Carroña a la carta para los buitres

  • La falta de alimento en el campo obliga a la Junta a alimentar diariamente a estas aves

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No hay animal muerto que se les resista porque son capaces de divisarlos a más de 3.000 metros de altura y hasta varios kilómetros de distancia. Pero cada vez les resulta más difícil encontrar la carroña para su sustento. El mal de las vacas locas sigue haciendo mella en las aves carroñeras después de que la Unión Europea prohibiera en 2003 a los ganaderos dejar a los animales muertos en el campo y al obligarles a incinerarlos. Desde entonces la Junta de Andalucía mantiene una red de comederos especiales para garantizar su alimentación, aunque hay algunos expertos que advierten de que la falta de comida está provocando cambios en el comportamiento de estas aves que intentan saciar su hambre atacando al ganado o acudiendo a los vertederos urbanos.

Los cientos de buitres leonados que habitan en los montes malagueños no tienen ese problema y no hay ni un solo día que les falte carroña con la que alimentarse. Un operario de la Delegación Provincial de Medio Ambiente se encarga de que así sea y cada día recorre varias granjas de la provincia -que cumplen con todos los requisitos sanitarios que establece la ley- para recoger el sobrante de animales muertos que no pueden utilizar y que constituyen el alimento perfecto para estas aves.

Salvador se levanta muy temprano cada día para hacer su trabajo y aprovisionar de alimentos a los cinco comederos que hay distribuidos en la provincia. Hoy toca dar de comer a los buitres de la Serranía de Ronda, donde se concentra una de las mayores poblaciones de la provincia.

Con ayuda de su camión, acude a primera hora a buscar la comida a una granja de cerdos de la comarca que colabora con la Consejería de Medio Ambiente desde hace varios años en esta tarea. Aunque a veces son muchos los particulares que llaman ofreciendo un caballo o un burro muerto.

En esta ocasión el menú del día será abundante porque entre los restos de animales cedidos por la granja hay una cerda de enormes dimensiones.

Cuando Salvador llega al comedero de Ronda sobre el mediodía ya hay cerca de 300 buitres revoloteando, como si lo estuvieran esperando. Pero en cuanto ven aparecer el vehículo huyen en bandada hasta asegurarse de que no supone ningún peligro y que están solos para poder bajar a comer.

"Son muy desconfiados aunque a mí ya me conocen y saben que vengo a traerles comida", cuenta este operario mientras con una azada trocea parte de la carne para facilitarles el trabajo a los buitres. Las medidas higiénico-sanitarias para poder desempeñar este trabajo son muy estrictas. Solamente puede manipular la carroña ataviado con mono y guantes especiales para evitar la transmisión de cualquier enfermedad y siempre que termina de descargar los animales muertos del vehículo tiene que desinfectarlo a fondo.

Una vez completado este proceso, todo está listo para que dé comienzo el festín. Al principio ninguno se atreve a acercarse, aunque tímidamente empiezan a sobrevolar el comedero unos cuantos ejemplares que en cuestión de minutos se cuentan por cientos.

Esta vez han tardado más de la cuenta en decidirse, según Salvador, porque saben que tienen visita. Pero al final el hambre les puede y la mayoría acaba uniéndose al banquete.

La historia de este comedero es la más especial de los cinco que la Junta mantiene abiertos en la provincia. Pertenece a la red andaluza desde 2003, pero ya existía mucho antes. Es el único que se encuentra en el interior de una finca privada, propiedad de un matrimonio holandés desde hace más de 20 años.

Esta familia se dio cuenta de la enorme población de buitres que había en la zona un día hace ya dos décadas cuando una vaca del ganado que criaban en su finca se murió. No tardó en aparecer un numeroso grupo de estas aves carroñeras al oler el animal muerto.

El amor que siente esta pareja por la naturaleza y su deseo de protegerla hicieron que desde entonces no les haya faltado ni un sólo día la comida a los buitres que anidan en los alrededores. Con ayuda de dos colectivos ecologistas, Silvema y Asociación para la Defensa de la Naturaleza, los han alimentado durante todo este tiempo con los restos de animales muertos que las granjas y particulares de la zona les cedían gratuitamente y que transportaban hasta la finca con la ayuda de una grúa municipal.

Fue una dura labor que hace cuatro años reconoció la Consejería de Medio Ambiente incorporando este comedero a la red andaluza, de la que también forman parte Sedella, Casares, Antequera y Ardales, y que ha dado muy buenos resultados.

Hoy en día son casi un centenar las parejas reproductoras de buitres leonados distribuidas por la provincia, donde hay siete colonias de crías. Pero en la época de invierno, su número puede llegar incluso a superar los 800 ejemplares.

El Gobierno está preocupado por la conservación de esta especie debido a la falta de alimento y ha pedido a la Unión Europea que haga alguna excepción en el caso español. Enfermedades recientes como la lengua azul no contribuyen a mejorar la situación de un ave que tanto bien en el control de epidemias ha desempeñado a lo largo de la historia en nuestros campos.

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