Acusados de blanqueo dicen que sólo eran empleados de un sospechoso

  • La Fiscalía Anticorrupción afirma que trabajaban para un ruso, investigado por prostitución y tráfico de armas y drogas con tres órdenes de detención pendientes

La Fiscalía Anticorrupción sostiene que el ciudadano ruso Boris Peter Abramson, de quien afirma que ha sido investigado por la Udyco Costa del Sol, por extorsión, secuestro, prostitución coactiva y tráfico de drogas y armas, se valía, entre otras personas, de dos compatriotas para mover sus negocios en España. Estos peones supuestamente eran German Pastushenko e Irina Goulko, ambos imputados en el caso Ballena Blanca por presunto blanqueo de capitales. Los dos afirmaron ayer ante el tribunal que los juzga que su relación con Abramson fue poco más que casual: alegaron haber sido empleados suyos y como tales, circunstancialmente, llegaron a ser administradores de algunas de sus sociedades.

German Pastuhenko precisó que fue apoderado de Boris Peter Abramson única y exclusivamente porque le encomendó hacerse cargo de la venta de su casa durante un periodo en el que le había contratado para se hiciera cargo comercializar un edificio de oficinas en alquiler que tenía en Marbella. Actualmente Abramson se encuentra en busca y captura por esta causa y tiene también pendientes otras órdenes de detención dictadas por las autoridades austriacas, de acuerdo con el escrito del fiscal Anticorrupción. Las pesquisas en torno a la figura de German Pastushenko fueron una de las vías de investigación que dieron lugar a la operación Ballena Blanca. Las autoridades españolas recibieron dos comisiones rogatorias emitidas por el Ministerio de Interior de la región de Krasnodar y la Fiscalía Togada de la Flota del Mar Negro porque supuestamente en la venta de unas instalaciones turísticas para alojar unidades militares también se había enajenado la carretera de acceso que era propiedad de la administración regional. Esta circunstancia encareció la operación en 6.200 millones de rublos una cantidad que presumiblemente fue a parar a las cuentas de una sociedad de este acusado.

Pastushenko, en cambio, negó ayer esta relación de los hechos al afirmar que siempre que ha declarado por este asunto lo ha hecho en calidad de testigo y no de acusado porque quien estuvo implicado en aquel fraude fue uno de sus clientes en un negocio de distribución de comida que tenía en Rusia. Para desvincularse de cualquier relación con aquella estafa afirmó que llegó a la Costa del Sol con la intención de crear una empresa para atraer turismo ruso a la zona. De hecho compró a través de una sociedad irlandesa a su vez constituida por entidades con sede en paraísos fiscales, un edificio de apartamentos. Pero las cosas fueron mal y se vio obligado a vender y remitir al extranjero los capitales que habían aportado sus socios para a la inversión.

La Fiscalía, en cambio, le acusa de haber blanqueado 1,2 millones de euros y le reclama tres años de prisión y 2,4 millones de multa. Irina Goulko también separó su vinculación laboral y hasta sentimental de los negocios en la Costa de Abramson. Aunque admitió que durante algo menos de un año mantuvieron una turbulenta relación, afirmó que trabajaba como secretaria por un salario de apenas 800 euros con este ruso huido de la Justicia y que si llegó a ser administradora de una de sus empresas fue exclusivamente porque se lo pidió y ella no exigió más explicaciones.

Goulko, acusada de blanquear 500.000 euros, indicó que pudo mantener un alto ritmo de vida desde que se instaló en Marbella gracias a su patrimonio personal, un hecho que declaró y liquidó con Hacienda al llegar a España. Posteriormente su madre le traía en efectivo desde su país cantidades que llegaban hasta los 7 millones de euros mensuales, sumas a las que agregaba su magro salario como administrativa y comercial inmobiliaria.

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