El viernes de los sombreros

  • Londres se convierte en una pasarela de tocados y pamelas a juego con vestidos muy discretos y combinados con abrigos o chaquetas

Discreción y atuendos de un solo color fueron la nota dominante entre los invitados de las casas reales al enlace del príncipe Guillermo. Los vestidos cedieron por una vez protagonismo a llamativos tocados o grandes pamelas, como una revisión contenida de Ascot. Fue, por tanto, una boda que trajo de cabeza a más de uno; una pasarela de sombreros, más que de trajes.

Entre los miembros de la realeza más elegantes se encontró Doña Sofía, muy favorecida con un traje de dos piezas malva y tocado del mismo color de Margarita Nuez, la misma diseñadora del vestido que utilizó para la cena de gala de la noche anterior. La Princesa de Asturias también volvió a recurrir a Felipe Varela para la boda y logró un resultado convincente pero discreto con un vestido en muselina plisada rosa terracota, con bordados imperio en hilo, zapatos en raso del mismo tono de Magrit, guantes en ante, bolso de boquilla fruncido y sombrero de Pablo y Mayaya. El Príncipe Don Felipe, por su parte, vistió uniforme de gala de capitán de fragata.

En general, dos combinaciones fueron las más recurrentes: la de abrigo y vestido, en el caso de señoras mayores, o vestido más chaqueta para las más jóvenes. En el primer grupo se encuadró la duquesa de Cornualles, quien optó por un Anna Valentine, que fue la diseñadora de su vestido de novia. También, la madre de la novia, Carole Middleton, que acertó de lleno con su elección, y un largo etcétera entre las que figuran, asimismo, la princesa Ana, la reina Margarita de Dinamarca y la propia reina Isabel II, de sí misma, sólo innovó con el amarillo de su Anna Valentine (ay, la misma diseñadora que Camilla).

Máxima de Holanda, con un vestido de encaje color maquillaje y turbante, y Victoria de Suecia, con un modelo ceñidísimo en tono melocotón y pamela del mismo color, fueron las grandes sorpresas de la jornada y las únicas que destacaron por introducir algún elemento innovador. Charlene, la prometida de Alberto de Mónaco, correcta, llamó la atención precisamente por lo contrario: por no ser original e ir con un vestido que la hacía mayor. Matilde de Bélgica también recurrió a un look algo trasnochado.

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