demanda vecinal Los afectados piden la intervención de las administraciones

Carranque se agrieta

  • Vecinos de la barriada denuncian la existencia de rajas en sus casas · La Junta, que era propietaria de los pisos, dice que no puede ayudar porque no hay dinero

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En Carranque hay casas que se mueven; vecinos que conviven con el miedo a que el techo bajo el que se cobijan no aguante un día más, a que las paredes que sostienen su hogar acaben por romper su delicada solidez. Es el sufrimiento que decenas de residentes de esta tradicional barriada sienten desde hace años, cuando por vez primera contemplaron cómo las grietas empezaban a decorar sus pisos.

Las palabras apenas rozan la envergadura del escenario al que a diario se enfrentan. Frente a la sorpresa del nuevo espectador, ellos se muestran resignados. Calle Virgen de la Estrella, número 10, en el tercer tramo de escalera del edificio, una raja recorre el muro del inmueble; número 92 de la Avenida de Andalucía, en el piso de Carmen, el techo del dormitorio de su hijo está marcado por varios desconchones. "A mi hijo le han caído cascotes en la cabeza", explica la señora, que asegura que de noche "la casa cruje; me da susto, me da pánico; hasta que no muera alguien no harán nada", dice casi como una premonición.

Los primero problemas, según atestiguan los propios vecinos, se remontan a hace seis o siete años, cuando, al parecer, la Junta de Andalucía, como propietaria de la barriada (antiguos pisos sociales) impulsó obras de mejora en la zona. Los estudios geotécnicos de los que dicen disponer estos residentes apuntan a la existencia de una gran bolsa de agua en el subsuelo, lo que podría afectar de lleno a la estabilidad de parte de las edificaciones de la zona. "Cuando se seca la bolsa, las casas se mueven", de una afectada.

Miguel Rueda es presidente de una nueva asociación de vecinos de Carranque, colectivo que desde hace algunos meses trata de hacerse oír ante las administraciones. Aunque por el momento con escaso éxito parece escaso. Miguel eleva a más de un centenar el número de casas dañadas y cuenta que casi el 80% de los vecinos decidió comprar estas viviendas, antes protegidas, a la Junta, bajo el compromiso de la Administración regional de actuar para mejorar las condiciones de los inmuebles. "Nos sentimos estafados; los vecinos, hace siete años, realizaron una serie de obras pensando que con eso solucionaban lo de las grietas, pero aparecieron otra vez", añade.

Carmen compró su casa diez años atrás. Lo hizo a sabiendas de que la inversión a realizar sería importante dadas las condiciones en las que se encontraba, aunque por aquel entonces ignoraba que las grietas en su pared se iban a convertir en un habitante más. "Cuando me estaban poniendo los techos me di cuenta de que aparecían grietas; el albañil me decía que no sabía por qué era", expone. Pensando que todo podía deberse a las raíces de los árboles plantados junto a la fachada, se puso en contacto con la Gerencia de Urbanismo, cuyos técnicos optaron por abrir un expediente de ruina "porque había un problema estructural".

Tras contratar la elaboración de un estudio geotécnico, los resultados, lejos de tranquilizar, generaron desasosiego. "Bajaron hasta 20 metros de profundidad y observaron que a ese nivel lo que hay es una especie de arcilla que cuando está mojada es firme, pero cuando se seca tiende a moverse", indica. "En el invierno está tranquilo, pero cuando llega el verano se escuchan unos ruidos espantosos; yo he echado a correr y me he plantado en mitad de la calle porque pensaba que se caía la casa", dice.

Carmen, como otros muchos vecinos, retrata la convivencia con un contratiempo de enorme dimensión. "Hubo una época en la que llegaba obsesionada a casa; tenía un metro encima de la mesa y lo primero que hacía era medir la grieta; una noche recuerdo que me acosté sin una y al día siguiente me levante con ella", sentencia.

La respuesta por parte de la Administración autonómica es nula. El delegado provincia de Obras Públicas, Enrique Benítez, alude directamente a la escasez de fondos para no poder ayudar a los vecinos afectados. "Aquello no es nuestro, es como si arreglo una carretera que no es nuestra", explica el responsable autonómico, que recuerda que esta barriada llegó a manos de la Junta cuando se produjo el traspaso de competencias del Gobierno a la autonomía.

Según precisa, para solventar estos problemas "habría que liberar una partida extraordinaria, ya que sería una obra de emergencia, pero no tenemos disponibilidad". Benítez admite que varios técnicos de su departamento acudieron hace más de un año a la zona para conocer la situación, concluyendo la necesidad de ejecutar un micropilotaje "que saldría muy caro". Obras Públicas, recordó, impulsó la rehabilitación de muchas de estas viviendas hace unos seis años. Las palabras del delegado difícilmente consuelan a Lola, que vive junto a su madre en el bloque 10 de Virgen de la Estrella. Cada día que sube las escaleras para ir a su casa es testigo de una raja en la pared que, conforme se suben gana en dimensión. A través de ella entra la luz del exterior.

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