La Crisis de los Misiles, el conflicto que definió la presidencia de Kennedy

  • La gran victoria de su mandato reforzó el papel de la diplomacia frente a los asesores militares.

La Crisis de los Misiles que llevó al mundo al borde de la guerra nuclear fue un momento clave de la presidencia de John F. Kennedy y aunque su gestión no estuvo exenta de críticas, se ha erigido con el tiempo en la gran victoria de su breve mandato.

Cincuenta años después del asesinato de Kennedy, son pocos los estadounidenses que no mencionan de inmediato la crisis de los misiles en Cuba cuando se les pregunta por el hecho que más recuerdan de su presidencia.

"Poco a poco, se ha ido perfilando como el momento definitorio de su presidencia", dijo a Efe Timothy McKeown, experto en la crisis de los misiles y profesor en la Universidad de Carolina del Norte.

"(Nikita) Jrushchov y él pudieron haber volado el mundo y no lo hicieron. Puede sonar un poco simplista, pero es lo más importante que ocurrió en su mandato", coincidió Leo Ribuffo, profesor de historia en la Universidad George Washington.

La crisis mantuvo al mundo en vilo durante 13 días, desde el 15 de octubre de 1962, cuando EEUU descubrió los misiles soviéticos instalados en San Cristóbal (Cuba), hasta el día 28, fecha en la que el presidente ruso Jruschov cedió y ordenó la retirada de los 42 misiles.

Ese paso atrás de Jrushchov se atribuye mayoritariamente en EEUU al temple de Kennedy, que ignoró la insistencia de sus asesores militares en bombardear Cuba y optó en cambio por ordenar un bloqueo naval de la isla el 22 de octubre y seguir negociando pese al derribo de un avión estadounidense U2 el llamado sábado negro.

"Particularmente hacia el final de la crisis, cuando había un fuerte sentimiento de que era necesario proceder con el uso de la fuerza, la reticencia de Kennedy a hacerlo es la única razón por la que no entramos en una guerra mayúscula", evaluó McKeown.

Si la crisis hubiera estado en manos de su sucesor, el entonces vicepresidente Lyndon Johnson, el escenario habría sido muy diferente, según el historiador Eric G. Swedin.

"Johnson era enormemente susceptible a los consejos de los militares, y los consejos de los militares en este caso eran incorrectos. Este fue el momento más brillante de JFK", apuntó Swedin al diario Standard-Examiner.

Esa conclusión no estaba tan clara en la resaca inmediata de la crisis, cuando gran parte del ala conservadora de EEUU lamentaba lo que veían como una capitulación ante los soviéticos y una oportunidad perdida de poner fin al régimen de Fidel Castro en Cuba.

"Hemos encerrado el comunismo de Castro en Latinoamérica y tirado la llave para su derrocamiento", aseguró entonces el influyente senador republicano Barry Goldwater.

El futuro mandatario estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), que por entonces era la mano derecha de Goldwater en su incipiente campaña presidencial, aseguró al concluir la crisis que Kennedy "debería haber insistido en la libertad para todos los cubanos".

Más de medio siglo después, no faltan quienes recuerdan que Kennedy fue asesinado un año más tarde, Jrushchov fue privado de su cargo dos años después y Castro continuó como jefe de Estado en Cuba durante 46 años más.

Pero pesa más el haber evitado "una guerra que habría matado a cientos de millones de personas y destrozado varios países" si se hubieran activado los arsenales nucleares de las dos potencias enemigas en la Guerra Fría, recordó McKeown.

"Para quien tenga algún aprecio por el hemisferio norte del mundo, éste fue el legado más relevante de Kennedy", señaló Ribuffo.

La gestión de JFK dejó además dos claras lecciones a los futuros líderes estadounidenses: "que la diplomacia coercitiva puede ser una solución viable para crisis graves, y que el secreto del éxito es mostrar una gran determinación y apoyarla en un extenso poder militar", resumió McKeown.

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