Ciudad Jardín, el proyecto maldito

  • Cinco años después del cierre y tras un intento de retomar la obra, Salud desiste de reformar el edificio

La idea de reformar el Hospital de Ciudad Jardín fue desde sus comienzos un proyecto maldito. El centro sanitario -dependiente del Carlos Haya- se cerró en julio de 2002 para la mejora integral de sus instalaciones. Los enfermos, en su mayoría terminales y ancianos, fueron trasladados al Civil. Al mismo tiempo, las obras se adjudicaban a una empresa por 430.000 euros. Poco tiempo después de que se iniciaran los trabajos, empezaron los problemas. La adjudicataria del proyecto pidió una ampliación presupuestaria. El entonces gerente del complejo, Francisco José Juan, concedió a la constructora un 20 por ciento más de la inversión inicial previsto.

Sin embargo, aquel sobrecoste no zanjó las exigencias de la empresa que más tarde esgrimió que el inmueble tenía vicios ocultos en la estructura. La constructora reclamó más dinero y paró la obra. La gerencia ordenó entonces una auditoría para conocer si realmente existían esas deficiencias edilicias o si la empresa había incurrido en responsabilidad penal al dejar el trabajo a medias.

Aunque aquel informe concluyó que esos vicios ocultos existían, el gerente liquidó el contrato con la adjudicataria. Y vuelta a empezar. El trámite administrativo tuvo que comenzar otra vez. Se hizo el diseño de la reforma, pero la obra no volvió a adjudicarse. Cinco años después de su cierre provisional, llega la confirmación de que éste será definitivo.

Hasta principios de año hubo contactos incluso entre el SAS y Cruz Roja -la propietaria del inmueble- para tratar de sacar el proyecto del bloqueo en el que estaba sumido. Pero los esfuerzos resultaron infructuosos. La Administración sanitaria tenía cedido el edificio desde diciembre de 1995 hasta finales de 2020. Si invertía en la reforma, quería tener la certeza de que no sólo podría utilizarlo diez años después de la reforma, sino mucho más tiempo. Siempre ha habido hermetismo en torno a este asunto, pero los hechos demuestran que el SAS y la entidad benéfica no han alcanzado un acuerdo.

Y en medio, la población que asiste a una pérdida constante de camas. En 1995, cuando el hospital de se integró en el SAS tenía 110 plazas. Más tarde, cuando una parte del edificio se destinó al centro de salud de Ciudad Jardín su capacidad se redujo a 55 y con el traslado al Civil a unas 30. Tras el cierre en 2002, el proyecto de reforma elevó las camas previstas a 90.

Algunos trabajadores interpretaban ayer con escepticismo el anuncio de la consejera: "Si se anula el proyecto de Ciudad Jardín, prácticamente no hay aumento de camas ninguno porque lo que hacen es que lo que iban a invertir allí, lo destinan a un hospital nuevo". Más allá del dato numérico de las camas, apuntaban un enfoque cualitativo. Cruz Roja fue siempre un hospital orientado a enfermos geriátricos y paliativos. Si se desecha ese proyecto, habrá que prever cómo garantizar su correcta asistencia en el resto de los centros; un trabajo nada fácil -insisten- si se tiene en cuenta el progresivo envejecimiento de la población.

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