"Alejandro era una alegría; asomaba mucho por su ventana para saludar"

  • Consternación en la barriada de La Mosca, donde vivía el pequeño y en su guardería Le gustaba mucho el fútbol

Dolor e indignación en la barriada de La Mosca, donde, según los vecinos consultados, vivía el pequeño Alejandro desde el pasado verano. La noticia corrió como la pólvora entre residentes y comerciantes, que ayer no daban crédito a lo ocurrido. "Se asomaba mucho a la ventana para saludar a la gente y le decíamos: 'No te asomes, que un día te vas a caer. Y ahora ocurre esto", narraba una de las vecinas.

El encargado de un bar situado frente a la casa del menor le recordaba como un niño muy alegre, al que le gustaba mucho el fútbol. Su equipo favorito era, precisaba, el Barcelona. "Siempre estaba jugando y pendiente de todos los niños. Con nosotros la pareja no tenía mucha relación, pero si me hubiera enterado de que le había hecho algo al niño no le habría dejado entrar nunca", recalcaba el camarero, que recibió la noticia a través de las redes sociales.

Igual de impactada se mostraba la empleada de un ultramarinos próximo a la vivienda en la que residía el pequeño. Ella fue, probablemente, la última persona que el lunes vio en el barrio al ahora detenido. "Entró sólo. Quería comprar chuches. Siempre parecía muy nervioso, inquieto y miraba hacia ambos lados, pero nunca vi ninguna actitud rara con el niño. Se comportaba bien con él", afirmaba.

También en la guardería a la que iba el menor, la jornada estuvo marcada por la tragedia, que afectó de un modo especial a su profesora, que según varios conocidos suyos "está destrozada". Ayer, hacia el mediodía, los rostros de los padres que acababan de recoger a sus hijos hablaban por sí solos. El dolor, y también la rabia, eran notorios incluso entre alumnos de otros colegios de la zona. Una de las progenitoras, quien aseguró haber estado llorando toda la mañana ante lo sucedido, explicó que ahora espera "el castigo máximo" para el responsable de la muerte de Alejandro, que fue el lunes por última vez a clase. "Basta ya de que los niños sean los que paguen. No tienen culpa de nada", se lamentó. La misma opinión compartía otra vecina, que pedía a los jueces que tengan "mano dura". Sobre el supuesto autor del fallecimiento del menor expresó "que era buenísimo y muy educado".

Una vez confirmada la muerte del pequeño, un dispositivo de psicólogos de emergencias, pertenecientes al Grupo de Intervención Psicológica en Catástrofes, fue activado con el objetivo de prestar atención y comunicar la tragedia a la progenitora.

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