"La experiencia te hace madurar aunque sea a golpes"

Todos le conocimos con aquel tema, millonario en ventas, Sueño su boca, desde el que ha pasado más de una década. Un largo periplo tras la que, el vasco Raúl Fuentes Cuenca, Raúl para el mundo del espectáculo, ha regresado dándolo todo. Y es que, con Se nos rompió el amor -la versión de Rocío Jurado que sirve de carta de presentación de su nuevo álbum, Contramarea-, el intérprete demuestra que, cuando su profesora de canto le animaba a dedicarse al bel canto, razones, no le faltaban.

-Cuatro años sin grabar parece mucho tiempo, ¿no? ¿Qué ha hecho alejado por tanto de los escenarios?

-He estado desconectado de los medios pero sin parar de trabajar. Ése es el "pico y pala" del alma de un disco y, dicha preparación, es dura: elegir repertorio, videoclip… Sea como sea, creo que, el resultado, ha merecido la pena. Estoy muy contento.

-¿Por qué tenía escondido ese vozarrón?

-No estaba escondido sino que, en grabaciones anteriores, los temas que sonaban más no eran con los que más me lucía. Siempre he sido muy baladista y muy lírico y, con Sueño su boca y Prohibida, la voz que tanto me había costado educar, quedó en un segundo plano.

-Ha declarado que se siente infravalorado por muchos profesionales de los medios de comunicación…

-Bueno, así dicho suena un poco brusco pero, cuando solo refieren de mí la faceta más divertida y veraniega mía, queda una "espinita" que espero que, al final, vaya saliendo. Ahora, con este tributo que he rendido a la enorme Rocío Jurado, hay mucha gente que ha descubierto a otro Raúl.

-¿El que resiste gana?

-Pues sí. Muchos compañeros se han quedado en el camino y yo sigo disfrutando mi sueño musical con lo que considero que sigo ganando.

-Hace diez años intentó representar a España en Eurovisión… ¿Volvería a intentarlo?

-Entonces me quedé el segundo, frente a Serafín Zubiri, que fue quien salió elegido. Me hubiera gustado pero, en estos momentos, creo que debe ser un festival para que dé la bienvenida a nuevos valores que vengan a esta profesión de locos.

-Su primer álbum, el mencionado Sueño su boca, vendió casi 800.000 discos… ¿El triunfo a ese nivel se paga?

-Nos sorprendió a todos. A la discográfica, al público y a mí mismo pero, con la experiencia, te das cuenta de los excesos que, como ser humano, has vivido. Tuve que parar para reflexionar, empezar a conocerme a mí mismo e intentar llevar esto de una forma lógica. El mundo del espectáculo y del aplauso puede hacerte perder el Norte.

-Tenía 25 años, ¿no?

-Efectivamente. Siempre me he considerado una persona muy madura, por circunstancias familiares tuve que trabajar desde pronto, pero, psicológicamente, no estaba preparado para lo que me vino durante el 2000 con lo que me aterra pensar cómo otros, más jóvenes que yo entonces, han afrontado éxitos similares.

-¿En qué se nota distinto?

-La experiencia te hace madurar aunque sea a golpes. A nivel personal creces pero los artistas somos caprichosos y soñadores y, a veces, volvemos a caer en los errores cometidos. El mundo de la música tiene rincones siniestros y oscuros.

-¿Qué sería si no fuera cantante?

-No quiero ni planteármelo (risas).

-¿Cuándo le conoceremos pareja?

-No tengo intención de contarlo pero, si me pilláis… (risas)

-Pero, ¿le han roto o ha roto más corazones?

-Profesionalmente, lo he roto yo más, personalmente creo que me lo han roto en mayor número de ocasiones.

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