Benalauría recrea la rebelión morisca

  • La representación congrega cada año a cientos de visitantes en una representación teatral que convierte a las calle de este municipio en un auténtico escenario de batalla entre moros y cristianos

Las tropas moras volvieron a tomar ayer por unas horas las calles de Benelauría como ya hicieran en 1501 cuando los mudéjares que quedaron en la península iniciaron una rebelión contra la corona de Castilla en zonas como la Serranía de Ronda, las sierras de Marbella o la Axarquía. El motivo fue un intento de conversión al cristianismo, cuando el pacto había sido el respetar su religión a aquellos que no ofrecieron una gran resistencia durante el avance cristiano durante al reconquista. La representación congrega cada año a cientos de visitantes que no quieren perderse la representación teatral, que convierte las blancas calles de este pequeño municipio en el escenario de una batalla donde participan buena parte de sus habitantes, divididos entre el bando moro que asedia la localidad y los cristianos que tratar de defenderla.

Durante las diferentes refriegas que se producen, los cristianos terminan cayendo en una emboscada y pierden a su preciado patrón, que queda secuestrado y por el que los moros piden un sustancioso rescate. En ese momento se suspende la representación hasta la tarde, un tiempo que aprovechan los abatidos cristianos para, entre copa y copa, ir recaudando entre los presentes el dinero que deben pagar por su patrón, algo que ocurrirá bien entrada la tarde, cuando una nueva batalla termine con la victoria cristiana y el sometimiento a los moros.

No falta de nada en la representación, donde ambos bandos acuden perfectamente ataviados con las ropas típicas de la época, a lo que acompañan las callejuelas del pueblo que todavía conversan reminiscencias árabes de Al-Andalus, lo que confiere a la representación un aire de credibilidad inigualable. A ello contribuye la pasión con la que los habitantes participan en la obra, recreando auténticas luchas entre ambos bandos donde no se escatiman fuerzas para tratar de derrotar al adversario. Finalmente, una vez concluida la representación, moros y cristianos abandonan sus armas y celebran juntos la feria, convirtiendo este evento en un alegato a la concordia entre las diferentes culturas dentro del respeto a todas las creencias.

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