"Decidí crear Luces harta de escuchar por ahí que en Málaga no se leía"

  • Desde su atalaya de la Alameda, la impulsora de la mayor librería de la ciudad reflexiona sobre la crisis económica, la posición y las posibilidades de la capital como agente cultural y la condición de género

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Pilar Villasana fundó la librería Luces en la Alameda junto a un equipo de entusiastas hace seis años. Pero su trayectoria en el sector viene de mucho más atrás: esta mujer de maneras amables, familiar y de abrumador poso intelectual es un verdadero tótem nacional como delegada editorial para sellos como Tusquets y Siruela (a cuyos orígenes contribuyó de manera decisiva) y también en el ámbito de la distribución. Hoy, su sabiduría y experiencia son reclamadas por libreros y editores de todo el país, y Luces es un establecimiento referente en su género en toda España como modelo de gestión comercial del libro. Su próximo reto es la inauguración de la sede que la librería tendrá en la nueva terminal del aeropuerto, con una apuesta muy definida y a la vez atrevida por rompedora: sólo se venderán libros de bolsillo y la mitad de los fondos estarán en inglés.

-¿Cómo ve la crisis económica una librera, de lleno o desde la barrera?

-La crisis la vemos en Luces como algo que nos toca de lleno, porque ha coincidido con la apertura de nuevas librerías en la ciudad. Eso es algo bueno porque así se venden más libros, pero por otra parte nos obliga a competir y a esforzarnos más. No obstante, también entiendo que la crisis ha hecho que quienes leemos habitualmente leamos más cada día. La gente que necesita leer como comer va a leer más en tiempos de crisis en la medida en que va a preferir desprenderse de otros hábitos a la hora de ajustarse. Ese tipo de ventas no baja en periodos de crisis, incluso llega a aumentar. Donde sí se ha notado más la situación es en la venta de best sellers, que aunque no nos define también la necesitamos. Se notó especialmente en la pasada Navidad. Lo mismo ocurre con el libro ocasional, el del lector que no lee habitualmente; éste sí va a privarse del libro porque preferirá mantener otros gastos, o decidirá no ir a una librería porque haga mal tiempo. La lluvia, en este sentido, nos ha hecho más daño que la crisis.

-¿Hay en Málaga suficientes lectores habituales como para mantener un negocio como Luces?

-Los hay. Si das un vistazo ahora mismo a la clientela, comprobarás que al menos el 40% de la misma es habitual. Siempre encuentro caras conocidas, gente que compra libros por necesidad, ya sea una necesidad técnica y profesional, que se satisface mediante los libros llamados prácticos, o una necesidad literaria, que satisfacen las novelas, los libros de poesía y los ensayos. Creo que nos hemos ganado el cariño de mucha gente porque desde el principio hemos hecho las cosas de una manera distinta, próxima. El lema que escogimos ya en nuestro inauguración, Los libros más cerca, define bien nuestro estilo.

-¿Por qué una profesional de su posición y experiencia decidió apostar por Málaga?

-Cuando trabajaba como distribuidora mayorista, ya animaba a mis clientes libreros para que abrieran una librería en el centro de Málaga. No entendía por qué todas las grandes ciudades españolas tenían al menos una gran librería en su centro menos Málaga. Muchos me decían que en Málaga no se leía, y harta de escuchar eso me decidí a crear Luces. Por supuesto que en Málaga se ha leído, y se lee; lo que ocurre es que al libro hay que ponerle una bandeja atractiva, hay que saber ofrecerlo bien.

-¿Y ha satisfecho Málaga sus aspiraciones?

-Málaga sí, seguro. Estoy empeñada en defenderlo. Han sido demasiados años, insisto, escuchando que todo el mundo leía más que nosotros, y el tiempo ha demostrado una realidad muy distinta. En el caso de Luces, en seis años nos hemos convertido en una librería referente en España, y eso no habría podido ocurrir si los lectores no hubiesen respondido como lo han hecho.

-¿En qué medida ser mujer ha supuesto un obstáculo para su trayectoria profesional?

-Lo ha supuesto ante determinadas personas a la hora de querer ser jefa de mi negocio y de representar a grandes editoriales. En las reuniones de los delegados y distribuidores que se hacían hace treinta años a nivel nacional yo era la única mujer presente. Y había recelos, claro. Un jefe de unos grandes almacenes iba por ahí acusándome de quitar el pan a un padre de familia, de tener a mi cargo hasta empleados. Entonces no podía tener ni la tarjeta de El Corte Inglés, y tuve que decir que era soltera para abrirme una cuenta en la Caja de Ahorros de Antequera, cuando no lo era.

-¿Tuvo problemas con los editores a los que representaba?

-No, con los editores he tenido siempre buena relación, y he trabajado con los mejores. Cuando empecé ya había mujeres editoras, y de hecho muchas de las grandes editoriales están actualmente dirigidas por mujeres. También en el ámbito comercial se ha normalizado mucho la situación. Los problemas venían con los bancos, y con algunos libreros. En Málaga, Juan Cepas, de la librería Ibérica, era el único que me ayudaba. Fue muy generoso conmigo a pesar de que profesábamos ideologías diametralmente opuestas.

-¿Cuál es su posición como librera frente al desarrollo del libro electrónico? ¿Cree que se producirá un cambio de paradigma, tal y como vienen anunciando algunos?

-No a corto plazo. Se están intentado crear plataformas, hay varios soportes y parece que hay un movimiento importante que ha venido de la mano de otros formatos digitales para diversos contenidos culturales, pero existe un leve matiz: un libro no es una canción. La rapidez de la descarga inmediata tiene un sentido muy distinto para un elemento y otro. Es cierto que hay muchos soportes, pero también hay que admitir que el formato papel sigue siendo el más eficaz para leer. En esto de la tecnología conviene aplicar la Navaja de Ockham: entre dos posibilidades para llegar a un mismo resultado, siempre es preferible optar por la más sencilla. Pero, de cualquier forma, vamos a estar ahí: venderemos libros electrónicos y descargas si nos toca venderlas. En el ámbito tecnológico, y a nivel nacional, hemos sido una librería pionera en la adopción de los últimos sistemas de gestión. Hemos invertido mucho en tecnología y lo seguiremos haciendo.

-¿Considera, con vistas a la candidatura de Málaga a la Capitalidad Cultural de Europa en 2016, que la ciudad tiene suficiente peso específico en cuanto a la cultura?

-Lo que sí sé con seguridad es que Málaga tiene una red envidiable de librerías. Y eso significa mucho, en el sentido de que es reflejo de una tradición, porque, paradójicamente, en Málaga ha habido librerías muy señeras. La ciudad tiene una relación histórica con la literatura muy significativa, basta recordar su categoría de capital impresora para la Generación del 27, y creo que eso no se ha sabido aprovechar, no se ha sabido dar una imagen positiva de Málaga en este sentido. Y lo cierto es que, si vinculamos la cultura al libro, Málaga tiene una posición privilegiada, en Andalucía y en toda España. Hay un argumento muy poderoso del que, hasta el momento, no están echando mano, y me parece que ahí los responsables de dirigir la candidatura para 2016 se están mostrando poco hábiles. Espero que lo hagan, porque hay muchas posibilidades y desde luego considero un error desvincular al libro de cualquier proyecto cultural.

-Usted formó parte del Partido Comunista y contribuyó a la distribución de libros prohibidos en la clandestinidad. ¿Mantiene en la actualidad el oficio de librero algún cariz político?

-No, ya no. Es cierto que hace años y durante bastante tiempo sí lo fue, sencillamente porque vendíamos libros prohibidos y había que jugarse el pellejo. Yo llegaba a guardarlos debajo de mi cama, y cuando cualquiera llamaba a la puerta sin que yo lo esperara me echaba a temblar. Era muy arriesgado y sí, entonces el oficio tenía un tono político. Pero ahora no, en absoluto. Hacer bien tu trabajo no depende para nada de una determinada filiación política. El reto es otro. Se trata de hacer un proselitismo distinto: un proselitismo de la belleza.

-Por cierto, recomiende un libro.

-Pues recomendaría Fin, la novela de David Monteagudo que acaba de publicar Acantilado. Me gustó mucho. Actualmente estoy leyendo Ragtime, de Doctorow.

-¿Alguna vez ha recomendado un libro que no le haya gustado?

-Nunca. En Luces está absolutamente prohibido recomendar un libro que no haya gustado o que no se haya leído. De ninguna manera se puede engañar el cliente. Por eso procuramos estar al tanto y compartir lecturas. Es apasionante.

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