El Astoria busca su secuela

  • El alcalde ha acabado por aceptar la posibilidad de acudir a un concurso de ideas para diseñar el futuro de este enclave ¿Por qué ahora y no en los orígenes de una aventura descabellada?

RECUERDA la hemeroteca que la primera película que se proyectó en el ya extinto cine Astoria fue My Fair Lady, un musical en el que la maravillosa Audrey Hepburn interpreta el papel de una joven vulgar, rescatada por un profesor de fonética de la aristocracia londinense que asume el reto de domesticar sus modales y transformar su presencia. Podría decirse que fue el destino el que hizo que el que pasó a ser uno de los referentes culturales del casco antiguo de Málaga fuese inaugurado con este título y no con cualquier otro contemporáneo.

Porque, salvando las distancias evidentes, esa misma labor de metamorfosis es la que parece estar buscando sin mucho éxito el alcalde, Francisco de la Torre, con tan emblemática manzana. De la ruina presente, del ajado aspecto exterior, del vacío e invisible uso de las construcciones, se quiere dar paso a no se sabe muy bien qué. El museo que ayer pensó el regidor fue sustituido al día siguiente por un mercado tipo San Miguel, en Madrid, sin que ninguna de estas opciones tenga hoy siquiera forma para ser desarrollada.

A diferencia de lo que ocurriera con Rex Harrison en el filme dirigido por George Cukor, la labor pedagógica de De la Torre cae en saco roto desde hace más de cuatro años, los transcurridos en el calendario desde que las arcas municipales desembolsaron 21 millones de euros (la mayor parte en suelos) para hacerse con un solar sobre el que, antes, se diseñaron viviendas de lujo. El callejón sin salida en el que se encuentra el regidor, incapaz de cumplir su promesa de dar alternativas reales y factibles para tan señero espacio, le ha llevado esta misma semana a sacarse de la manga una nueva ocurrencia.

Ocurrencia que, todo sea dicho, tendría todo el sentido si no aparentase ser un medio con el que ganar tiempo, con el que dejar pasar los meses hasta que sea posible intervenir sobre los antiguos cines. Ante la insistencia de los grupos de la oposición, incluido el lúcido arquitecto Carlos Hernández Pezzi, edil no adscrito, De la Torre acabó por aceptar la posibilidad de acudir a un concurso de ideas para diseñar el futuro de este enclave. ¿Por qué ahora y no en los orígenes de una aventura descabellada?

No hay más razón que el intento de camuflar el fracaso de la manida línea de colaboración público-privada a la que el alcalde acabó ligando el futuro de este proyecto, que, según lo conocido hasta el momento, no es ni público ni privado, ni cultural ni de ocio. Nadie sabe muy bien qué se quiere, empezando por el propio alcalde, al que no convence ni una sola de las propuestas privadas que vienen asomando la patita en los últimos años para lavar la cara a la manzana. Su prudencia, dicho sea de paso, parece razonable dados los antecedentes sufridos por el propio dirigente en Tabacalera, con Art Natura y el descalabro económico que, hasta la fecha, ha supuesto para el municipio.

El Astoria cerró sus puertas a finales de 2004. La venta de la parcela en la que se asentaba, junto con el Victoria, por unos 10 millones de euros, ponía la piqueta testimonial sobre dos de los cines históricos de la capital. Su clausura dio paso a varios años en los que ni los propietarios privados fueron capaces de mover una sola piedra.

El telón quedó finalmente echado con la proyección de Melinda y Melinda, película dirigida por Woody Allen. Seguro que, como este título, el director neoyorkino sería capaz de extraer al máximo el jugo de drama y risa que genera la historia de un antiguo cine que sigue buscando su destino.

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