análisis | situación de la economía malagueña

10 AÑOS DE CRISISUna década de supervivencia

  • En 2007 se empezó a hablar de "desaceleración" y la crisis ya estaba en marcha

  • La construcción fue el sector más arrasado en Málaga

Personas pasean por la calle Larios. Personas pasean por la calle Larios.

Personas pasean por la calle Larios. / javier albiñana

A finales de 2007, cuando muchos malagueños compraban viviendas a precios desorbitados confiando en que, como había ocurrido en los años anteriores, se iban a revalorizar en apenas semanas, los mecanismos macroeconómicos en Estados Unidos y en otras grandes potencias empezaban a chirriar. Las hipotecas, que se habían concedido con una alegría inusual, estaban convirtiéndose en una gran bola de nieve de posibles morosos y saltaban las primeras alertas. En España, el ministro Solbes indicaba que había crisis hipotecaria pero afirmaba que no afectaría al sistema financiero español. Poco después Zapatero hablaba de "desaceleración" hasta que, ya en 2008, el gobierno, entonces socialista, tuvo que reconocer que estábamos en crisis. Una palabra maldita que nos ha estado acompañando durante años y que ha desaparecido o no en función del interlocutor.

Han pasado diez años desde que se empezaron a ver las orejas al lobo, pues el lobo al completo se observó en pleno esplendor a partir de la quiebra de Lehman Brothers en octubre de 2008. Málaga fue una de las primeras en caer porque tenía una alta dependencia de la construcción, que llegó a representar cerca del 20% del PIB cuando ahora está en torno al 5%. Las ventas inmobiliarias empezaron a desplomarse, las promotoras -que habían pedido préstamos multimillonarios para hacer frente a las compras de suelo, la construcción y el pago de salarios- se quedaban con viviendas vacías y el valor de los activos se depreció, dejando tanto a los bancos como a los particulares con agujeros insondables en sus cuentas. Muchas promotoras y constructoras desaparecieron, despidiendo a miles de personas y la rueda comenzó a girar, afectando al resto de sectores. El paro se disparó en los años siguientes, llegando a alcanzar tasas de desempleo superiores al 36%, y la depresión económica y social era absoluta. La palabra crisis se repetía en todos sitios, en los bares, en las conferencias, en los colegios... Nadie esperaba que la recesión fuera a ser tan profunda y duradera, pero la verdad es que no se empezó a respirar hasta 2015. Por el camino han quedado muchas empresas y muchas personas, que han tenido serias dificultades para reintegrarse al mercado laboral, tantas que miles de ellas, sobre todo las de mayor edad, aún no lo han conseguido, mientras que miles de jóvenes han tenido que emigrar.

Los datos macroeconómicos afirman que Málaga ya no está en crisis. Se espera que este año crezca el PIB un 3,1% en la provincia y que la tasa de paro baje, por primera vez en años, del 20%. Tras el paso del huracán han sobrevivido, principalmente, el turismo, el PTA y la industria agroalimentaria, con gigantes como Dcoop o el potente sector de los subtropicales. La industria ha tenido altos y bajos y la construcción fue completamente arrasada, tanto en la obra pública como en la privada. La primera empieza a remontar, pero a niveles muy bajos. Entre enero y junio las administraciones han licitado obras por un importe de 149 millones de euros y, de continuar la tendencia, se podrían alcanzar los 300 millones al final del ejercicio, una cantidad que los constructores consideran insuficiente porque estiman que la sexta provincia española necesita, para su mantenimiento y desarrollo, en torno a 800 millones de euros anuales. El sector está respirando por la construcción de viviendas, pues el visado se ha reactivado tras años en punto muerto gracias a que se están vendiendo en torno a 25.000 unidades al año, siendo la inmensa mayoría de segunda mano. En el primer semestre de 2017 se han proyectado 2.442 viviendas en la provincia, el doble que en el mismo periodo del año anterior.

"Estamos con los últimos estertores de la crisis, pero en la inversión pública no se está notando y eso se traduce en ofertas a la baja en los concursos y que el crecimiento del empleo no es el que deberíamos esperar", comenta Emilio López, presidente de la Asociación de Constructores y Promotores de Málaga. López recuerda el reguero de empresas disueltas de la construcción que dejó la crisis y el sufrimiento de las que han conseguido sobrevivir, tirando de beneficios pasados, reducciones de plantilla y del patrimonio personal.

Dicen que las crisis te hacen más fuerte y, en cierta forma, a la economía malagueña le ha servido para quitarse complejos y salir a vender en el extranjero lo que aquí no se podía. Las exportaciones están en récord histórico, en torno a los 2.000 millones de euros, y hay cerca de un millar de compañías malagueñas que operan de manera habitual con clientes foráneos, siendo algunas de ellas incluso líderes en sus segmentos.

El Colegio de Economistas de Málaga, en sus boletines, ya barruntaba allá por 2010 que la crisis duraría, al menos, hasta 2014. Nadie quería pensar que quedaran aún cuatro años por delante de penurias, pero la verdad es que, como se suele decir, lo clavó. Su decano, Juan Carlos Robles, es ahora bastante más optimista. "La provincia está creciendo bien, a la velocidad de crucero y adecuada para lo que necesita porque se están creando 30.000 empleos al año", expone este experto, que subraya que "estamos abandonando la crisis sin estridencias para tener buen empleo, contribuyendo a una economía más moderada y estando más preparados ante el próximo envite negativo de crisis". La curva económica es ahora ascendente, pero la economía son ciclos y nadie duda que, antes o después, habrá una nueva caída, aunque se confía en que sea menos dañina que la de la pasada década.

La resaca de la crisis es fuerte y ha provocado muchos dolores de cabeza. "La crisis ha sido muy larga e intensa en sus efectos. Ha destruido más de 17.000 empresas en la provincia de Málaga y 54.000 pymes y autónomos en Andalucía. No obstante, hemos aprendido a recuperarnos a base de esfuerzo, sacrificio y adaptación a un nuevo entorno económico y social", explica Javier González de Lara, presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga y Andalucía. El máximo representante de los empresarios andaluces expone que "se han recuperado en los tres últimos años casi el 70% de las empresas desaparecidas. Nuestro tejido productivo ha sabido adaptarse a nuevos procesos de innovación, comercialización, internacionalización y apertura de mercados para ser más competitivos, se han ajustado en gran medida los costes en las empresas y se han recuperado casi 300.000 empleos perdidos". No obstante, González de Lara subraya que "aún es pronto para certificar el fin de la crisis ya que todavía presentan bases imponibles negativas en el Impuesto de Sociedades más del 50% de nuestras empresas. Sin embargo, hay que ver el futuro más cercano con optimismo. Necesitamos más estabilidad institucional, mayor seguridad jurídica, más simplificación administrativa y un sector público más eficiente y competitivo, por lo que es tiempo de consolidar el crecimiento".

Uno de los aspectos en los que más se ha sufrido ha sido en las condiciones laborales. Diez años después del inicio de la crisis, el sueldo medio en Málaga sigue siendo de los más bajos de España y Europa y se han perdido derechos de tanto apretarse el cinturón. La tasa de paro no deja lugar a dudas. En el segundo trimestre de 2007 era del 10% y ahora está en el 22% y casi hay que dar las gracias porque hubo varios trimestres por encima del 30% de manera continuada. "Ha sido una década desastrosa. Triste para los trabajadores porque no solo se ha perdido empleo, sino también derechos sociales, servicios públicos y calidad de vida", lamenta María Auxiliadora Jiménez, secretaria general de UGT en Málaga, quien denuncia que "los recortes han acabado con derechos que se habían conquistado duramente a lo largo de muchos años y ahora hay un mercado de trabajo cada mes mas injusto y precario".

La crisis ha pasado a escala macroeconómica, pero sigue dando latigazos en muchas empresas que aún no tienen beneficios y en miles de personas que no han podido recuperar su empleo y que tendrán que adaptarse a las nuevas exigencias del mercado laboral.

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