Cola Cao o arroz y 'kimchi' para desayunar

  • Los estudiantes asiáticos destacan la calidez humana y la extroversión que viven en Málaga · Los malagueños, el carácter trabajador y concienzudo de los coreanos

Hyomin Park, de 20 años, llegó hace apenas dos semanas a Málaga. Habla un español fluido que aprendió de pequeña en Honduras y ahora pule en el Centro de Español para Extranjeros de la UMA. Pero está preocupada. No sabe si su manejo del idioma será suficiente para hacer los trabajos y exámenes universitarios. "Es un reto para mí". Cursa Lengua y Literatura Inglesa y tiene por delante un año de estudio en una ciudad de la que sólo sabía antes lo que le habían contado sus amigos españoles que habían recalado en la Universidad de Incheon. Por eso se muestra perpleja porque en vez de sol y playa la ha recibido un frío gélido, aunque no tenga nada que ver con los diez grados bajo cero de su tierra. Lo primero que le ha sorprendido en Málaga es "todo el papeleo" de la matrícula. Después, el empeño en despachar una comida con un simple bocadillo. En Corea los menús del desayuno, el almuerzo y la cena incluyen el mismo tipo de comida. Nada de comenzar el día con un Cola Cao y una tostada.

Lo que no le ha sorprendido es el carácter extrovertido de los españoles. "Es impresionante", confiesa. "Me hace mucha ilusión que mis vecinos me saluden cuando nos encontramos. En Corea eso no es normal". También le habían contado que en España algunos alumnos estudian duro, "pero no todos". "En Corea es al revés. Todos trabajan mucho, son muy competitivos y para sobresalir hay que estudiar muchísimo. No hay vida", resume.

Jae Seung Lee ya sabe lo que es vivir en Málaga. Desde febrero del año pasado es alumno de esta universidad. En unos días regresará a Corea pero su objetivo es volver en cuanto termine sus estudios de Comercio. "Quiero buscar trabajo y quedarme aquí. No importa que la economía vaya mal". Sus razones para planear su futuro en Málaga están claras: "Si me quedo en Corea tengo que entrar en competición y eso no me gusta" Antes de venir sólo sabía de España "cosas del fútbol". Ahora está encantado. "Antes pensaba que los españoles eran fríos, pero he visto que son muy amables, muy abiertos y siempre quieren ayudar", cuenta en un español cortesía de sus amigos, porque cuando llegó sólo sabía decir "hola, soy coreano" y se ha resistido a recibir clases formales de castellano. Todo lo que sabe es porque lo ha aprendido de la gente que le ha rodeado. "Grababa a mis amigos y después les pedía que me explicaran lo que no entendía", explica.

Cree que su estancia en Málaga ha servido para "hacerlo adulto", ayudarle a superar "la timidez" y a desmentir algunos tópicos "La gente piensa que a los asiáticos sólo nos gusta estudiar y trabajar, pero no es verdad. También nos gusta la fiesta". Esta afirmación no es óbice para que también reconozca que el sistema de trabajo del universitario coreano no tiene nada que ver con el malagueño. "Allí si estás en la biblioteca estudiando y te da sueño duermes unos minutos sobre la mesa. Aquí, en cambio, te vas a casa a descansar".

No obstante, de lo que habla con más pasión es de las relaciones familiares en Málaga. Las Navidades las pasó con sus compañeros de piso y sus familias y habla con sorpresa del cariño y la proximidad con la que se tratan. "En Corea no puedes tratar de esa forma a un hermano de tus padres. Todo es mucho más serio".

Cristina Lobato vive la misma experiencia pero desde el otro lado del espejo. Ella estudia en la Universidad de Incheon. Ahora disfruta de las vacaciones de invierno, pero el 1 de marzo comenzará su segundo semestre. Licenciada en Periodismo, es beneficiaria de una beca que le permite seguir en esta universidad asiática clases de su titulación y aprender coreano, una lengua que ya comenzó a estudiar en Málaga para satisfacer su afición por la música y el cine de ese país.

Reconoce que, efectivamente, los estudiantes coreanos son infinitamente más trabajadores y competitivos que los malagueños. Allí, por ejemplo, es normal que se hagan ranking de buenas notas y en el aula a los mejores. Nadie falta a las clases que comienzan a las 9:00 y concluyen a las 18:00, pero después también las hay nocturnas para los alumnos que estén interesados. Lo que todavía le sorprende es la comida. "Me gusta. Es picante, siempre incluye arroz y kimchi, que es col china fermentada con verduras. Lo extraño es que también se toma para desayunar y todavía no me acostumbro a comenzar el día con una sopa y un pescado".

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