Bata de cola para el Año de la Rata

  • Si el PP gana las próximas elecciones, todos los chinos que viven en Málaga y que ayer festejaron su Año Nuevo tendrán que adoptar las costumbres españolas l Quizá, entonces, los Cristos que venden en sus 'baratos' no sean ya de plástico, sino de bronce, como Dios manda l ¿Qué peña los acogerá?

Comentarios 1

HAY chinos en la Carretera de Cádiz, en Carranque, en Campanillas, en La Victoria. Mantienen una posición discreta y rara vez se les ve departiendo con vecinos aborígenes, pero los baratos y los veinte duros ya son suyos por derecho y su aportación a la economía malagueña es imprescindible. Ayer festejaron su particular Año Nuevo y dieron la bienvenida al Año de la Rata: se avecina temporada de prudencia y reflexión para garantizar la prosperidad y el desarrollo. La festividad, que apenas tuvo trascendencia en la vida cotidiana de la ciudad, tan ensimismada, casi coincidió con el singular anuncio de Mariano Rajoy en cuanto a la política sobre extranjería que aplicará si gana las elecciones: los inmigrantes que acrediten un año en paro tendrán que irse por donde vinieron y, en caso de que se queden, tendrán que hacer suyas las costumbres españolas. Viendo el establecimiento de los veinte duros que me pilla más cerca de casa, en Cristo de la Epidemia, se me vienen a la cabeza dos reflexiones, una por propuesta. Con respecto a la primera, una de dos: o Rajoy miente cuando afirma que la economía va mal (si cree que si ahora va mal y cuando gobierne él irá bien, de la noche a la mañana, es que nos toma por tontos), o desea sinceramente que todos los que tienen una lengua materna distinta al castellano vayan a buscar a sus abuelos, para no volver. Con respecto al segundo planteamiento, no sé si los chinos de mi calle tendrían que suspender su legítima celebración del Año Nuevo en la que despiden al cochino (ése es un signo zodiacal, y los demás son tonterías) en favor de la rata para comer uvas cada 31 de diciembre y gastarse el sueldo de un mes en un cotillón como en un atraco. No sé. Yo no estaría dispuesto. Vuelvo al barato de mi barrio y me fijo en las figuras de Cristos y Vírgenes que se exhiben a bajo precio en una repisa bastante alta, fabricados en goma, plástico o una resina industrial tóxica al gusto; si Rajoy gana, tendrán que venderlos de bronce, por mucho que los propietarios del local juren ser cristianos nestorianos. ¿Eso qué es?

De igual modo, tendrían que abandonar sus tallarines cocidos y acostumbrarse a la paella. ¿O quizá al bacalao a la vizcaína? ¿Es el pan tumaca una costumbre española? ¿Les convendría leer a Galdós en lugar de Gao Xingjian? Rajoy, quien ha insinuado que pondrá límites a la reagrupación familiar (no sé qué pensarán los obispos, igual esto sí les parece muy ético y favorable a la familia), no sabe que uno de mis platos favoritos es la ensaladilla malagueña: naranjas, bacalao (otra vez) y cebolleta y se me abren las entendederas como a Séneca. Y tampoco sabrá que el guiso es muy malagueño porque es de origen judío. Y que las costumbres españolas son cristianas, árabes, judías, americanas, orientales, gitanas y africanas. Y que no pasaría nada si el cerdo agridulce entrara a formar parte del orgullo patrio. A mis chinos no los toquen. Aviso.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios