DELITOS TECNOLÓGICOSDe pesca en la red

  • Los policías investigan delitos propios de la era de internet, que hasta hace poco más de un mes ni aparecían en el Código Penal

Las estafas por internet, la pornografía infantil, la extorsión a través de redes sociales o el envío masivo de correos electrónicos para obtener las claves de una cuenta bancaria son algunas de las modalidades delictivas que más se han incrementado en los últimos años. Obviamente, su aumento viene derivado de la evolución de la sociedad hacia un uso masivo de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, que se han extendido todavía más gracias a los teléfonos móviles de nueva generación. Conductas que hace cinco años ni siquiera podían darse, hoy son consideradas delito. De luchar contra ello se encarga el Grupo de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional. En muchas ocasiones los sospechosos son hackers que viven en otros países, lo que obliga a la colaboración internacional con otras policías. Esto se hace siempre a través de Interpol. La reforma del Código Penal, que entró en vigor el 1 de julio, ha endurecido las penas para los delitos relacionados con internet y las nuevas tecnologías. Desde el mes pasado, difundir una fotografía o un vídeo erótico sin el consentimiento de la persona que aparece en él, por ejemplo, está considerado un delito y condenado con penas privativas de libertad. Lo que viene a continuación es un compendio de los casos más comunes con los que se enfrentan los agentes del Grupo de Delitos Tecnológico.

Son demasiado frecuentes los casos de pornografía infantil, que han aumentado en los últimos años. En este supuesto no sólo está penada la grabación y difusión de vídeos de contenido pedófilo, sino también la mera posesión. Si estos archivos se descargan desde sistemas de intercambio de archivos p2p (peer to peer), entre los que el eMule sigue siendo uno de los más extendidos, también se considera que se están difundiendo puesto que se está compartiendo el archivo con otros usuarios de la red.

La Policía tiene marcadas miles de imágenes de pornografía infantil, para que, en el momento en que un pedófilo se las descargue de internet, pueda conocerse la dirección IP del ordenador desde el que se ha descargado. Es la Dirección General de la Policía en Madrid la que se encarga, periódicamente, de organizar macrorredadas contra la pornografía infantil en la red. Se distribuyen a las distintas comisarías las IP de las que se han descargado las imágenes y son los grupos especializados en ciberdelincuencia los que se encargan de detener a los pedófilos.

Consiste en el envío masivo de correos electrónicos para obtener una información con la que permitan apropiarse de una cantidad de dinero. Generalmente se trata de e-mails que simulan ser de un banco y en ellos se pide al usuario que actualice su nombre de usuario y contraseña, para lo cual suelen aportar un enlace. Cuando la persona que recibe el correo pica ahí, no se está haciendo clic en la página del banco, sino en una creada por un ciberdelincuente para obtener la contraseña de una cuenta bancaria y poder operar libremente con ella.

En un principio este tipo de correos eran bastante burdos y era relativamente fácil detectar que la web que aparecía no era la original del banco en cuestión. Pero con el tiempo se han ido sofisticando. El término phishing deriva del inglés fish (pesca). El espíritu de este delito es precisamente ese, el de pescar. Por eso se envían cientos de miles de correos electrónicos. Generalmente el porcentaje de personas que caen en la estafa es muy bajo, pero siempre será rentable para los delincuentes.

Una vez que obtienen esta información, los delincuentes suelen captar a los llamados muleros, es decir, personas que les sirven para enviar fuera de España el dinero sustraído a la primera víctima. Suelen hacerlo enviando de nuevo miles de correos electrónicos ofreciendo dinero por pasar una cantidad de una cuenta a la suya y hacer una transferencia internacional. Estos muleros suelen ser reclutados en páginas de búsqueda de empleo. Siempre tratan de captar a personas desesperadas, que llevan varios años intentando encontrar un trabajo. De la huella dejada en las páginas de búsqueda de empleo se aprovechan también los ciberdelincuentes. Los mensajes para captar a las víctimas suelen incluir frases con cierta premura, advirtiendo al receptor de que debe decidirse en 24 ó 48 horas, para así incitarle a clicar en el enlace al banco en cuestión o al enlace a su cuenta de correo electrónico.

Para evitar ser víctima del phishing, los especialistas en Delitos Tecnológicos de la Policía recomiendan no introducir nunca la clave bancaria ni ninguna otra información confidencial en una página a la que se acceda desde un correo electrónico, sino hacerlo siempre desde la página web del banco, que es recomendable tenerla en la carpeta de favoritos. Igualmente, también ha de desconfiarse de quien ofrece una cantidad de dinero por no hacer nada más que una transferencia bancaria o simplemente mantener dinero en una cuenta a la espera de ser traspasado a otra.

Una variante mucho más compleja del phishing es el pharming (cuyo nombre viene de granja, farm en inglés), en el que ya hay un ataque a unos servidores, por lo que es mucho más infrecuente, pero también mucho más difícil de detectar. En estos casos, mediante suplantación de correos electrónicos o páginas web, el hacker intenta obtener información confidencial de los usuarios, casi siempre números de tarjetas de crédito y contraseñas.

Internet es un campo abierto a las estafas. Las más frecuentes son en la venta de coches y artículos tecnológicos o el alquiler de casas para el periodo vacacional. Los estafadores siempre buscan saber que la víctima tiene el dinero, y eso lo hacen indicándoles que dejen una señal o que hagan un pago a través de sistemas internacionales de envío de dinero, como Western Union o MoneyGram. Siempre que en un correo electrónico se indique un pago a través de esta fórmula hay que, por lo menos, desconfiar.

Las comunicaciones siempre son por correo electrónico. En el caso de los coches, se ha estafado a bastante gente asegurando que tenían un vehículo en Europa y que lo traían hasta Andalucía, siempre y cuando los compradores enviaran dinero por Western Union. En España hace falta el DNI para poder cobrar estos envíos, pero en otros países es posible hacerlo simplemente con el número de localizador de la operación. Todas las variantes de este fraude suelen pasar porque el coche está en el extranjero.

También son numerosas las estafas en la venta de teléfonos móviles, últimamente sobre todo iPhone 6 y Samsung S6. Estos teléfonos se ofrecen a precios algo más bajos de los que tienen en el mercado -no a precios irrisorios- para que así el comprador tampoco desconfíe. Y en verano son muy frecuentes los timos relacionados con las vacaciones, tanto en la contratación de viajes como en el alquiler de casas o pisos en la playa.

Aquí los hackers captan a sus vítimas en redes sociales de encuentros o de contactos, aunque también se han dado casos en Facebook. Generalmente se hacen pasar por una mujer que contacta con la víctima, que suele ser hombre, y le ofrecen mantener una videoconferencia por skype. Allí el hombre ve a una mujer que se desnuda y le pide que lo haga, aunque en realidad es un vídeo tomado de alguna página en la que haya actrices delante de una webcam. Al final, el usuario suele terminar masturbándose ante el ordenador y está siendo grabado por quien está al otro lado de la videoconferencia.

Después le mandará las imágenes y le extorsionará. Le dirá que las publicará en su muro de Facebook o las distribuirá en las redes sociales si no le ingresa una cantidad de dinero, generalmente asumible para la víctima. Es habitual que estas cifras ronden los 500 euros. Los afectados terminan pagando para evitar el deshonor que puede suponerles la difusión de esas imágenes a través de internet.

Cada vez están siendo más habituales este tipo de conductas. La práctica de fotografiarse desnudo se ha convertido en algo muy extendido entre los adolescentes. El problema viene cuando esa foto se reenvía a un novio o novia, se rompe la relación, y el despechado la distribuye. Desde el 1 de julio, la difusión de este tipo de contenidos está considerada delito. De esto se han dado bastantes casos, donde varias jóvenes (suelen ser las chicas las más afectadas) han tenido que cambiarse de colegio o instituto.

Los agentes de Delitos Tecnológicos ofrecen charlas en los centros de enseñanza para concienciar a los jóvenes de la importancia de este asunto. En ellas, siempre les advierte de que, una vez que mandan una foto, han perdido para siempre el control sobre esta imagen. El nuevo Código Penal no sólo contempla penas para quien distribuyó el vídeo, sino también para los que lo han recibido y reenviado, siempre y cuando sean conscientes de que se está difundiendo sin el consentimiento de la víctima. Otra práctica habitual entre adolescentes es dejar el número de teléfono de un amigo en una página de contactos, para que le molesten continuamente pidiéndole sexo. Esto ya no sería tanto sexting, sino una modalidad de acoso.

Esta práctica consiste en que un adulto se hace pasar por un menor para contactar con otros menores a través de las redes sociales, y enviarle o solicitarle fotografías de menores de contenido sexual. En algunos casos, esto ha derivado en encuentros con menores y en abusos sexuales.

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