El surrealismo se adueña de Madrid

Victorio & Lucchino han desplegado toda su alma andaluza por la pasarela madrileña. Los modistos se han dejado seducir este año por los valores tradicionales de nuestra tierra dotándolos, de forma exquisita, de detalles de la estética cristiana, árabe y judía. Una fusión cultural explosiva que no deja atrás la elegancia propia de la firma. El carácter ecléctico de esta colección se inspira en el espíritu de finales del s. XIX y principios del XX donde se dispersan las formas, tejidos y colores sin llegar a concretarse demasiado. La mujer luce toda su feminidad con vestidos hasta los pies, ergonómicos y muy ceñidos a la figura , así como las faldas tipo lápiz encajadas en la cintura y ajustadas en la cadera. Los tejidos empleados dotan de cierta tridimensionalidad a la prenda, con la mezcla del terciopelo o el efecto piel en seda. Los contrastes de texturas y, la superposición de tejidos junto a la paleta de color empleada en tonos beige, bronce, azul petróleo, y para la noche el mostaza y dorado, así como el uso de la pedrería, el encaje y los ribeteados, marcan la singularidad de una colección basada en el eclecticismo.

Con Aghata Ruiz de la Prada, las maniquíes abrieron el desfile admirando lienzos. Una colección muy ligada al arte y al gusto de la diseñadora. En esta ocasión los brochazos de Jackson Pollock, las composiciones de Vasarely y los puntos de Yakoi Kusama fueron los protagonistas. En su colección, los vestidos, en su mayoría con forma de globo, al igual que las faldas y túnicas amplias, carecen de sus habituales estampados de corazones, estrellas y soles, y dan paso a las líneas geométricas, estampados retro y aplicaciones de ganchillo en cuellos, bolsos y bolsillos. El elemento sorpresa de su colección es el tejido acolchado con botones chester. Los leggins son el complemento más empleado en toda una gama de colores con acabado metalizado, tanto para el día como para la noche.

Por su parte, el valenciano Francis Montesinos preparó la puesta en escena más espectacular de toda la jornada cibeliana. El inicio, marcado por un poema, desencadenó la apertura del telón y ¡voilá! el traje fetiche de su colección divina: un tutú de pluma blanca con cuerpo en pedrería y pluma para el tocado. Todo un homenaje a Dalí, en el 20 aniversario de su muerte, y su musa, Gala. Los vestidos en terciopelo con los estampados pictóricos de corte surrealista- así como su inigualable puesta en escena- levantaron a un público entregado a la magia del puro arte en movimiento. También los vestidos de gasa, en tonos azulados, dominaron el desfile, resaltando la feminidad de una mujer convertida en diosa. Mientras que la guitarra flamenca introdujo una línea, para la mujer y el hombre, marcada por los lunares, la provocación, dentro de este universo surrealista, vino representada con un casco hecho de rosas que cubría el rostro de la modelo . La danza puso fin a su colección cuando hombres y mujeres hormiga, se adueñaron de la pasarela resaltando el elemento vivo en la pintura de Dalí y en el cine de Buñuel. Francis Montesinos despidió la temporada otoño-invierno 2009-2010 ataviado como el auténtico Dalí, por si todavía había duda.

El punto seductor llegó con Jesús del Pozo, con la seda como denominador común de una colección sencillamente sofisticada. La espalda cobró protagonismo, al dejarla al descubierto mediante cruzados. L os tonos invernales en berenjenas , gris piedra, azulones y los estampados florales sobre blanco, dotaron de una armonía y elegancia a la mujer.

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