Asaltan la iglesia de Lo Cea en Torre de Benagalbón y se llevan objetos litúrgicos

  • Los cacos no encontraron dinero, pero sí causaron algunos daños materiales

"Ni siquiera en Semana Santa respetan a la iglesia", lamentaba una vecina de Torre de Benagalbón tras descubrir que la pequeña capilla de Lo Cea había sido asaltada durante la madrugada del Lunes Santo. "No sé qué pensaban que podían robar cuando ya se sabe que aquí no tenemos nada", insistió la señora. De hecho, los ladrones no encontraron nada de dinero - que era lo que parece que buscaban -, aunque sí produjeron daños materiales. Según fuentes de la investigación, los hechos ocurrieron entre el Domingo de Ramos y la madrugada del Lunes Santo. Los asaltantes forzaron las puertas de la capilla y entraron en el despacho del sacerdote para buscar dinero en efectivo.

Al no encontrarlo, los ladrones decidieron llevarse el sagrario, el copón y el viril, tres objetos litúrgicos que contienen la ostia consagrada, el recipiente metálico destinado a reservar y distribuir la Eucaristía y la parte superior de la custodia donde se encierra la Sagrada Forma, respectivamente. A pesar de que son de metal y por tanto no tienen ningún valor económico, los ladrones decidieron llevárselos. Más tarde, los agentes de la Guardia Civil encargados de la investigación encontraron el sagrario destrozado en unos matorrales.

El sacerdote de Lo Cea puso de inmediato la correspondiente denuncia en el cuartel que tiene el Instituto Armado en Torre de Benagalbón. La capilla de Lo Cea se encuentra al final del Camino Viejo de Vélez. El Obispado, gracias a un convenio que ha firmado recientemente con el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria espera restaurarla e incluso están estudiando la posibilidad de construir un nuevo templo en Torre de Benagalbón.

No es la primera vez que una parroquia de Rincón sufre el asalto de los cacos. En diciembre de 2008, la iglesia de Rincón se quedó sin la colecta de sus feligreses porque unos ladrones la sustrajeron. También se llevaron parte de los pagos de la lotería de Navidad que vendía la parroquia. Entonces, como los asaltantes lograron su botín, no hubo daños materiales en la iglesia ni tampoco se sustrajeron imágenes u objetos de culto. Los ladrones accedieron desde el tejado del centro a una ventana y por allí se colaron hasta el despacho del párroco donde se guardaba el dinero.

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