"Si te marcas una meta, y eres formal, llegas"

Su hablar es pausado y, con su sonrisa sincera, Lina ha tratado por igual a cualquiera que, desde que, en 1960, iniciara su andadura profesional, ha requerido sus servicios. Entre su selecta clientela, nombres como el de la duquesa de Alba, Grace Kelly, Carmen Sevilla, Rocío Jurado y, sobre todo, Isabel Pantoja, a quien suele realizarle gran parte de la ropa que la artista luce después sobre los escenarios. Así, amparada en un concepto clásico -y, a la vez, revolucionador de la costura-, Marcelina Fernández, su nombre original, ha sabido ganarse un lugar escrito con letras de oro en el que no podemos olvidar la labor que también hizo el que fuera su compañero inseparable, Francisco Montero. Ahora, cincuenta años después, la diseñadora celebrará estas particulares "bodas de oro" con la moda con un desfile que, el próximo lunes 22, rescatará su pasado, pondrá sobre la mesa su presente y avanzará ese futuro en el que ya trabaja la que es su relevo, su hija, Rocío Montero.

-¿Cómo está llevando este aniversario tan especial?

-Me encuentro un poquito mareada, la verdad (risas). No está una acostumbrada a esto, con lo que estoy deseando que llegue el día del desfile…

-Será una etapa de muchos recuerdos, ¿no?

-Sí. Te pones a pensar y no paras. Todo pasa como una película. Cuando estoy en casa me da un poco de sentimiento pero pesa más la satisfacción y la alegría.

-¿Cuándo fue el momento en el que inició su andadura como diseñadora?

-Es que, antes, lo de "diseñador", no existía. Eso ha salido hace poco… En mi época te metías con diez añitos de aprendiza. Yo empecé pegando botones, aprendí dos sistemas de corte y, desde ahí, ideé el mío propio.

- ¿De qué se siente más orgullosa?

-No sé… Lo que sí me queda claro es que invento, que he creado. Antes se quedaban las axilas al aire y yo empecé a cambiar eso. Igual que mis escotes, que no llevan cordón, y el vuelo, que es justo pero no apelmazado. Es como el que hace un guiso. Cuando lo preparas con cariño, sale más bueno. He sido una adicta al trabajo. Si te marcas una meta, y eres formal, llegas.

-¿Qué papel ha jugado en su camino su esposo, Francisco?

-Yo era una modista o una costurera más y él era torero. Vivía en la casa de abajo y, cuando salía, lo veía muy guapo pero, con esa vida, no para mí. Renunció a las plazas y… ¡bendito sea! El que hizo a Lina fue mi marido. Si tienes las espaldas cubiertas, quien te haga feliz, todo es más fácil. Era muy intuitivo e incorporó avances, como una máquina de bordar que trajo de fuera, importantes para nosotros.

-Aparte, ha sido usted la favorita de muchos grandes personajes…

-Yo les llamo los "regalitos de Dios". Nunca he ido en busca de nadie y, cuando aparecían por las puertas de mi casa, no me lo terminaba de creer. La primera fue la marquesa de Villaverde y, al principio, se acercaban al patio de vecinos donde residíamos. Luego nos fuimos a la calle Gravina, a la plaza de Santa Cruz y, desde ahí, a un local pequeñito que abrimos en el centro. Sea como sea, hemos tratado por igual, con el mismo respeto, a cualquier clienta que ha solicitado nuestros servicios.

-Voy a mencionarle nombres para valorar su opinión al respecto… A ver, la duquesa de Alba…

-Es un encanto y la quiero. Le he cosido a las tres generaciones: a ella, a Eugenia y a su nieta, Cayetana.

-Isabel Pantoja…

-Desde que tenía siete años a ahora le he hecho casi todo… Siempre ha seguido viniendo y, por ejemplo, el vestuario del espectáculo nuevo, es nuestro.

-Rocío Jurado…

-Todo corazón. Le atendí durante dos décadas. Era arte, inteligencia, cariño…

-Y de su hija, Rocío Montero, la continuadora de su legado… ¿Cuál es su valoración?

-¡Qué crees tú! Lo suyo es otra preparación, otra época. Ha hecho una carrera. Yo apenas fui al colegio… Es una señora en toda la extensión de la palabra. Le ha gustado la costura desde pequeña, cuando hacía batas de cola a las muñecas. Conoce lo clásico e incorpora lo nuevo, para que no digan que Lina se ha quedado antigua…

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