mundo. A la derecha, las cinco claves de su infalible y siempre respetado estilo.

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