"La Costa del Sol no se puede permitir despreciar al turismo de clase media"

  • Luis Callejón advierte que el sector turístico local está cayendo en la monotonía y afirma que son los propios empresarios los que han acabado con el turismo en invierno

La Costa del Sol no ha sido un fenómeno turístico mundial desde tiempos inmemoriales. Hace 50 años nadie la conocía. Torremolinos, Marbella, Benalmádena... eran pueblos pesqueros en los que no había hoteles de categoría. Si acaso alguna pensión para foráneos. Un grupo de personas vieron las posibilidades turísticas de esta zona y decidieron jugársela a todo o nada, recorriendo toda Europa y buscando turistas hasta debajo de las piedras. Luis Callejón es una de esas personas que crearon la Costa del Sol como destino, trabajando desde pinche de cocina hasta director de los hoteles más prestigiosos. Es una enciclopedia turística andante y, sobre todo, uno de sus principales protagonistas. Simpático y con una memoria prodigiosa, no obstante, dice que aún le queda mucho por aprender y, por eso, siempre lleva un signo de interrogación como insignia en su chaqueta.

-Lleva cinco décadas trabajando en el sector turístico en Málaga, ¿cómo lo lleva?

-Sí, empecé muy joven en el sector (se ríe). Comencé haciendo prácticas por las tardes en Granada en el hotel Meliá Ganivet en 1958, mientras que por las mañanas hacía el Servicio Militar. En 1959 me licencié y en junio se inauguró el hotel Pez Espada en Torremolinos. Tuve que decidir entre hacer carrera militar o dedicarme al turismo, y vi que podía tener más futuro profesional en este último. Me entrevisté con el director del Pez Espada, Felipe de Gunten, y entré como aprendiz de cocina.

-El Pez Espada fue pionero en la Costa del Sol.

-Fue la punta de lanza de la hotelería de aquel momento. Vinieron los mejores profesionales de España.

-Y usted fue prosperando.

-El director me hizo una entrevista y le dije que no tenía ninguna experiencia, pero todas las ganas. Empecé en la cocina, luego pasé a administración como ayudante de intervención y a los seis meses decidió que fuera el interventor general. Por las tardes, cuando acababa en la oficina me ponía el uniforme de camarero y trabajaba en el restaurante o en el bar para practicar, porque pensaba que para dirigir un hotel había que conocer todas las facetas. Estaba desde las 9:00 hasta las 00:00 y la gente me decía que me estaban explotando, pero la verdad es que yo disfrutaba mucho con el trabajo. Yo era el que me aprovechaba de la empresa porque aprendí en tres años lo que normalmente hubiera aprendido en siete. Fui también el encargado de organizar fiestas, que siempre estaban llenas y que los touroperadores vendían como paquete. Nos inventamos de todo (se ríe), desde vestir a burros de flamenco a tirarnos huevos crudos. La Costa del Sol ha sido pionera en muchas iniciativas y una de ellas era la organización de fiestas.

-De ahí saltó a otro hotel.

-Me fui a Marbella, al hotel Skal en 1962, que era un aparhotel con 330 suites. No había hasta ese momento ninguna experiencia en España para captar a 1.000 personas y además cada habitación tenía un propietario. Yo iba como controller de gestión y aquello era un follón, aunque fuimos el hotel más famoso en el mercado inglés. Recuerdo que el Gobierno británico no permitió en aquella época a sus ciudadanos sacar más de 50 libras del país, por lo que los turistas llevaban ese dinero en la cartera y otras 500 escondidas en los calcetines. En aquel momento los británicos representaban el 60% del turismo de la Costa del Sol.

-¿Fue una época convulsa desde el punto de vista económico?

-La mayoría de crisis que ha tenido la Costa del Sol han sido por motivos económicos y en aquellas fechas también nos afectó la crisis del petróleo y las continuas depreciaciones o revalorizaciones de la peseta, que nos perjudicaban o beneficiaban según el caso.

-Usted participó en unas de las primeras promociones de la Costa del Sol en Europa.

-Sí, fui uno de los jurásicos (se ríe). Entre varios tuvimos que convencer al asesor espiritual, don Rodrigo Bocanegra, el arcipreste de Marbella y confesor de Carmen Polo, para hacer esa promoción que era la primera que se hacía de España en el extranjero. Estuvimos un mes yendo por toda Europa. En aquella época, mediados de los años 60, muy poca gente apostaba por el turismo. Incluso un gran profesor de la Universidad de Málaga decía que el turismo en la Costa del Sol no tenía futuro y que era sólo una acción pasajera. El gobernador civil de la época también decía que prefería ver a Málaga llena de chimeneas que de camas. Le propusimos hacer esta campaña por Europa al delegado de Iberia y no nos hizo ni caso. Afortunadamente, la línea aérea belga Sabena sí nos atendió y la promoción fue un éxito. Todas las oficinas de turismo de Europa pusieron un mes entero carteles de Marbella y Torremolinos y hasta hicimos una película de presentación en inglés, español y francés. Íbamos con la lata a todos sitios.

-Y Marbella cogió fama.

-Nunca se sabe por qué un destino turístico sube. Llegó mucha gente conocida pero también quiero destacar que hicimos una buena promoción. Marbella atrajo a personas de gran poder adquisitivo, pero nuestra aspiración era traer a ciudadanos de clase media.

-¿Cree que la Costa del Sol ha hecho bien en atraer a un turismo de masas?

-Yo pienso que sí. Todo el tipo de turismo es importante. Se dice que el turismo de calidad es el de alto poder adquisitivo y eso no es verdad. Hay ricos que no tienen ninguna calidad humana. Los turistas que tienen mucho dinero se vienen a sus mansiones y gastan muy poco. La Costa del Sol no puede despreciar al turismo de clase media. No seamos necios. ¿Por qué hay que promocionar sólo los hoteles de cuatro o cinco estrellas? ¿Es que las pensiones o los hoteles de una estrella o dos son pestosos? ¿Es que los puestos de trabajo que crea un hotel de cinco estrellas son más importantes que los que crea uno de dos? Lo que interesa es mantener los empleos.

-¿Cree que hay que diversificar?

-Málaga está en una situación privilegiada. No sólo tenemos playa, sino que además estamos muy cerca de destinos culturales muy conocidos como Granada, Sevilla o Córdoba y a sólo media hora de África. En los años 60 logramos convencer hasta a los estadounidenses y se programaron varios vuelos semanales con una semana de estancia.

-¿Cuáles son los mercados por los que hay que apostar?

-Creo que hay que entrar en China. Dicen que a los chinos no les gusta el sol y la playa pero hay que tener en cuenta que son 1.300 millones de habitantes y que hay de todo. La Costa del Sol además tiene muchas más cosas que ofrecer. En menos de cinco años China va a estar a la cabeza del turismo emisor y receptor en el mundo.

-¿Y en el resto?

-A mí que la televisión andaluza me diga cada 10 minutos en un anuncio que Andalucía me quiere no me sirve de nada. Ya lo sé. Lo importante sería que todos los telediarios de Europa dijeran, en pleno invierno, que hoy, por ejemplo, en la Costa del Sol están a 24 grados. Escuchar eso cuando se está a tres grados bajo cero en Alemania o Finlandia te produce morbo.

-¿Qué le parece que ahora se quiera crecer con el turismo cultural en Málaga?

-El turismo cultural es importante como complemento pero no como eje. Con las nuevas tecnologías que hay, cualquier turista europeo puede ver en el televisor plano de 42 pulgadas de su casa un DVD sobre la Catedral de Málaga o Burgos y observarla mejor que en la propia catedral. En el vídeo puedo ver hasta los nidos de las golondrinas. ¿En qué mando puedo tener el clima que hay en Málaga? En la tele no me puedo bañar en ese mar tan maravilloso que estoy viendo en la pantalla. Para eso hay que venir aquí. Dicen que el turismo de sol y playa está caduco pero eso no es verdad, aunque sí habría que darle más complementos. Si todo fuera cultura, ¿por qué no va nadie a los aeropuertos de Sevilla o Córdoba? El imán para atraer turistas es el sol y la playa, guste o no.

-Sí, pero los hoteleros se quejan de que en invierno están vacíos.

-La Costa del Sol nació como destino de invierno, no nos engañemos, para los jubilados extranjeros que se quedaban aquí. Ahora, sin embargo, en invierno cierran todos los chiringuitos, se quitan las hamacas... No faltan turistas porque en Canarias están llenos en invierno. Hemos sido nosotros mismos los que hemos hecho que la Costa del Sol sea de temporada. Nos hemos instalado en la monotonía y eso es un peligro. Hemos hecho promoción para mantener al mercado británico o alemán, pero hemos perdido a los escandinavos que eran nuestro primer pilar. ¿Estamos haciendo algo allí? Tenemos muchas estadísticas de lo que opinan los que vienen, pero no tenemos ninguna de lo que opinan los que no vienen, que sería las que nos ayudarían.

-¿Qué opina del turismo residencial?

-Desde 1959 vengo escuchando decir a la gente que se quería jubilar en Málaga. Muchos de esos han venido en vuelos de bajo coste y, en épocas de alta temporada, hacen que salte la luz o que haya natas en el mar porque cuando todo el mundo tira de la cadena no hay depuradora que aguante. No creo que éste último sea un problema de las Administraciones porque los presupuestos se hacen en función de la población censada, cuando la real es muy superior.

-Usted dirige desde hace años el Palacio de Congresos de Torremolinos, ¿qué le parece que ahora casi todos los municipios grandes quieran tener un Palacio de Congresos?

-No me preocupa que se hagan más Palacios en la Costa del Sol como tampoco importa que se hagan más campos de golf. Eso enriquece el destino. Lo que pasa es que hay que saber hacerlo. No entiendo por qué la Costa del Sol tiene cuatro Palacios de Congresos y ninguno de ellos tiene capacidad para recibir un congreso de 2.000 personas. ¿En qué cabeza cabe?

-¿Cree que habría que hacer un megapalacio?

-No, pero sí habría que ampliar los ya existentes porque el turista de congresos el que más gasta, por encima incluso del que juega al golf. Los hoteles han cubierto una primera fase para hacer congresos pequeños y medianos, pero ahora hay que dar un paso más en los Palacios para atraer grandes congresos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios